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Desde la Redacción

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La droga, el común denominador

21|10|18 09:57 hs.

Por Jorge Enrique Mendiberri


El ataque que dejó a Rocío Burgos al borde de la muerte en un hospital de Bahía Blanca a manos de psicópata que disparó su arma de fuego sin importarle quién estaba adelante. La agresión que sufrió Diego Allema y lo dejó parapléjico. Al menos un caso de violencia de género que mandó a una chica al hospital y a su novio a la cárcel. 

En todos los hechos hay un común denominador, además de que todos ocurrieron en las últimas semanas, y es que en algunos casos no se la nombra de manera directa, pero sobrevuela el entorno de cada episodio: la droga. 

En el caso de Allema, su justificación del ataque sufrido estuvo directamente relacionado por él mismo con la droga que “se negó a vender” y, supuestamente por eso, terminó herido de bala. Si sus dichos son verdaderos o falsos, él también se encargó de aclarar que nadie lo investiga. 

Por el momento, la sociedad tresarroyense también tiene indicadores serios de que algo de cierto hay en todo eso. Días atrás, la diputada Rocío Antinori (Cambiemos) compartió un dato verdaderamente alarmante tras reunirse con los miembros del CPA. La cocaína, la droga que provoca efectos más agresivos entre quienes la consumen, pasó a ser el estupefaciente más consumido en Tres Arroyos. 

Unas semanas antes, el concejal Julio Federico (FR) se expresó en el mismo sentido ante LA VOZ DEL PUEBLO desde su espacio en el ámbito municipal y, off the record, asegura que seguirá su cruzada aportando más datos. 

¿Pero a quién? Buscar responsables de este flagelo ante las autoridades policiales y sus pobres resultados resulta paradójico. Sobre todo, cuando la oficina local de Drogas Ilícitas está compuesta por unos pocos efectivos que, por lo bajo, nunca ocultan la precariedad de su logística de trabajo, frente a un poder económico tan fuerte como el que, a la luz de las denuncias, estaría amasando la comercialización de estupefacientes en Tres Arroyos. 

Por ahora, visualizar la enfermedad de la droga sin tabúes y acercándose a sus víctimas o las consecuencias de su abuso, podría comenzar a ser la débil barrera que cada familia puede colocar en los umbrales de su casa a los efectos de evitar el contagio y la violencia que la destruyan.

Aunque a veces, como en el caso de Rocío, sus balas alcanzan a los inocentes.