FIBA

Deportes

Argentina logró el pasaje a la final del Mundial

Cómo no ilusionarse

14|09|19 11:06 hs.

Por Horacio Arbasetti

Sí, así de sencillo. Porque después del partido del martes contra Serbia y el de ayer frente a Francia hay más que motivos. 

Porque el básquet ha hecho esto. Que por un rato nos olvidemos del precio del dólar, de lo difícil que es llegar a fin de mes y de la cantidad de problemas que en esta Argentina parecen un karma que nunca termina. 

Por eso seguro que ayer muchos se hicieron un ratito para mirar a la selección de básquet. Y ni que hablar los que sienten a la naranja como la de gajos del fútbol. 

Porque el básquet como el rugby son diferentes. Acá no valen la avivada de tirarse dentro del área para que te cobren penal, el reclamarle una mano al juez o el que escuchamos muchas veces de la hinchada –y ayer también se oyó- que “el domingo cueste lo que cueste… el domingo tenemos que ganar”. Porque aquí existen tres jueces que controlan y como en el rugby el TMO o el VAR “existe” y es implacable. Sino que lo cuenten los tres jueces que los “fueron” por no ver lo que pasó entre Francia y Lituania en el último segundo o recurrir a la tecnología los sacaron del torneo –a pesar de que no se modificó el resultado y los galos ganaron-. 

El básquet es un deporte de puro contacto en el que a veces los que no sabemos mucho de esto –y me incluyo- terminamos diciendo: ¿qué cobró? 

Pero lo de ayer creo que superó todo. Un equipo que es eso, “un equipo” y en este deporte se podrán destacar muchos, Campazzo, Scola, Laprovittola o Vildoza, pero es un juego que se realiza en equipo. Y la muestra la tuvo ayer que Francia durante casi todo el juego se manejó con arrestos individuales y llegó hasta ahí. Enfrente tuvo un equipo, eso que muchas veces reclamamos del fútbol o aún de nuestros políticos. Acá Messi o Maradona no te salvan. Acá si no tenés un Delía, un Garino, un Deck, un Brussino, un Fjellerup, un Gallizzi o un Caffaro no te salva nadie, porque se juega “en equipo”. Y estos tipos además demuestran en la cancha que aparte de serlo son amigos y que “el jefe” adentro es Scola pero ahí nomás, en la línea, está el hacedor de esto que dejó de ser milagro: Sergio Hernández. 

Por eso ayer volví a prepararme el mate más temprano, a encerrarme en casa, a gritar como un loco o a emocionarme con el abrazo final entre Scola y Ginóbili. 

Porque este lungo de 39 años se “internó” durante un tiempo en su campo para entrenarse y lograr que “un viejo” sea el conductor de este verdadero equipo. Después podrán aparecer los Campazzo con su virtuosismo y locura en el manejo, los arranques en velocidad y traslación de Laprovittola o los triples que te sacan de partido de Vildoza. Pero para esto se debe contar con los “obreros”, esos que se fajan debajo del aro, los que se tiran de cabeza para recuperar una pelota, cortan la jugada o simplemente alientan como Redivo. 

El básquet es eso: un deporte que se juega en conjunto y por eso desde hace 18 años se inició un camino diferente, ése que marca este presente. La Argentina siempre tiene etapas, nos pasó con La Legión del tenis, los Pumas de Bronce de 2007 o la Generación Dorada de la redonda pero estos ya tienen continuidad.

En nuestro país, el básquet ya supera a muchos deportes en cuanto a esto por los logros y no es un milagro. Es el trabajo callado y a veces sin rédito de los clubes de pequeñas ciudades o de barrio fruto de las ligas lugareñas. Estos son los que aportan al deporte y allí se forman los verdaderos potreros que hoy le reclamamos al fútbol, además de las mezquindades que maneja en cuanto al ego de cada uno que lo practica. 

Por eso Scola es un ejemplo y un símbolo en cuanto a conducción y falta de egoísmo. Porque no duda y quienes hemos visto la trayectoria de esta selección siempre se plasma en el momento, cuando se pierde una pelota o una jugada, sale a acercársele al compañero para decirle vamos y no marcarle el error, en el banco aconsejando a su compañero o en el “minuto” ayudar a Hernández. Demostrando que esto no es Sportivo Scola o Campazzo… esto es “la selección argentina de básquet” un equipo. 

Eso que muchas veces nos falta en “nuestro” deporte, el fútbol, al que siempre le pedimos que nos salve Maradona –y vaya si lo hizo a veces-, Goicochea, Caniggia, Batistuta o Messi. 

El básquet es distinto y quizás nosotros también tengamos a nuestro Messi en Campazzo porque con sólo 1,80 metro encara a los grandotes de frente pero para eso siempre deberá contar con la ayuda del equipo que le abra el camino. 

Quizás mañana muchos se levanten temprano como yo para verlos o como Marcos –un compañero del trabajo- aunque diga que a él no le gusta el básquet. 

Seguro que en la cancha van a ser sólo cinco los que jueguen, que en el banco haya siete esperando para entrar y un cuerpo técnico que camine, grite y apoye como los más de trescientos en la tribuna y los que a miles de kilómetros vamos a sufrir y disfrutarlos. 

Pero seguro que “desde arriba” los va a estar mirando el que fue el creador de la Liga Nacional: León Najnudel. Ese que ayer debe de haber tenido más de una sonrisa porque la Generación Dorada tiene ahora continuidad y la llaman El Alma.