Sociales

Feliz Día de la Madre

Una mamá autosustentable

20|10|19 10:04 hs.

Elena se entretiene con las hormigas que tantos dolores de cabeza le generan a su mamá porque impiden que arranque la huerta. Simón se esfuerza para poner más envoltorios de caramelos en la botella plástica que el día de mañana será un eco-ladrillo de una de las paredes del baño de su casa. Mientras Rocío fracciona miel a la espera de alguno de sus clientes.


La escena se da en el terreno que está a metros del Puente Faraónico, sobre la avenida Aníbal Ponce, y en donde está situada la casa de barro que desde hace varios meses habitan Rocío y sus dos hijos y en la que la convivencia con la naturaleza está obligada. 

“Siempre me gustó todo lo relacionado a la sustentabilidad y con la necesidad de vivir en armonía con el ambiente. Por eso decidí hacer la casa con esta técnica, y también para trasmitir que es posible, que es económico y que funciona”, cuenta Rocío, que a los 27 años y luego de algunos años de residencia en Necochea, ya está decididamente radicada en Tres Arroyos. 

La casa empezó a construirla con su ex pareja cuando estaba embarazada de Simón, y la terminó en el invierno ya viviendo sola y con la ayuda de algunos amigos. La semana pasada les festejó el primer cumpleaños a sus dos chicos en el nuevo hogar: Elena cumplió cuatro y Simón dos con pocos días de diferencia.

El inicio 
La casa de barro podría decirse que es la base de la historia que quiere escribir Rocío en su terreno de Aníbal Ponce. Porque alrededor de la vivienda, la profesora de hockey tiene planificado construir su refugio para criar a sus dos hijos en armonía con el ambiente. “Empecé a armar la huerta, pero las hormigas me la están haciendo complicada. He plantado varios árboles, porque lo que quiero es generar una especie de bosquecito, y después también tener frutales para elaborar dulces para consumir y para vender”, cuenta. 

“La idea es que acá el día de mañana haya una huerta, un bosque, frutales, que quede un espacio lindo como para que la casa sea autosustentable y no haya que salir a trabajar para vivir. Que todo lo generemos acá”, agrega. 

Claro que el mayor incentivo que tiene el plan de Rocío es poder darles una crianza en armonía con el ambiente a sus hijos. “En la medida de lo posible una trata de inculcarles eso, aunque es cierto que ellos después harán lo que quieran”, dice. Aunque aclara: “Pero ya hay señales: comen un caramelo y el papelito lo tiran adentro de la botella. Elena tiene cuatro años y ya sabe que los papeles no hay que tirarlos al piso sino que se tienen que usar para el eco-ladrillo. 

Y si va por la calle y ve que alguien tira basura al piso y le dice: ‘sucio no tirés papeles en la calle’”. Rocío ha entendido que a las nuevas generaciones “nos está tocando arreglar lo que han hecho las generaciones pasadas. De haber consumido tanto, de haber tirado tanta basura, de haber generado tanto plástico. Nosotros vamos a tener que buscar otra alternativa para vivir mejor y que nuestros hijos y nuestros nietos también puedan hacerlo. Porque si seguimos así van a recibir un planeta arruinado”. 



Y agrega: “Yo ese concepto se los quiero inculcar a ellos, darles las herramientas para que puedan vivir en armonía con el ambiente”. 

Madre presente 
Además de la sustentabilidad y del cuidado del medioambiente, hay otro factor de peso en la planificación del refugio de Rocío. Pensar su terreno y su casa también como el lugar donde generar los recursos para vivir tiene que ver con sus ganas de pasar mucho tiempo junto a sus hijos, al menos en la etapa de la niñez.

“Lo más importante para mí es criarlos a ellos. Son chiquitos y necesitan a la mamá, y yo quiero estar. He trabajado cuidando chicos y sé que sufren un montón cuando los padres no están por muchas horas. Y no quiero que ellos pasen eso. Por eso también elegí hacer esto, los quiero criar yo”, asegura mientras ofrece budín de coco y banana elaborado con harina integral, sin huevo ni leche. “Es una alternativa para gente que no consume lo que es derivado de la vaca”, explica. 

