Sociales

Tras el temporal

Maka sigue en pie

24|02|19 16:59 hs.

“Si lo hubieras pagado no se hubiera hecho tan rápido”, le dijeron los amigos de Fernando “Maka” Morán cuando el taller de Hipólito Yrigoyen al 1600 estaba prácticamente terminado después del derrumbe causado por la tormenta del 1 de enero. 


Pero nada es casual, sino producto de horas de trabajo, de falta de sueño y de amigos entrañables y queridos que nunca dudaron en ayudar. “Para el 5 de enero estaba seco, la plata que tenía ahorrada para las vacaciones y la ayuda de mi familia… ¡Todo lo había usado para comprar las chapas!”, cuenta Maka que agrega, “entonces llegó otro amigo y me vio hecho pelota en el galpón derrumbado y entonces me quiso ayudar”, dice el hombre que se sobrepuso a las consecuencias de la devastadora tormenta del 1 de enero. 


Fernando Morán en su taller


“Me preocupaba más Cata – su hija menor que cree en los Magos de Oriente-porque esperaba su regalo del Día de Reyes, que tener que levantar de nuevo el taller. No tenía ni un mango y ella merecía su regalito. Fue cuando le conté a ese amigo y él me ayudó”. 

De estas Maka tiene mil historias. Los que lo llamaron por teléfono, toda la gente que pasó para tenderle una mano o dar una palabra de aliento. “Me hizo bien todo, el que llegó con ayuda económica y el que me ayudó… ¿Cómo se dice? Emocionalmente”, resalta Maka.

El taller de Fernando Morán ya está en pleno funcionamiento cuarenta y un días después de sufrir las consecuencias de la tormenta que le tiró abajo sus sueños. No deja de emocionarse con cada palabra, cada recuerdo que acompaña de ejemplos de trabajo y tesón. “No me paraba ni la lluvia, debajo de la garúa también trabajé, solo si llovía fuerte me bajé de los techos”, relata.


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Un millón de amigos
“No sé si tengo los de Roberto Carlos, pero creo que le gano. Ningún amigo me dio la espalda, para mí es normal trabajar tanto, pero la gente no me dio la espalda en ningún momento”, señala orgullosos de las personas que lo rodearon y lo contuvieron en el peor momento de su vida. “Este taller está arriba de vuelta, el fuerte viento y fallas estructurales que encontramos ya pasaron y ahora me tienen de pie, dando pelea de nuevo. Estar acá adentro y mirar todo esto me llevó al momento aquel de año nuevo en el que me fui al medio de la calle y miré para adentro todo derrumbado…Ver ahora esto así, realmente me hace sentir que nadie me dio la espalda”, recuerda emocionado Maka. 

Tanto hizo por volver a soñar que aprendió cómo se construye sin ser albañil ni maestro mayor de obras, “ahora nadie me engañaría ya sé cómo tiene que estar todo para soportar el viento fuerte”. Recuerda que “ustedes vinieron el día después del temporal, llovía y no había techo. Ahora no le tengo miedo a la lluvia o al viento, dejo el portón abierto y todo porque está muy bien reforzada la construcción de las paredes”.  


Maka Morán reconstruyó su taller con la ayuda de amigos


Reconocimiento 
El viernes a la noche los amigos que “laburaron” con Maka organizaron algo “para todos los chicos que trabajaron en el galpón. No quiero nada económico me alcanza que me pregunten cómo voy o cómo estoy. Mucha gente me llamó o mandó mensajes y me dieron fuerza. Me dan ganas de hacer cuando continuamente me decían: “Bien gordo, ¡Cómo vas! Eso es buenísimo”. 


La amistad y el amor familiar prevalecieron ante los vientos de la vida que soplaron fuerte, tanto que derrumbaron los sueños de Fernando Morán. El, como el junco, se dobló y volvió a erguirse para darle pelea y ganar la batalla. El viernes por la noche,


Sus amigos y su familia –Alejandra, Valentina, Martina y Catalina, sus padres y hermanos- lo apoyaron en todo momento y no cayeron nunca en la decepción o desesperación. El día después al temporal los encontró conmovidos pero resueltos a volver a empezar, algo que perfiló difícil y lento.

Sin embargo cuando aparecieron los muchachos, Pochito, la Peña de Sebastián Tascón, César y, los amigos de enormes corazones, Diego, Joe, Mario, José y Carlos se disiparon todos los nubarrones. “Me han felicitado por la garra que le metemos con los chicos, especialmente Cristian Villalba que me pegó el primer empujón el día que se me cayó el taller yo lo llamé y cuando le conté vino de Claromeco enseguida y al otro día se puso las pilas”, cuenta Maka que continúa, “y la gente que se sumó como los amigos de Pichi Del Veccio y él que está al lado mío en todo momento. Lo de ellos fue un gran empujón, también José Alvarado, la ayuda de mis viejos que colaboraron económicamente, hubo otros amigos y mucha gente que pasó por acá y no dudó en arme su colaboración, cualquiera que sea”.


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La cena de anoche fue una gran sorpresa, “los chicos que techaron y la Peña de Sebastián Tascón me organizaron un festejo porque e terminó de techar y yo puse el portón”, explica Maka. Cesar Núñez, Cristian Viillalba, Walter Chana, Gabriel Morán – su hermano- y horas de trabajo metidas en la construcción del taller después de la hora laboral de cada uno de ellos o los sábados culminaron en que el viernes pasado el taller quedara casi listo, “antes de terminar pase el finde acá adentro, habré dormido dos horas en casa, mirá las siete de la mañana me encontró barriendo, hubo gente que me vio acá trabajando en horarios imposibles”, destaca. 

El 1 de enero el taller y las ilusiones de Maka y su familia quedaron en el piso, para el 10 de enero- día de su cumpleaños-la pila de ladrillos “salvados” del derrumbe sostuvieron la pizza y el festejo improvisado entre los escombros, hoy está todas las paredes levantadas “de pie” y techado el taller en el que Maka trabaja desde el miércoles. 

Todavía cuando habla se le cortan las palabras y el llanto aparece una y otra vez, la matera es su mejor lugar, ese que voló por los aires y ahora es el símbolo de que a la adversidad se la enfrenta con decisión, amistad y trabajo, mucho trabajo.