Los fitopatólogos Ignacio Erreguerena y Marcelo Carmona

El Campo

La sanidad en jaque

Hongos resistentes, el nuevo problema

24|07|19 11:19 hs.

Cuando todas las luces apuntaban a las malezas, hubo otro actor que fue evolucionando sobre el escenario hasta lograr llamar la atención. La resistencia de los hongos a los fungicidas se transformó en la nueva vedette de la agricultura argentina. 


Las enfermedades foliares se han convertido en uno de los principales desafíos a encarar por los productores que optan por cultivos de invierno. Adicionalmente, el uso repetido de un fungicida con mismos mecanismos de acción ha comenzado a generar resistencias en los hongos, lo que agrava significativamente el problema y enciende luces de alerta. 

Para abordar el tema, UPL reunió en Mar del Plata a los fitopatólogos Marcelo Carmona e Ignacio Erreguerena, junto a clientes y asesores de la principal región triguera del país. Allí presentó Tridium, el único fungicida triple mezcla (contiene Mancozeb, Azoxistrobina y Tebuconazole), multisitio y sistémico del mercado registrado en el país para trigo (en breve para cebada) y anunció que aumentará la escala con la que viene trabajando junto a la Red Agropecuaria de Vigilancia Tecnológica (RAVIT) en Córdoba y sumará 1.120.000 de hectáreas del sur bonaerense que contendrán alrededor de 150.000 hectáreas de trigo. 

“El objetivo es aumentar la velocidad en la generación de conocimiento a través de un cambio en la escala de abordaje”, explicó Rodrigo Ramírez, el gerente general de UPL Argentina.

Resistiré 
“Es una muy buena propuesta que colabora en frenar el avance de la problemática, porque con el Mancozeb presente a los hongos les cuesta mucho más generar resistencias”, señaló Carmona al referirse a Tridium durante la reunión. 

Recientemente, un estudio desarrollado por el profesional junto a Francisco Sautua desde la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires confirmó por primera vez casos de resistencia en mancha amarilla. “Encaramos este desafío porque se evidenciaban grandes niveles de enfermedad en lotes que habían tenido por lo menos dos aplicaciones de estrobilurinas y triazoles”, destacó Carmona, quien se mostró muy preocupado por el acelerado avance y los importantes daños que ha generado esta enfermedad durante las últimas campañas. 

Para la investigación se tomaron muestras de distintas localidades de la provincia de Buenos Aires y finalmente el estudio molecular demostró que todas las muestras aisladas fueron portadoras de una nueva mutación que otorga una fuerte resistencia a todas las estrobilurinas, mientras que algunos triazoles tampoco funcionan para mancha amarilla. 

Pero la mancha amarilla no es la única amenaza que deben enfrentar los productores en el campo de las enfermedades foliares. “En general tenemos muchos problemas de roya en el cultivo de trigo”, apuntó el profesor de la FAUBA. 

Aunque la roya amarilla, por ejemplo, sigue siendo sensible a la mayor parte de las moléculas, la aparición de nuevas razas genera muchos inconvenientes por su creciente agresividad. Habitualmente es la primera enfermedad que asoma en los lotes, lo que obliga a monitorear el cultivo desde muy temprano. 

Sin embargo, este año la particularidad es el surgimiento prematuro de la roya naranja, que hacía varias temporadas que no tenía tanta presencia. “La roya naranja es una enfermedad muy plástica que genera muchos daños y no es eficientemente controlada cuando se usan moléculas triazoles. Al menos hay que usar una mezcla de estrobilurinas con triazoles para empezar a tener cierto éxito”, explicó Carmona. 

Por último, también se encuentra la roya negra, que aparece recién durante el llenado de granos y obliga a monitorear el cultivo hasta mucho más tarde de lo que los productores estaban acostumbrados. El preocupante panorama de enfermedades foliares en trigo le toca también al cultivo de cebada. “Actualmente se perciben muchas fallas y escapes. Los controles están empezando a perder su eficiencia”, indicó Ignacio Erreguerena, fitopatólogo del INTA Balcarce, durante la presentación de Tridium en Mar del Plata. “Cuando se aplica un fungicida continuamente, la resistencia es algo que indefectiblemente se va a dar en el tiempo. Hay que encontrar soluciones para mitigar su impacto o que este proceso de resistencia o pérdida de sensibilidad sea más extendido en el tiempo”, aseguró el también profesor de patología vegetal de la Universidad Nacional de Mar del Plata. 

En ese sentido, destacó el accionar de Tridium. Erreguerena coincidió y remarcó que a diferencia de las Carboxamidas o Estrobilurinas, que solamente tienen un sitio de acción, Tridium adopta moléculas multisitio que inciden sobre más puntos. “Entonces para cualquier patógeno es mucho más difícil generar una resistencia cuando te están atacando por cinco o seis lugares diferentes del metabolismo”, agregó. 

Altas pérdidas 
La incidencia de las enfermedades foliares en los niveles de rindes pueden llegar a generar pérdidas de entre 10% y 20% promedio en el cultivo de trigo, mientras que en cebada se puede extender hasta 30% o incluso más en casos severos. “A eso hay que agregarle después el costo de los fungicidas, que muchas veces no logran un control eficiente porque hay muchas moléculas que han dejado de ser efectivas. Para evitar que nos pase lo que nos pasó en herbicidas es necesario actuar con conciencia y capacitación”, exclamó Carmona, quien propicia fervientemente la adopción de un manejo integrado. 

“Esto implica pensar en una infinidad de factores y diseñar una estrategia planificada. Hay que tener en cuenta la elección de variedades tolerantes, la rotación de cultivos, un monitoreo exhaustivo, tratamiento eficiente de semillas, fertilizaciones que tengan un buen status de nitrógeno para que el cultivo no sea tan afectado por mancha amarilla, y por supuesto un control químico que se replantee el problema de resistencia y que se pueda enmarcar dentro del conjunto de este programa”, consideró el especialista. 

Por su parte, Erreguerena también se sumó en apoyo al manejo integrado y al diseño de estrategias sustentables. “En cebada todas las enfermedades vienen por semilla, por lo que saber de antemano la carga de patógeno es una buena información para poder emplear curasemillas, por ejemplo. Retrasar la fecha de siembra para esquivar los días más fríos también es una buena opción. Son algunas cositas que se pueden hacer, pero en el caso del cultivo de cebada siempre terminamos cayendo en control químico”, confesó.

Por último, Carmona advirtió sobre la falta de conciencia en muchos productores de la gravedad de la situación en términos de resistencia a enfermedades: “En general no se ve mucha preocupación, salvo en algunos grupos técnicos, porque todavía no se ha difundido la problemática. El punto es que mucha gente baja la dosis que señala el marbete o aplica tarde el fungicida”. 

Todas estas decisiones agronómicas lo único que hacen es favorecer la generación de resistencia y crear más fuentes de riesgos y peligros.