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Sociales

Jorgelina Ouwerkerk y su hija Marilina Millenaar

Vida en la voz de dos mujeres que nacieron “chicharras”

13|01|19 10:26 hs.

“Somos chicharras”, se definen entre risas madre e hija durante una entrevista en la redacción de LA VOZ DEL PUEBLO. 


“Espero no sonemos tan intensas e insoportables”, manifiesta, entre risas, Jorgelina Ouwerkerk al mismo tiempo que su hija Marilina Yael Millenaar declara, “el que nace chicharra muere cantando”, y, nuevamente las risas. 

Jorgelina y Marilina llegan a este diario cubiertas del halo musical que las recorre desde pequeñas. 

Dos historias unidas por algo más que los lazos de sangre. Madre e hija comenzaron su carrera musical cantando en el colegio o en la iglesia, aunque coinciden en que sus primeros escenarios fueron fogones, cocinas o salones de cenas o encuentros sociales en los que participaban. 

“¿Por qué no cantas algo, una cortita? Era la frase frecuente después de los asados con amigos o la familia. Muchas veces lo único que quería era esperar a poder comer un pedacito de torta, pero ¡no!, tenía que cantar y muchas veces atragantada con un último pedacito de carne”, recuerda Jorgelina muy divertida con la anécdota. Marilina se une al comentario y dice: “Como sabemos cantar, nunca nos dejan de pedir que hagamos un pedacito de alguna canción y en realidad esos fueron nuestros primeros pasos frente a algún público, ¡Gajes del cantante!”, suelta la risa Marilina. 


Unos momentos del show que Madreselva brindó en el Mulazzi


El trayecto del campo de sus padres y abuelos hasta la ciudad es de 45 kilómetros, sin dudas tiempo suficiente para desarrollar todo el repertorio necesario durante el viaje. “A cantar en voces aprendí con mi mamá -relata Jorgelina- mientras íbamos y veníamos en auto al campo”. La cantante recuerda que sus padres le pedían por favor que “apague su radio”, en referencia al recital que realizaba sin parar ni un minuto durante el camino del campo a su casa.

Orígenes 
Marilina tiene 27 años, nació en Quilmes y vivió en un barrio de Berazategui por muchos años junto a su hermano Nicolás y sus padres hasta que se trasladaron al Tres Arroyos natal de la familia materna. “Si de algún lado saqué el tema de la música, es de mi mamá. También de mi abuelo paterno que es una bestia del oído, dirigía el coro de la Iglesia sin haber estudiado, pero el gusto desenfrenado por conocer música lo heredé de ella”, dice y señala a su mamá, mientras la toma de la mano. 

Jorgelina cuenta que su abuela paterna cantaba muy lindo y, aunque no lo recuerda -porque falleció cuando ella era muy chica- sabe que heredó la voz de ella. También los primos de sus padres le transmitieron el don de la música. 

La iglesia y el colegio fueron los primeros lugares en los que las artistas encontraron su afición por cantar. “La culpa la tienen Geraldine Slebos y Eliseo Bongarrá –declara Jorgelina- que me insistieron para que cantara en el internado del Colegio Holandés, algo que hice con pistas por primera vez porque en aquel momento era el play back, empecé con una canción cristiana”. 

Fue una oportunidad reveladora, “me encantó y dije: El micrófono es para mí”. Durante su tiempo en Quilmes cantó en distintos grupos y bandas dentro de la Iglesia y cuando regresó con su familia a Tres Arroyos surgió la posibilidad de conseguir pistas. Conoció a Oscar Politano y fue el momento en que comenzó a interpretar boleros y melódico. 


“Se disfruta de otra manera”, afirman, acerca de la posibildad que tienen de compartir el canto. Y “junto a tremendos artistas como Facundo Medina, Bernardo Huala y Romina Reimers”, precisan, en este caso, sobre el espectáculo Madreselva


Por su participación en el Vocal de Cámara, conoció a Omar Valetti, a Julia Vassolo con los que participó en diferentes espectáculos, muchos con el fin de lograr fondos para viajes al exterior con los coros. Fue parte de la Trova Arroyeña, de Cantando Bajito junto a Omar Valetti, Julia Vassolo, Rody Herrero y Fredy Dodorico.  

La música en la piel 
Marilina rescata el recuerdo que la lleva a sus primeros pasos en la música. Todavía guarda un casete en el que hay grabaciones de canciones interpretadas por ella cuando era muy chica. Se pueden escuchar tangos e himnos que acompaña su mamá con la guitarra. El momento regresa a la sala en la que se realiza la entrevista y la mirada tierna de Jorgelina hacia Marilina resulta difícil de describir, es la misma infancia que vuelve y recorre el lugar. 

“En la preadolescencia estuve medio renegada, pero un tiempito antes de cumplir 14 años probé tomando clases de teclado y guitarra hasta que fui a la Casa de la Cultura con Luisa Reimers, que daba clases de canto lírico. La escuché cantar y me quedé pasmada, me enamoré de ese género y me metí de lleno en ese canto. Entonces me anoté en el Conservatorio y seguí con la música popular, y además traté de formarme en idiomas”, resume Marilina el inicio de su carrera musical. 

Cuando finalizó la secundaria partió hacia La Plata y allí continuó sus aprendizajes con el tenor Rubén Martínez, también en el Conservatorio de Música, además de tomar clases y capacitaciones en todas las instituciones que propusieran nuevos desafíos y posibilidades de crecimiento. 

