La Ciudad

Ignacio y Agustín

Los Barrionuevo ganan el partido más importante

29|09|19 10:07 hs.

- ¿Les gustaría jugar juntos? 

- Sí, lo hemos hablado. Estaría bueno. Pero para eso tendríamos que estar en el mismo club. En realidad, él tendría venir a Argentino porque yo no me voy a ir. 

Ignacio es el que responde rápido la pregunta y la termina con una sonrisa. Agustín lo mira y también se ríe. No lo dice, pero con el gesto da a entender que no está en sus planes irse de Colegiales, por más que como buen Barrionuevo sus orígenes fueron en el Bicho. 

Los colores pesan para los hermanos Barrionuevo, porque sus clubes fueron fundamentales para superar momentos complicados de sus vidas y fue donde encontraron contención y el ámbito apropiado para complementar el apoyo familiar y crecer en todo sentido. 


Sergio Alarcón rodeado por Nacho y Agustín. El técnico de las inferiores de Argentino fue quien los ubicó a los dos como volante central


Los dos se criaron futbolísticamente en Argentino y, con 10 años de diferencia, tuvieron el mismo formador: Sergio Alarcón. El fue quien les vio pasta de volante central a ambos, y los ubicó en esa posición. “Está claro que no me equivoqué”, dice el técnico mientras posa para la foto con los dos hermanos. El promotor de la charla entre los Barrionuevo y LA VOZ DEL PUEBLO, en el otro Alarcón, el Pato, quien en un momento difícil de la vida de Nacho tuvo un papel preponderante. 

“Son dos buenos pibes, son dos ejemplos de que se pueden superar cosas muy feas”, asegura el Pato con su pasión característica. 

En mayo de 2005 la tragedia golpeó la puerta de la casa de los Barrionuevo y torció los destinos de los ocho hermanos para siempre. Luego de cometer el femicidio de su esposa, el papá se suicidó. Nacho tenía 13 años, Agustín 3.

Bahía Blanca 
Nacho era amigo del hijo del Pato y con el paso de los días encontró en la casa de los Alarcón una especie de segundo hogar. El combo lo completaba Sergio en Argentino, guiándolo y darle también contención en el club. En noviembre de 2005, Ignacio superó una prueba en Liniers Bahía Blanca y empezó a jugar en la séptima del club de Bahía Blanca.

En lo deportivo fue una experiencia positiva, ganó dos campeonatos y supo transformarse en una pieza clave del equipo. En lo personal fue una vivencia sanadora. “A mí me hizo bien irme a Bahía, salir de Tres Arroyos después de lo que había pasado”, cuenta. 

Los primeros meses se iba los miércoles y volvía los domingos, y dormía en una pensión. Hasta que se hizo amigo de Jeremías Mariño, quien empezó a invitarlo a la casa, hasta que los padres le propusieron que se mudara con ellos. Quedarse allá posibilitó que siguiera la escuela, aunque el estudio no era lo suyo. La relación con la familia Mariño continúa y Jeremías hoy es uno de los mejores amigos de Nacho. 

“Me hubiera gustado quedarme por lo menos un año más en Bahía, me gustaba mucho vivir allá. Pero no se dio. Fue una experiencia fabulosa”, cuenta Ignacio. 

Al regresar a Tres Arroyos, siempre por la gestión de los Alarcón, Nacho fue a probarse a Racing y a Argentinos Juniors. En la Academia no le fue bien, en el club de la Paternal, sí. “Me dijeron que vuelva, pero por un tema de plata no pude volver a ir”, explica. 

Entonces, siguió acumulando trayectoria en la liga local. Pasó por Recreativo Echegoyen y por Claromecó, para luego recalar en Argentino y ya no moverse. 

Colegiales 
Hasta los 10 años Agustín jugó en Argentino y bajo las órdenes de Sergio. Después de perder a sus padres, su hermano mayor, Roberto, quedó a cargo de su tutela, y cuando éste decidió mudarse al barrio Colegiales, el cambio incluyó también al club “Me quedaba muy lejos ir a Argentino, por eso empecé a jugar en Colegiales”, cuenta Agustín. 

La llegada al nuevo barrio y nuevo club, motivó que generara nuevas relaciones y amigos, entre ellos se destaca el vínculo que logró con la familia Mainini. “A mí con ellos me pasó un poco lo que le pasó a Nacho con el Pato Alarcón. Me invitaban mucho a la casa, me llevaban de vacaciones… Fueron muy importantes”, resume Agustín. 

A los 16 años el Pili Julián lo hizo debutar en Primera, y luego se terminó afirmando en el equipo. El buen nivel lo motivó a animarse a probar suerte a un club de Buenos Aires. “A fines del año pasado me fui a Lanús gracias a una prueba que me consiguió Armando Mondelo. Estuve una semana, pero no me fue bien. Cuando volví, viajé a probarme a Olimpo de Bahía Blanca. Ahí me fue bien, pero el club no me podía pagar la pensión y yo tampoco tenía plata para quedarme allá”. 

Gracias fútbol 
Los hermanos Barrionuevo muestran mucha humildad, y sobre todo, mucho agradecimiento con sus hermanos y con la gente que los apoyaron en distintos momentos. En el caso de Nacho, reconoce que la pelota también fue fundamental. “El futbol ayudó mucho a contenernos y a pasar la situación. Creo que sin el fútbol y sin las personas que tenía cerca en aquellos años, no sé qué hubiera pasado. El dolor por lo que pasó te queda, pero es como que los que te rodean te ayudan a alivianarlo. Los compañeros del club también ayudaron a eso”, dice. 

“Y mis hermanos también ayudaron bastante, ellos eran mayores y tuvieron que madurar de golpe. Y a los más chicos nos ayudaron a salir”, agrega. 

En el caso de Agustín, el fútbol también tiene un marcado protagonismo. “Me gusta, y me gusta mucho entrenar. Salgo del colegio y vengo directo al club. No falto nunca, porque si no entrenás, no podés jugar. Y también te ayuda a tener una vida ordenada”, cuenta. 

Agustín termina el secundario este año y su idea es hacer el profesorado de educación física. “Mi sueño es jugar en primera, acá en la liga local y me gustaría llegar más lejos: jugar un torneo Federal, salir campeón… Pero también sé que tengo que estudiar para mi futuro”. 


Los siete varones Barrionuevo en un festejo familiar. En la foto falta la hermana menor


Lo de Nacho no era el estudio, así que de la mano de un amigo que le dio el fútbol, el Pitu, empezó a trabajar de zinguero. “El me enseñó el oficio y trabajamos juntos. Aunque ahora no hay mucho movimiento”, cuenta Ignacio, que es papá de una nena. 

Y antes de que se termine la charla, Agustín aporta un lindo dato: “Una vez nos enfrentamos, fue cuando yo debuté en Tercera. Entré los últimos cinco minutos. Les ganamos 2 a 1”. Nacho lo mira con una sonrisa. No hacen falta más palabras. Los hermanos Barrionuevo les dan un abrazo afectuoso a los hermanos Alarcón y se van. Faltaba poco para la hora del entrenamiento, y ninguno de los dos quería llegar tarde.  



Premio al esfuerzo para Nacho 

Nacho Barrionuevo fue reconocido en la Fiesta del Deporte de 2006 por haber logrado el título con la séptima de Liniers de Bahía Blanca. El volante central criado futbolísticamente en Argentino había emigrado con 14 años, luego de haber perdido a sus padres, y al año siguiente se consagraba campeón. Ignacio jugó dos años más en Bahía y luego regresó a Tres Arroyos.