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Opinión

Psicología

Maltrato laboral…De eso no se habla

21|04|19 12:27 hs.

Por Claudia Torres (*)


En muchas ocasiones suelen presentarse en el ámbito del trabajo, situaciones que nos llevan a estar inmersos en contextos poco favorables para el desempeño de nuestras actividades. Suelen darse ciertos juegos perversos de abuso de poder de maneras más frecuentes de lo que muchos imaginan. 

El problema es que muchas veces las agresiones y los malos modos son naturalizados y silenciados. La lengua inglesa utiliza el concepto de mobbing para referirse a la presión desmedida y la violencia simbólica que se ejerce dentro del entorno laboral. Comúnmente, el acoso laboral o mobbing es confundido con el síndrome del quemado, o burn-out. Sin embargo no representan el mismo fenómeno. 

Burn-out significa 'estar quemado', o desgastado por circunstancias puntuales o características inherentes a la profesión o el trabajo, el cual genera en el trabajador una intensa demanda en el aspecto emocional, exigencia muy común entre maestros o enfermeras, por ejemplo. 

Asimismo es confundido con el bullying o el acoso escolar; la diferencia radica en que en este último también está presente la violencia física, mientras que en el mobbing, las estrategias que utilizan los acosadores siempre son más sutiles, más bien de índole psicológica, pues la intención es no dejar rastro o huella del acoso, para hacer notar al acosado, como un incompetente o problemático, y no poder ser acusados de nada. 

El mobbing consiste en un acoso que se da entre los miembros de una organización laboral. Este comportamiento está caracterizado por el uso de la violencia psicológica, que son aquellas agresiones realizadas sin la intervención del contacto físico entre las personas.

Es un fenómeno que se origina cuando una o más personas arremeten de manera verbal hacia otras, ocasionando algún tipo de daño a nivel psicológico o emocional en las personas agredidas. Se lleva cabo de manera sistemática y durante un tiempo prolongado. 

¿De que manera se puede identificar? 
Podría presentarse como un acoso ascendente: una persona que ostenta un rango jerárquico superior en la organización, se ve agredida por uno o varios de sus subordinados. 

También podemos distinguirlo como un acoso horizontal: en este caso, un trabajador se ve acosado por un compañero con el mismo nivel jerárquico, que no tiene una posición superior oficialmente reconocida, pero sí psicológica o situacional. Y por último, también se puede dar de manera descendente, situación en la que la persona que ostenta el poder, emite comportamientos despreciativos, falsas acusaciones e incluso insultos, ya sea para destacarse frente a sus subordinados, para mantener una posición jerárquica o simplemente por tratarse de una estrategia organizacional.

¿Cuáles son los primeros síntomas que nos pueden alertar sobre este padecimiento? Tengamos en cuenta que las primeras señales que suelen aparecer, son similares a las que producen el estrés: cansancio, nerviosismo, algunos problemas en conciliar el sueño o inconvenientes digestivos, etc. 

No solamente ocasionan problemas a nivel laboral, sino también consecuencias físicas: trastornos cardiovasculares (hipertensión, arritmias, dolores en el pecho, etc.), trastornos musculares (dolores lumbares, cervicales, temblores, etc.), trastornos respiratorios (sensación de ahogo, sofocos, hiperventilación, etc.) y trastornos gastrointestinales (dolores abdominales, náuseas, vómitos, sequedad de boca, etc.). 

Asimismo, y con la misma intensidad, aparecen consecuencias psicológicas: la victima de este accionar, puede presentar una huella psicológica que lo va debilitando y que podría ocasionar profundos sentimientos de culpabilidad, impotencia, incapacidad de realizar su trabajo adecuadamente, disminución de la memoria y dificultades para mantener la atención y pensamientos recurrentes sobre la situación. 

Puede ocurrir un lento deterioro de la confianza en sí misma y en sus capacidades profesionales por parte de la víctima, que llevaría a cabo un proceso de desvalorización personal con la creencia de haber cometido verdaderos errores o incumplimientos. Los efectos sociales del acoso laboral se caracterizan por la aparición en la víctima de conductas de aislamiento, evitación y retraimiento. 

Ahora bien, ¿que características tienen las personas que actúan efectuando este acoso laboral y de que manera lo llevan a cabo? Entre las características de los acosadores, podemos encontrar que son mentirosos, fabuladores, solo con la finalidad de acusar a sus victimas de todos los males. Suelen ser encantadores, esto facilita el engaño de su entorno; también poseen una apariencia de seguridad, aunque y sin embargo, esconden una baja autoestima. Son controladores y vengativos, suelen ser críticos de una manera poco constructiva, buscan y necesitan la admiración de su entorno y suelen explotar al otro en sus relaciones interpersonales. 

En ocasiones, también pueden tener algunos comportamientos típicos que podríamos llegar a visualizar fácilmente, como por ejemplo: indicar tareas humillantes o fuera del rol de la persona, no asignarle tareas, o descalificarla como persona cuestionando sus logros con ironías, atacarla verbalmente (insultos), aislarla, actuar como si no estuviese allí o no existiera. 

Lo mismo que al hablar sobre rumores o agravios sobre su intimidad, ofenderla a gritos, responsabilizarla de cosas que no hizo con acusaciones o bromas, invadir la privacidad del acosado interviniendo su correo, su teléfono, revisando sus documentos, armarios, cajones, etc. 

Las consecuencias de esta situación no sólo afectan al individuo, sino que la tendencia al aislamiento que experimenta, la falta de comunicación y la conflictividad repercute también en su entorno familiar y social. El rendimiento laboral se resiente y la interrelación con los compañeros empeora. También puede suceder que aumente la accidentalidad porque el trabajador no se concentra en las tareas laborales, lo que puede provocar, también, que pierda el empleo. 

Aquellas personas más susceptibles de padecer “mobbing” son los trabajadores que atienden a otras personas, como por ejemplo, el personal sanitario y docente; los trabajadores de los servicios sociales, policías, personal de justicia, etc. 

Las personas que han sufrido acoso laboral van a necesitar con toda probabilidad apoyo psicológico para superar todas sus consecuencias y recuperar la normalidad en su vida familiar y social. La tarea no es sencilla y en ocasiones es difícil. La idea principal es ayudarle a conectar con sus necesidades y deseos internos, a la vez de intentar cicatrizar las heridas que el acoso ha originado en aspectos fundamentales de su vida: la pérdida de autoestima, el miedo a que se repita, la tendencia a aislarse, la ansiedad, la depresión, etc. 

La recuperación definitiva de la víctima suele durar años y, en casos extremos, no se recupera nunca la capacidad de trabajo que poseía antes de ser víctima de estas situaciones laborales. Aprendamos a identificar a los acosadores y a reconocer nuestra situación laboral y personal. No tengamos miedo de buscar ayuda en instituciones o profesionales, que están capacitados para allanarnos el camino para salir de esa situación.


Lic. Claudia Eugenia Torres M.P.: 40256 
Lic.claudiatorres@outlook.com 
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