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La carnicera Soledad

10|02|19 14:58 hs.

Por Fernando Catalano


Un cliente pidió mollejas, y Soledad le preguntó si las quería de garganta o de corazón. Sorprendido para bien porque no acostumbran a preguntarle cuál de las dos prefiere, él le responde que las primeras, que son las mejores porque tienen menos grasa y son más sabrosas. Algo que ella posteriormente le explicaría con mejores detalles. 

Expeditiva y siempre simpática le sumó al comprador el resto del pedido, y continuó atendiendo a los consumidores en las primeras horas del sábado pasado en la sede central de la carnicería que ya tiene dos sucursales. 

Así es como Soledad Tassone puso un pie en una actividad que tradicionalmente llevan a cabo los hombres. Sabe que no es la primera, y que quizá tampoco sea la única. Pero vale la pena conocer su historia y la estela que su forma de trabajar va dejando. 

Ser y parecer 
Dos comentarios al pasar mientras hablaba con el cronista de este diario la definen como a una persona humilde y trabajadora. Dijo que el pobre siempre viaja por trabajo, pero que en su caso su llegada a Tres Arroyos tuvo que ver con la ilusión del amor que encontró y con sus estudios para ser maestra de nivel inicial. Y además resaltó que mientras aprendía todo sobre los cortes vacunos, se esmeró por tomar los consejos de sus compañeros para no desperdiciar carne, que tanto cuesta llevar a la mesa de cada familia. 

Por estos días está cumpliendo su primer mes de trabajo en la misma firma donde concurría a comprar como clienta. Después de volver desde 30 de Agosto, el pueblo donde viven su madre y hermanos, fue a comprar a la sucursal -de la que es vecina- en avenida San Martín, donde pudo ver el cartel con el que se anunciaba la búsqueda de un carnicero con experiencia. 


Andando Lejos de su familia Soledad -con su juventud- intenta construir su vida. Los extraña, pero la tecnología se los acerca con mensajes. “De a poco vamos bien, estoy contenta, a veces triste porque extraño a mi familia”, cuenta Soledad quien perdió a su papá, un reconocido domador de Pellegrini que producto de una fatalidad con un potro, pasó sus últimos cuatro años y medio en estado vegetativo. El dolor por esa pérdida, los fuertes lazos con su familia, y ahora el amor y el sueño de ser maestra, la tienen en una ciudad a la que empieza a sentir de a poco como propia, mientras “corte a corte”, se va metiendo en el corazón de cada cliente. Y siempre con una mirada y sonrisa alegres. Desde que le tomó confianza a la sierra, Soledad está sola y al frente de una sucursal en avenida Belgrano


Mientras realizaba la compra no pudo frenar el impulso y preguntó si era necesario que ese puesto lo ocupe necesariamente un hombre. Con ese planteo se ganó toda la atención de Giselle, la empleada administrativa. Le contó entonces sobre su experiencia adquirida desde niña trabajando en facturación de cerdos, oficio que le enseñó su abuelo del corazón, Tito. Pero también aclaró que sobre vacunos no tenía conocimientos suficientes. 

Igualmente su entusiasmo fue mayor al de la necesidad de encontrar un carnicero experimentado de parte de la carnicería, desde donde vieron en ella ganas de aprender y de aplicar sus conocimientos, además de las buenas referencias suyas que también recibieron. 

La decisión 
En marzo se va a cumplir un año que Soledad Tassone, de 24 años, se vino a vivir a Tres Arroyos. Conoció la ciudad invitada a pasar unas vacaciones, por una amiga que se crió con ella en 30 de Agosto, pueblo elegido por su madre después de dejar su Pellegrini natal. 

Durante sus primeros días de visita por estos pagos, conoció a Jonathan. Juntos tuvieron un flechazo lo suficientemente fuerte para que muy decidida viaje al pueblo para contarle a su mamá que se quería quedar a vivir en Tres Arroyos para probar si era verdad todo lo que estaba sintiendo al lado de su enamorado. Los días, semanas y meses van confirmando que no se equivocó. 

Además, al anhelo de vivir junto a su “marido”, le sumó el objetivo de ser maestra del nivel inicial y para ello comenzó a cursar sus estudios en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica Nº 167. Aclara que lo trata así a Jonathan “por el respeto, por el amor y por estar viviendo juntos”. 

