Interés General

Nelson Durante

Malvinas, la Tierra de Fe

13|10|19 17:31 hs.

Por Valentina Pereyra


Soy Nelson Leonel Durante, para muchos tal vez un desconocido, para los patriotas del Cónclave Maipú un amigo, un hacedor, el investigador que busca como ellos, la verdad. Para otros, el hombre que sale en las noticias cada vez que revela algo nuevo e inédito sobre Malvinas. 

La tira de cuero de la mochila que cargo atraviesa de lado a lado mi buzo, pero no dejo que tape las islas que llevo bordadas en el pecho. Espero el micro que me va a dejar cerca de una de las imprentas en las que armo el libro. En el trayecto pasamos por varias librerías que me recuerdan aquel encuentro casual con esas tres cartas inéditas de 1767, que acreditan la soberanía argentina en las islas Malvinas y que cambiaron mi vida. 

Hace unos meses viajamos con mi amigo mendocino, Antonio Manrique, a Europa. Cómo imaginar que en la Biblioteca Cardenal Richelieu de París íbamos a tocar el original del mapa de Malvinas confeccionado hace casi 500 años. La magia saltó entre los dedos cuando posamos nuestras manos en ese pedacito de soberanía. 

La decisión de hacer el viaje la tomamos un 25 de mayo del año pasado, fue un acuerdo que sellamos en la casa “El Ajustrel”. Sabíamos que había información que podría demostrar nuestra soberanía sobre las islas del Atlántico Sur en Francia, Portugal, Turquía, Italia, en siete ciudades de España; así que en enero concretamos la aventura. Toda la logística la llevó adelante el Cónclave de Maipú, voluntades de patriotas que conforman exclusivamente hombres mendocinos que aportaron el dinero para toda la investigación en Buenos Aires, Santiago de Chile, Montevideo, no sólo pagando los viajes, también los libros, permisos, derechos, impresiones, una operatoria por demás costosa. Ellos dispusieron que la investigación intelectual corriera a mi cargo y lo comercial - por así decirlo- por su cuenta. 


Uno de los mapas de gran valor histórico que logró obtener Nelson Durante en su investigación


Tenemos el mismo objetivo que nos une y fortalece: ver flamear el pabellón argentino definitivamente en Malvinas, ésa es la meta y estamos decididos a conocer la verdad. 

La frenada brusca del colectivo desconcentra mis pensamientos. Miro y me doy cuenta que faltan algunas paradas todavía, me acomodo en el asiento que comparto con una señora que reparó en mi buzo, pero no dijo nada. Acaricio el bolso que yace sobre mis piernas y contiene en sus entrañas nuestros sueños, nuestra argentinidad y las aventuras de tantos hombres de ciencia, navegantes, desahuciados, escritores, artistas. Mi mente sobrevuela las tierras heladas de las Islas. Abro la boca de mi bolso y toco el mapa de Malvinas de 1520, el del descubrimiento. 

La verdad es que llevar adelante esta empresa fue bastante difícil, por eso pedí asesoramiento a profesionales de áreas como cartografía, derecho internacional, para no cometer ningún error. 

En enero salimos de Ezeiza muertos de calor y llegamos al invierno parisino derecho a la Biblioteca Nacional -la segunda más importante del mundo- adonde tuvimos serios inconvenientes. Sin dudas, alguien estaba también atrás de esto que intercedía para que no pudiéramos llegar a los documentos. No fue fácil recabar tanto material. 

Enfrentamos la puerta de ingreso y consultamos al encargado del archivo. Solicité la información, tenía el número de legajo, de folio, caja… Todo. El hombrecito gris que nos atendió hizo un par de movimientos extraños sobre el teclado de su computadora y sin modificar en ningún momento el tono uniforme de su voz nos dijo que lo que buscábamos se había extraviado. Insistí, tenía el dato cierto, le dije que sabía por alguien que trabajaba allí que la documentación estaba en ese archivo. El pequeño parisino de guardapolvo azul levantó la vista por encima de sus bifocales mientras sus manos bailaban de letra en letra sobre el teclado. Al rato nos informó que esa caja debía estar en otro archivo, entonces partimos hacia la Biblioteca Richelieu, posible refugio de tan trascendental material. Pero pasó lo mismo, nos dijeron que no teníamos nada que hacer ahí. No nos amedrentamos, por lo que solicitamos que continuarán la búsqueda. De pronto apareció el mapa y los siete folios en una carpeta distinta a la que conocíamos en el sistema informático del archivo. 


