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Opinión

Defender lo indefendible

Estafa moral a la pobreza

14|10|18 01:42 hs.

Por Esteban Ernesto Marranghello


 Nadie puede considerarse dueño de la verdad, porque todas las verdades son relativas. La realidad es la que demuestra, con las pruebas al canto, la razón irrefutable de los resultados. 

Nuestro país transcurre en su insólito presente una comprometida etapa que abarca todos los estamentos de su desenvolvimiento, afectados por un común estado de indefensión moral, cultural, intelectual y de creatividad, salvo excepciones, que siempre las hay, que lo empujan en un conflicto presente, hacia un imprevisible futuro, teñido de frustración. 

Semana intensa en la política, donde se están jugando secuencias y acciones, que sorprenden y enojan, cuidado con esto, al 70% de la población. 

En el oficialismo, la grieta se convirtió en un borde de abismo, que no puede disimular Cambiemos, con declaraciones de unidad y acción conjunta, cada vez más diluidas. 

Un eje de la disputa, la diputada Carrió que agredió insólitamente la autoridad del presidente y lo “convocó” a quedarse con ella o “caerse”. La Coalición Cívica se va convirtiendo en un “collar de melones” para el PRO. 

Los radicales, fundamentales aliados, cada vez más asumen una actitud crítica a la política económica y a los sectores beneficiados con la misma. No quieren terminar con una unión por el espanto y no por el éxito. 

Se opusieron a las tarifas retroactivas del gas y fundamentalmente a su pago por el usuario. Propusieron al secretario Iguacel, que el costo lo asumieran el Gobierno y las empresas. Fue una clara respuesta a la falta de información previa que la UCR debería haber tenido por ser un aliado.  

En esta oportunidad la respuesta fue negativa, el funcionario contestó “que el aumento lo debían pagar los usuarios”. 

De esta manera se desayunaron los radicales, con la realidad no esperada que Iguacel, al igual que el “imperturbable” Aranguren, eran “los zorros en el gallinero”. 

Funcionarios “oficiales”, que debieran defender a la gente en sus reclamos y realidades, representaban la defensa de la rentabilidad empresaria. Obviamente exponentes del “famoso equipo” de funcionarios oficiales. El gobernador jujeño, radical, Gerardo Morales, estuvo directo al proponer que el pago de las tarifas se cubra con fondos extraídos de las actividades que puedan contribuir, aumentando las retenciones a la soja. 

La Sociedad Rural Argentina lo trató de trasnochado. Morales respondió que los “trasnochados” son los que no se dan cuenta que las consecuencias de los errores no pueden pagarlas los pobres y la clase media. 

El presidente de la UCR, el gobernador Cornejo, de la provincia de Mendoza, quiere competir en una interna de Cambiemos por la candidatura presidencial, con Macri o con Rodríguez Larreta o Vidal. 

Esto ocurre, aunque parece difícil -nada es imposible en política- porque hay quienes expresan la posibilidad de que Macri no compita por la reelección. 

Se sucedieron cataratas de críticas y oposición al tema tarifas retroactivas de gas: políticas, entidades de todo tipo, iglesias, judiciales, sindicales y de servicio. También todo el universo de la sociedad. 

La presión fue tan fuerte, por la carencia de lógica, razón y sensibilidad de la medida, que el Gobierno decidió una vez más (y van…) dar marcha atrás y resolver el pago con fondos oficiales y “algo” a las empresas. 

No pudo el Gobierno disimular la actitud de Iguacel cuando pretendió justificar, con torpeza argumental y apoyo de impunidad para las empresas, cargando a los usuarios el riesgo empresario de la actividad. El mundo del revés.

Otra funcionaria, la ministra Patricia Bullrich, critica la política social de su colega Carolina Stanley señalando que “el dinero de los subsidios a las familias más carenciadas suele utilizarse “para solventar piquetes”. No se enteró que Stanley es la funcionaria que junto con la Iglesia está conteniendo la “caldera” del conurbano bonaerense. 

Este disparate de Bullrich no le alcanza para disimular el flojo resultado de las políticas de seguridad. 

Esta señora fue quien cuando era funcionaria del gobierno del Doctor De la Rúa le rebajó el 18% el sueldo a los jubilados, con la “felicitación” de la señora Mirta Legrand por la “valentía” de la decisión. “Dios las cría y el viento las amontona”. 

Si la ministra Stanley se llega a cansar, con razón, y se va, no lo van a salvar al Gobierno, ni la soberbia farandulera de los escándalos de Carrió, ni los resultados de la política de seguridad de Bullrich. 

A veces parece desnudarse en el Gobierno una falta de cohesión, donde cada uno defiende su kiosco en vez de defender al presidente y preservar su liderazgo. 

Carrió lo desafía. Los radicales enojados, con razón, parte por la culpa propia, por sentirse ignorados en las decisiones, presentando proyectos propios y con opiniones negativas de la gestión. 

El enfrentamiento de Gerardo Morales con la Sociedad Rural Argentina, durísimo, pareciera revelar, tarde, un retorno a las posiciones de Raúl Alfonsín. “Más vale tarde que nunca”, me dijo un viejo amigo radical, mientras me señalaba una boina blanca colgada de una percha, que hace tiempo no la saca a tomar aire. 