Hoy por hoy Rocío invierte el mayor tiempo de su día en la crianza de sus chicos. Genera plata comprando baldes de miel que fracciona para vender, y ahora sumará también la venta de nueces. También hace budines por encargue, y tiempo atrás elaboró milanesas integrales de semillas. “Con eso me he venido solventando, más las asignaciones por hijo y la tarjeta verde del supermercado”, agrega. 

Diversidad 
Construir una casa de barro y generar un ambiente amigable con el medio fue una apuesta que le trajo voces de apoyo pero también críticas. “Está claro que todo esto a algunos les pareció bien y a otros no. Mi abuelo, por ejemplo, cuando vino a ver la casa le gustó, y se quedó viéndome trabajar”, cuenta. 

“Hay muchos que pasan en bici o con el auto, que yo ni los conozco, y me gritan ‘qué bueno te está quedando’. Te tiran buena onda. Y yo también dejo que esa buena onda entre. Lo otro, la mirada crítica, no me interesa. El que piensa que está bien va a venir y va a preguntar, va a querer aprender cómo es la técnica para hacer la casa de barro. Y el que no se va a quedar con eso, con que es algo diferente y está mal”, dice. 

“En definitiva se trata de aceptar a los demás, es la diversidad de pensamientos”, completa. 

Hace un par de semanas, en un sábado de sol y cálido, Rocío les celebró el cumpleaños a Elena y Simón. Si bien, está dicho, por ahora el terreno lo que tiene palpable es la casa de barro, ella pudo proyectar cómo se imagina su propiedad dentro de una década. “Me imagino esto arbolado, con la huerta a pleno, los frutales, y los chicos ya adolescentes, viviendo en armonía con el ambiente”, dice mirando el futuro. 

Nadie puede negarle la posibilidad de soñar. Las bases del proyecto ya están echadas.  



Construir una casa de barro con tus propias manos

Un albañil que cada tanto le va a comprar miel, cuando Rocío estaba en plena construcción de su casa de barro, se le acercó y le dijo que lo que estaba haciendo era una obra de arte, que seguramente en el futuro va a tener un montón de trabajo levantando otras viviendas iguales a la de ella. La emprendedora no se hace cargo del elogio, pero así asegura que puede ser una solución para mucha gente que no tiene casa. 

“Hacerte una casa de barro es mucho más económico, y además es una construcción sustentable, que contamina menos y en la que podés usar menos energía”, asegura Rocío, que empezó a levantar su casa hace dos años, con su ex pareja, y la terminó -en una primera etapa- con sus propias manos y ayuda de amigos en el invierno. 



La casa de barro es parte de su plan de vida. La primera casa que vio del estilo fue hace unos cinco años, cuando estuvo viviendo en Necochea. “En Villa del Deportista hay muchas viviendas así. Ahí aprendí la técnica y la apliqué acá. Aunque para construir mi casa tuve que adaptar el método a esta zona. Por ejemplo, por el viento que hay, las botellas de plástico que cumplen la función de los ladrillos, van a costadas y no paradas porque acá necesitás paredes más gruesas”, explica. 

El barro es como el revoque grueso, en el corto plazo, Rocío le hará el “fino” con arcilla. El material utilizado es barro, bosta, paja y arena. A eso se le agrega algunas botellas plásticas y los llamados eco ladrillos, que son también botellas plásticas pero llenas de papeles y residuos plásticos. 

En cuanto al techo, es una técnica que “se llama techo vivo”. Rocío indica que “tiene tres capas de silobolsa, y arriba lleva tierra, con un drenaje que se hace con distintos grosores de piedras. Y sobre eso van plantas. Así que en futuro voy a tener plantas en el techo que absorben el agua de las lluvias para que no sea tan pesado”. 

Como se le vino el invierno encima, una porción de una de las paredes la tuvo que hacer de material. Y lo otro que será de cemento son los cimientos del baño que está terminando de construir con la ayuda de unos amigos que son albañiles. “Pero las paredes van a ser de barro”, aclara. Y si de futuro se trata, también está planificado levantar una habitación. “Yo la diseñé. Puse la puerta al norte y el baño al sur. El sol a la mañana me da en la cocina y a la tarde donde será el living –hoy está la cama- cuando tenga la habitación. Entonces se aprovecha bien el calor del sol”, explica Rocío. 

“Se trata de construir una casa que sea lo más sustentable posible, y así usar menos calefacción y electricidad. Además de reutilizar botellas y plásticos en su construcción”, completa.