Luego de vivir 3 años en la capital provincial se mudó a Buenos Aires para seguir la formación académica en esa ciudad. Hace dos años empezó a incursionar en la producción musical, la gestión del negocio y la industria de la música con el objetivo de conocer cómo se destacan las carreras de los músicos y llevarlos a otro nivel. 

Actualmente cursa sus estudios en la Universidad de Palermo. “La música me acompaña desde que nací”, confiesa la joven. Durante la niñez y preadolescencia la artista grababa temas que le gustaban de los que sonaban en la radio y se los guardaba en diferentes casetes, “cuando apareció Internet me volví loca”, expresa. 


Hobby y profesión Para la artista local compartir la música con su hija es algo muy distinto que hacerlo con amigos, “se disfruta de otra manera”. Lo mismo ocurre con sus padres que siempre van a verla actuar, “aunque ya tenga cincuenta años, siguen yendo


Hobby y profesión 
Para la artista local compartir la música con su hija es algo muy distinto que hacerlo con amigos, “se disfruta de otra manera”. Lo mismo ocurre con sus padres que siempre van a verla actuar, “aunque ya tenga cincuenta años, siguen yendo a escuchar a la nena y a mí me pasa lo mismo con Marilina”, declara. 

Ambas pasaron por innumerables momentos musicales en su hogar, “mientras yo pintaba, escuchaba siempre a mamá cantando de fondo, además que siempre hubo música sonando en todo momento”. 

Para Marilina la música es una profesión, para Jorgelina todavía es un hobby, aunque le encantaría poder cantar siempre y vivir de eso. Uno de sus minitrabajitos es ir a cantar al Geriátrico Municipal como asistencia de Cultura, y es un placer muy grande. Aprendí mucha música de antes y compartimos los temas que les gustan a los abuelos”, dice Jorgelina y su hija acota, “me emocioné mucho cuando la acompañé a esa actividad, tuve que hacer fuerza para no llorar el primer rato. Canté con ella y fue muy conmovedor, es algo muy lindo de ver, mi mamá canta a capela y sigue el ánimo de las personas que están y dialoga con los asistentes, mientras que la devolución es una enorme sonrisa. ¡Inolvidable!” 

Frente a frente cruzan miradas y dicen: “Aprendemos todo el tiempo, aprendí mucho de ella, –confiesa Jorgelina- todo el tiempo vamos compartiendo -destaca Marilina-“ 

La joven se arriesga a una frase que considera algo cliché, pero que resume sus sentimientos: “La música es la razón de mi vida, la música está ahí, te acompaña. Todo lo que te haya afectado, si te acompañás por la música, bajás a un lugar intocable que no hay manera de traspasar”. 

“¡Qué sería de mí sin la música! –exclama Jorgelina-. Por ahí de repente me doy cuenta que voy tarareando mientras camino, me sale. En el bajón encontrás la letra que te da el ánimo, en el momento más arriba también, para mí es el día a día”. 

Al finalizar, las entrevistadas coinciden en una letra de canción que las identifica y sin dudarlo expresan “¡Gracias a la vida que me ha dado tanto! 

Suenan juntas armoniosas y como en la vida, al unísono. 

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La formación de Madreselva


Madreselva
El deseo de Marilina Yael Millenaar y Jorgelina Ouwerkerk de hacer un show juntas trascendió los compromisos laborales y de estudio, el amor por la música fue mucho más fuerte. Así surgió “Madreselva”, un espectáculo que lleva el nombre de uno de los primeros tangos que aprendió Marilina, porque lo escuchaba cada vez que Jorgelina -su mamá- se lo cantaba cuando era chiquita. Por eso surgió ese nombre nostálgico y simbólico para las dos artistas. 

“Pararte en el escenario con tu mamá y los abuelos en primera fila fue una emoción muy grande y sin dudas un show muy emotivo”, explica la joven, que agrega: “Cuando escucho a mamá hay canciones que me quiebran y me parten en dos. El proyecto es muy emotivo, cuando canta “Recuerdos de Ipacaraí” me parte al medio y hago fuerza para no llorar en medio del escenario, son canciones maravillosas por sus letras”. De esto Jorgelina destaca que “me gusta elegir canciones que me lleguen, no sólo por la melodía sino por la letra que tienen”.

La artista mira a su hija, la toma nuevamente de la mano y le demuestra enorme admiración, “cantar con mi hija es muy, muy emocionante” y parafrasea a una artista que admira cuando dice “me da un poquitín de vergüencita cantar con ella, pero vamos a hacer lo posible”. En este sentido destaca el orgullo que siente, “ella estudió mucho”. 

El repertorio del espectáculo “Madreselva” sabe a familiar, aunque es todo nuevo porque es la primera vez que interpretan sobre un escenario las canciones elegidas. “Es una selección bien nuestra”.

Jorgelina y Marilina sienten que el show es un homenaje a su familia, que siempre les pidió hacer temas en cada evento social que los encontró juntos, “ahora vamos a cantar sin asado de por medio”, cuentan entre carcajadas. 

Coinciden en los gustos y los criterios para elegir temas e intérpretes porque consideran que tienen el oído entrenado de la misma manera.

“Es un regalo para mi mamá que está haciendo mil cosa y el ser solista quedó relegado, entonces pensamos en un espectáculo en el que podamos volver a saborear la música junto a tremendos artistas como Facundo Medina, Bernardo Huala y Romina Reimers”, cierra Marilina. 

Todos los músicos que formaron parte de Madreselva se lucieron, insuperables cada uno en lo suyo. Para Marilina y Jorgelina fueron noches especiales, como en casa: Nicolás, los abuelos, los tíos y, esta vez, también los espectadores que aplaudieron de pie.