La Ciudad

BALNEARIO ORENSE

Una historia de amor por el lugar

19|01|19 13:26 hs.

Es la de Araceli Ricciardi y Gustavo Cardinali, actualmente a cargo del parador Virazón. Ambos contaron sobre todo lo que los une al balneario 


Están atravesando su octava temporada a cargo de Virazón, uno de los tradicionales paradores del Balneario Orense, pero su amor por el lugar lleva algunos años más. “Un día vinieron unos familiares y nos dijeron ´vengan a conocer este lugar que es increíble´. Vinimos un fin de semana y no lo podíamos creer. Ahí mismo alquilamos una quincena de enero, era el 2004, y desde entonces venimos todos los veranos”, cuenta Gustavo. 

Durante el año residen en Villa Urquiza, donde Araceli hace catering, eventos y cuenta los días para que llegue noviembre y pueda instalarse en el balneario. “Tenemos casa hace 12 años, y hace bastante que empezamos con los emprendimientos gastronómicos acá. 

Primero estuvimos dos años en el camping El Peloponeso, después estuvimos tres años en La Caverna,  y acá es nuestra octava temporada. Y con vistas a quedarnos unos cuantos años más”, afirma. 

La idea de radicarse definitivamente en Orense sobrevuela la intimidad de esta pareja, pero por ahora las obligaciones laborales en la gran ciudad lo impiden. “Soñamos con venirnos a vivir, o al menos estar medio año acá y medio año allá. Estamos cada vez más cerca, porque actualmente ella está acá desde fines de noviembre hasta fines de marzo, y yo mes y medio pero voy y vengo continuamente”, relata Gustavo. Virazón 

Araceli Ricciardi y Gustavo Cardinali


El parador y restaurante Virazón se ha vuelto conocido para los veraneantes. El ritmo de trabajo es intenso, pero uno de los objetivos de Araceli y Gustavo es lograr mantener la tranquilidad característica del lugar a la hora del trabajo. ”Es un ritmo diario exigente, porque estamos de 10 a 00 horas, pero lo hacemos porque nos gusta y tratamos de mantener un ritmo familiar con el grupo de trabajo. Porque hace años que somos los mismos, y nos divertimos, la pasamos bien”, cuenta Araceli. 

En relación a lo que ofrecen, ambos ponen énfasis en que le dan importancia a que el cliente note la calidad y singularidad de una comida artesanal. “Tratamos de servir en las mesas lo que a nosotros nos gustaría que nos sirvan. No sacrificamos tranquilidad por mayor beneficio. Y por eso tenemos la gratitud de ver cómo nuestros clientes vuelven a elegirnos verano a verano. Además tenemos la suerte de la magia que ofrece este lugar. Este es un lugar mágico”, reflexiona Gustavo, y agrega que “cuando estamos acá nos damos cuenta que uno no necesita mucho. Es tan poco lo que uno necesita”. 

Primera quincena
La semana de feriados de las fiestas, entre el 24 y el 31 de diciembre, Balneario Orense tuvo una afluencia de turistas que llenó los hospedajes y los comerciantes se llenaron de expectativas. Sin embargo, para el 2 de enero la situación era otra y la primera quincena de enero no tuvo mucho que ver con la “temporada récord” que se vaticinaba. “Estamos en un 60 o 70% de lo esperado. Si bien es cierto que mucha gente no se fue afuera por el tema del dólar, también buscan ahorrar dinero y comen en sus casas. Nosotros lo que hicimos es menús para compartir, económicos. Sabiendo que estamos en un año de crisis, nos adaptamos”, afirman. 

Otro interesante análisis que hacen del flujo de turistas es la cantidad de días que se quedan a veranear. “Está un poco más tranquilo que la temporada pasada. Levanta mucho el fin de semana, pero en la semana calma. Los recambios ya no son de semanas o quincenas, sino de días. La gente se queda tres, cuatro o cinco días”.