Nelson Durante en la casa de Abel Morresi y su hijo Martín, revisando el informe. Ambos integran el Cónclave Maipú, junto a otros patriotas mendocinos


Lo que vimos fue una reseña romántica, heroica e histórica de lo que sucedió cuando descubrieron las Malvinas: el mapa y siete folios que contenían la crónica escrita por Andrés de San Martín, piloto-cosmógrafo en jefe de la Armada del Maluco, la flota comandada por Fernando de Magallanes. Fue discípulo de Américo Vespucio, en cuyo trabajo se basó para llegar a las Islas a través de las coordenadas que le dio su maestro y antecesor. En esos escritos manifestó la supuesta existencia de hombres gigantes que habitaron el centro de las islas Malvinas, aunque no describió animales ni vida alguna. 

Hace unos meses se supo que el relieve que dibujó el cartógrafo y cosmógrafo De San Martín son bancos de algas que existen en la actualidad, por lo que seguro caminó las islas. No hay error mínimo para afirmar que las Islas Malvinas fueron descubiertas por los españoles. 

Magallanes sale en 1519 de Sevilla para buscar un paso entre los océanos. El 1º de abril de 1520 se subleva en el Puerto San Julián una de las naves de su expedición, la San Antonio, el mismo día que se celebra por primera vez, misa en territorio argentino. Los navegantes malcomían, tenían carencias de todo tipo, tanto que se alimentaban de sus propias botas que echaban al mar con una piola para que se ablanden y poder así comerlas. 

Hay cantidad de material, en España apareció el relato de la primera batalla en Malvinas un 10 de junio de 1770 entre el reino español e Inglaterra, por la que expulsan a los británicos que se rindieron y reconocieron el derecho de España sobre las islas. Tenemos otros escritos que cuentan cómo regresaron las naves de la expedición de Magallanes a España, cómo fueron tratados los sublevados. Encontramos 120 tratados y convenciones entre países en los que se reconoce la soberanía, además de una promesa secreta, un compromiso que contraen en 1774 los cancilleres de España y de Inglaterra -que no cumple nunca porque se someten siempre al derecho de la fuerza y no de la ley-. Más de cien documentos y mapas nuevos que se desconocían. 

Cuando nos repusimos de la emoción por todo lo que leíamos en el archivo parisino, sacamos fotos sin flash y luego solicitamos permiso para el estudio de los documentos. Lo mismo hicimos en el archivo de Madrid, en Cádiz, Sevilla, en Montevideo, donde las instituciones los otorgan y de ese modo autorizan su publicación, difusión y estudio. 

Antes de pensar en diagramar y mandar a imprimir en cinco lugares diferentes el libro para resguardar el material y mantener hasta el final la confidencialidad, lo estudiaron cartógrafos que afirmaron el valor de los mapas, de las crónicas, además dijeron que no hay error y que son irrefutables, algo que reconocen también los ingleses. 


El material que fue entregado a Manuel García Moritán, con los colores nacionales presentes


Hubo tres 2 de abril que surcaron la historia de Malvinas: la sublevación del San Antonio ocurrió en esa fecha de 1520, un 2 de abril de 1777 las Islas pasaron por primera vez a total derecho de España y un 2 de abril de 1982, las recuperamos. El 2 de abril tiene con Malvinas un triple sentido, no tengo dudas. 

Bajo del micro, dejo las diferentes copias en cada una de las imprentas seleccionadas para la edición y vuelvo a casa para esperar su nacimiento. 

El 4 de octubre llevamos el libro a Nueva York, un trabajo que entregamos como una mini obra de arte desde el cuidado de su presentación, las carátulas y la portada del artista argentino radicado en Europa, Helmut Ditsch, que hizo un mar en el que simbolizamos que las Islas están ahí detrás y nos esperan. 

Son 600 hojas, mapas que se amplían hasta un metro, escritos detallados en 50 apartados, crónicas de la historia, un ensamble entre lo jurídico, el arte y la literatura. 

Este libro es una patriada, una hazaña de un grupo de argentinos que aportaron tanto a la Patria en pos de la verdad, un texto que recorre desde lo romántico a lo heroico. Como autor intelectual tengo la intención de difundirlo en universidades, colegios, instituciones, embajadas (si es que la Cancillería lo considera un aporte fundamental). 

Después de analizar tanto material puedo afirmar que más allá del conflicto y derramamiento de sangre es la Tierra de Fe, TF –como digo yo- las mismas siglas que Tierra del Fuego. 

La tarea nuestra seguirá en la segunda y definitiva fase final que es hacer flamear nuestra bandera en Malvinas.