Opinión

Editorial

Octubre

06|10|19 16:20 hs.

Tiempo nublado, parafraseando al libro de Octavio Paz (1914-1998) editado por Seix Barral en el año 1983, parece ser el que se avecina por algunos meses en la política y en la economía Argentina. 


El 11 de agosto, las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), desnudaron la fragilidad congénita del sistema político argentino, que poco puede, quiere, o tiene capacidad, para solucionar los graves problemas estructurales de la economía de nuestro país. Ese domingo a la noche, un resultado sorpresivo para el microclima político-mediático, pero nada sorprendente para la cada vez más exigua economía de las familias, golpeó de lleno en los rostros marketineros de la denominada nueva dirigencia, anclada en sus sueños de “política online”. 

Del otro lado, hubo satisfacción y alguna declaración imprudente, con algunos destellos del pasado. Ambas sensaciones, rápidamente fueron licuadas, al igual que la moneda nacional, por una nueva devaluación. Ni unos ni otros, son inocentes del resultado social de políticas económicas sobre la población de nuestro país. Si de herencias convencionales se tratara, aquellas en las que se involucran familiares, abogados y otras cosas, los habitantes de esta Nación seríamos ricos. Pero no sería el caso. Ese día, quedó nuevamente claro que la aventura de gobernar la Argentina necesita de algo más que votos, mucho más que vociferaciones imprudentes, pero sí, de algunos acuerdos básicos. 

“La aventura de gobernar la Argentina necesita de algo más que votos, mucho más que vociferaciones imprudentes, pero sí, de algunos acuerdos básicos”


La apática e insulsa campaña que estamos viviendo refleja a una sociedad poco entusiasmada con sus dirigentes, acerca de los cuales no sabe qué piensan de los temas relevantes que cualquier sociedad democrática se plantea. No sólo en política y economía, tampoco en materia de derechos, deporte, educación o cultura. La sociedad vota con gran desconocimiento, basada más en intuiciones, que en un sistema de ideas al cual referenciarse. Los políticos, por otro lado, actúan reactivamente, respondiendo a temáticas que la sociedad le propone fuera de “agenda”, demandas espontáneas, resultados de “focus group” o deseos de distracción. Un aspecto más que ejemplifica la fractura real entre la política y aquellos que esta dice representar. La economía real refleja dramáticamente esta situación recurrente.

La medida del fracaso argentino debe encontrarse, en términos del desaparecido intelectual Oscar Terán, en la distancia entre lo que creemos ser como sociedad y lo que en realidad somos. Distancia que las crisis deberían acortar, pero que el maleficio argentino se empaca en no dejar visualizar. 

En esta línea de razonamiento, desconocer la construcción consistente, progresiva y espeluznante de una “Argentina de dos tercios”, debería despertar la fuerza genuina de una sociedad que supo históricamente lograr cosas importantes y hacer brotar de su enorme, variada y potencialmente rica geografía, lo mejor de sí. 

Mientras tanto, octubre transcurre con la inercia indolente del caminante que todavía no descubrió el calzado apropiado para la faena que le toca afrontar.