En la vereda de enfrente, la oposición peronista: Frente para la Victoria, Pacto Federal, Bossistas, un importante sector del Frente Renovador (Camaño, Solá, De Mendiguren), intendentes bonaerenses con vigencia. Massa no abandona del todo, pero su intención de incorporar otras agrupaciones lo debilitan y su no abandono de la sociedad con Stolbizer lo excluye. El peronismo nunca aceptaría a esta señora. 

El justicialismo observa la situación política del oficialismo con atención, paciencia y el lógico beneplácito por su enrarecida actualidad de grieta interna, imposible de disimular y nada fácil de normalizar. Nada raro, políticamente normal, en la Argentina. 

Contempla la caída de solidez oficial en importantes frentes y dentro de sus propias filas. En imagen política, Macri - Carrió se parecen a Cristina - Pichetto simulan sólo impasse, pero ya no se respetan. 

Ni bueno, ni malo, sólo consecuencia de la realidad. Macri y Cristina deciden, los otros se suman o se van. Punto a favor para Cristina, Carrió es más importante que Pichetto. 

El rionegrino conforma un cuarteto muy publicitado por los medios, pero lejos de integrar, hasta ahora, el verdadero poder Justicialista. 

Luego del éxito de su reelección como titular de la Federación de Intendentes, hasta 2020, Verónica Magario, votada por todos los peronistas en bloque, por radicales y vecinalistas, se ubica a tomar las riendas de las decisiones en el peronismo bonaerense. 

Intendentes, legisladores, el peronismo encabezado por su titular, dirigentes nacionales confluyen a la Matanza. Gobernadores, Rodríguez Saa, Verna, Zamora, Manzur, Bertone. Dirigentes: Scioli, Gioja, Rossi, Insaurralde, Filmus, Espinoza, Perotti (Santa Fe), Los Soria (Río Negro). 

Magario le ganó todas las elecciones a Macri y Vidal. El poder real peronista está en la provincia de Buenos Aires. Magario es al peronismo, lo que Vidal al PRO, en el territorio bonaerense. 

Luego del éxito obtenido con el retiro oficial del cobro de tarifas retroactivas de gas, que culmina con otro papelón oficial, el justicialismo regresa a la discusión del presupuesto con permanente consulta a los gobernadores. Tiene el poder, ante el traspié oficialista, de “voltear” el proyecto y va a consultar al sindicalismo. 

“Voltear” es “alterar”, no rechazar, tienen la experiencia del año pasado, que el Gobierno después que le aprobaron, lo cambió. Este año la oposición entiende que mejor cambiarlo en el Senado, con sus decisiones que anulen las propuestas “antipopulares”. 

El peronismo se ve como posible alternativa y no puede equivocarse en la estrategia y en las propuestas. Así como Cambiemos tiene el problema del Carrió, el peronismo tiene el de Cristina. Carrió, menor poder, pero más libertad personal. Cristina, más poder, pero más complicada judicialmente. 

El tema de la de Santa Cruz es si se postula o no. Conversa con todos los sectores del peronismo que quieran hacerlo, eso sí, mostrando proyección y pergaminos. No le interesan: Massa, Randazzo, Pichetto y Urtubey, todos estos perdieron en la última elección y considera que sin ella, hoy no figurarían en ninguna cartelera. Con Schiaretti nunca se llevó bien, pero había hecho las paces con De La Sota. Habría que conocer la posición de los herederos políticos del “Gallego”. 

Hay algo que ha quedado claro, sin Cristina no se gana, el peronismo lo tiene asumido y aceptado. Ella también tiene asumido que necesita al peronismo en el poder en 2019, una “garantía” de la terminación “de la persecución política” que dice ser víctima. Falta mucho para la presentación de candidatos y el peronismo es un experimentado tiempista. 

Compita o no, Cristina estará en la mesa que decida la candidatura. 

Cambiemos pretende un solo escenario electoral, con razón, el triunfo en la primera vuelta. El peronismo está oliendo efluvios favorables, tiene más opciones: ganar, competir en el balotaje o ganar en la segunda vuelta. El oficialismo para lograr su objetivo deberá lograr un cambio, en serio, derrame en lugar de ajuste. 

 La oposición puede intentar distraer al oficialismo con Cristina sí o Cristina no, jugando a la inexperiencia algo ingenua del PRO, aunque tenga la vigencia de un acuerdo previo entre las partes. Los peronistas, como todos los políticos, unifican acciones, para el logro del poder y son duchos en armar escenarios. 

El PRO, lamentablemente, con el poder conseguido hay oportunidades en que parece no saber cómo manejarlo y esto no lo favorece. 

También se debe tener en cuenta a los argentinos. Somos ciclotímicos, inconformistas y muchas veces exagerados para aplaudir o criticar, para ayudar o rechazar. 

Esto es así y debemos reconocer que los aciertos y los errores son muy bien comentados, pero con poca vigencia de acciones para buscar soluciones. Aspiremos a que las nuevas generaciones encuentren el buscado equilibrio. 

Existen meses claves cuyo transcurso ubicará una realidad nacional, que está más confusa que clara, tendremos que enfrentarla como otras veces, con errores y aciertos buscando mejorarla. 

Mientras tanto siempre debemos decidir como sociedad que existen límites, humanos y espirituales, se piense como se piense, con todo el merecido respeto por cada uno, que no permitan tolerar defender lo indefendible como es una estafa moral a la pobreza.