“La gente me miraba el primer día como diciendo ¿‘me va a cortar una chica el asado?’. En algunas personas vi esa mirada de desconfianza”, dijo Soledad que también pudo ver cómo ese semblanteo que le hacían, cambió


Una elección
Soledad contó que eligió estudiar para maestra jardinera convencida que mientras “la tecnología no va a dejar de avanzar, lo que nunca cambiará será la educación”. 

Y es por eso que se decidió a trabajar en este nivel enseñanza convencida en lo importante que resulta la buena intervención de un mayor sobre los niños en sus primeros años de vida para afirmar buenos valores.

“El pobre viaja siempre por trabajo”, dijo al pasar Soledad para describir una triste realidad que no desconoce. Pero afirma que en su caso se trata de algo distinto. Con su briosa juventud se arriesgó a vivir el amor y a abrazar una profesión. 

La carnicera 
Pasaron unos días entre la entrevista que mantuvo con el propietario de la carnicería, y el momento en que le confirmaron que la iban a tomar como empleada. Estaba con su novio compartiendo una jornada de campo cuando en su celular ingresó el mensaje que la convertía en una joven carnicera de la que ya muchos clientes comienzan a hablar, sobre todo, por su calidez para atender. Ese boca a boca llegó hacia esta redacción que pudo comprobar que era cierto. 

Recuerda que con su abuelo Tito primero facturaban para consumo propio, pero que los vecinos del pueblo empezaron a probar su calidad y entonces les llevaban el cerdo para que los conviertan en chorizos, mientras de esa manera tenían sus ganancias por la mano de obra. A esa actividad le sumó también la venta callejera que con él hacía de tomates, verduras y otros productos de quinta. 



Ganando espacio 
Pero al llegar a la carnicería descubrió un mundo nuevo. Conocido, pero nuevo. “Al cuarto -lo que llamamos el jamón del cerdo- acá lo dividen en bola de lomo y otros cortes más que nosotros no utilizábamos. Sacábamos el jamón entero para salarlo y comerlo crudo”, contó. 

También descubrió la variante “banderita” para la clásica tira de asado, y que para ella ‘el criollito’ simplemente es tapa de asado. En la casa central de Los Gauchos comenzó cortando huesos en la sierra como “punta de pecho” o “espinazo” que muchos llevan para los perros. Y hasta no ha faltado la oportunidad en que haya tenido que preguntarle a sus compañeros cómo se corta la “palomita” o el “chingolo”. 

Todo esto ha sido parte de una enseñanza que no tardó en capitalizar. Al cuarto día estaba sola atendiendo al frente mientras sus compañeros despostaban en otra sección de la carnicería, y la ayudaban cuando crecía el número de clientes para que no se haga larga la espera. Logró afianzarse tanto, y en tan poco tiempo, que ya está sola y a cargo de la sucursal de avenida Belgrano, en el Supermercado Sofía. 

Compañerismo
“No es fácil hoy en día tirar o derrochar carne, un kilo le cuesta mucho a una familia. Por eso confié en los consejos de mis compañeros (Fabián y Sergio) para aprender rápido. Son buenísimos, me enseñaron todo lo que es vacuno que no sabía nada. Pude aprender todos los cortes. 

La gente me miraba el primer día como diciendo ”¿me va a cortar una chica el asado?”. En algunas personas vi esa mirada de desconfianza”, dijo Soledad que también pudo ver cómo ese semblanteo que le hacían, cambió.

La frescura y amabilidad con la que recibe a los clientes, le valió un primer presente. Una caja de chocolates de una reconocida empresa local. “Está bueno recibir a la gente con una sonrisa y preguntarle cómo le fue”, cuenta. Aunque reconoce que no todos reaccionan simpáticos. 

Andando 
Lejos de su familia Soledad -con su juventud- intenta construir su vida. Los extraña, pero la tecnología se los acerca con mensajes. “De a poco vamos bien, estoy contenta, a veces triste porque extraño a mi familia”, cuenta Soledad quien perdió a su papá, un reconocido domador de Pellegrini que producto de una fatalidad con un potro, pasó sus últimos cuatro años y medio en estado vegetativo. 

El dolor por esa pérdida, los fuertes lazos con su familia, y ahora el amor y el sueño de ser maestra, la tienen en una ciudad a la que empieza a sentir de a poco como propia, mientras “corte a corte”, se va metiendo en el corazón de cada cliente. Y siempre con una mirada y sonrisa alegres.