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Opinión

Por Juan Francisco Risso

Plegarias atendidas

31|03|19 13:04 hs.

“‘Polo’ es una persona creyente. El jueves pasado, cuando el juez Bonadio homologó su acuerdo como ‘arrepentido’, el contador leyó en un libro de evangelios del día cuál era el que estaba marcado para esa jornada. ‘Evangelio según San Juan, 8, 31 y 42’, era”. 


“Dice, en resumen, palabras más, palabras menos, algo que lo impactó: ‘La verdad de nuestra vida, de nuestros sentimientos, de nuestro pueblo, de los que nos rodean, siempre va a exigir una respuesta. Escondernos de ella nos esclaviza, la verdad libera… Puede ser doloroso. Muy doloroso. Pero el resultado es siempre una resurrección’. Aun en la cárcel, Manzanares cree que sus plegarias fueron atendidas”. 

Esto lo leí en la versión papel de Clarín hace pocos días. Más tarde lo corté de la página web para conservarlo. Al parecer, le han dicho al periodista que “califique” al nuevo testigo “arrepentido”. Y el buen hombre lo presentó con aureola y alas. Bien, por qué no. Como abogado, si supiese que el jurado es mayoritariamente católico, también lo diría. Aunque al finalizar quedase con una nariz como la de Pinocho, lo diría. 

Pero si estuviese del otro lado, y el juez me dijera “responda”, sonreiría sobradoramente y comenzaría diciendo que a mi contrincante le falta… un cacho de cultura. Y podría continuar con esto: “La vida de Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada no fue fácil. Consiguió lo que quería, pero por el camino dejó mucho dolor y muchas lágrimas, muchas dudas y mucha desesperanza… De su propia experiencia tal vez surgió una de sus citas más célebres: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por aquellas que permanecen desatendidas”. 

Aquí un “break” para explicar que esa señora era Santa Teresa de Jesús. Eso lo googlé, es del sitio Mujeres Valientes, porque en mi casa un libro aparece tras varios meses de haber decidido su búsqueda. Y así yo le mandaría decir que lo que él cree, con tanto entusiasmo, se da de narices con lo que pronostica/ba una Doctora de la Santa Madre Iglesia. Y que eleve sus plegarias nomás… Mi padre le diría “decime que cigarrillos fumás”, presagiando un futuro carcelario. 

El pequeño artículo finalizaba así: “De esta frase debió tomar buena nota el escritor estadounidense Truman Capote, que tituló precisamente así “Plegarias Atendidas”, su última obra y fue ese libro el que le hizo sentir en primera persona eso de llorar por los deseos atendidos… Además de ser un escritor de éxito, el sueño de Truman Capote era codearse con la jet-set internacional, una jet-set que retrató en su ‘Plegarias Atendidas’ y a la que no gustó nada la descripción que de ellos hacía el escritor, al que borraron de su agenda y expulsaron de su olimpo.” 

Porque Capote pintó escenas del sexo más promiscuo, de alcohol, drogas y avatares patéticos, describiendo meticulosamente sus personajes. El problema fue que esas descripciones coincidían con el aspecto y personalidad reales de esas personas que solían invitarlo a sus tertulias y fiestecitas. Fue demasiado obvio. Lo echaron a patadas. Capote les contestó: “¿Y qué creían? ¿Qué yo estaba ahí para divertirlos?” Y agregó que él era un escritor, y que -como tal- se nutría de las cosas que veía y escuchaba. 

Borrachín impenitente, a Capote le quedaba poco hilo en el carretel. Supo llegar beodo a dar una conferencia -sacado de allí a la tercera palabra- o aceptar adelantos para su próximo libro que nunca escribía. Se decía que –finalmente- el editor le puso un flaco que escribió el libro de una buena vez. 

Pero fue un grande, sin duda. “Desayuno en Tiffany’s” fue película, ganó dos Oscars y fue considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa” por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el National Film Registry. 

Y me pregunto qué hubiera escrito Truman Capote si hubiese sido empleado en los tribunales de Comodoro Py, Argentina, Sudamérica. 


Juan Francisco Risso