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Carta de Lectores

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Futuro sin presente

02|08|18 00:21 hs.

Señora directora: 


Yo no sé a ustedes, pero a mí me está cansando tanto escuchar respecto de lo bien que estaremos (o estarán los que lleguen) en el futuro. Un futuro que, a juzgar por lo que se ve, no es cercano, no, más bien parece ser bastante lejano.  

Mientras tanto, cada vez alcanza menos lo que uno cobra, la inflación no disminuye, los servicios se pagan a valor primer mundo mientras que los sueldos son propios de los países emergentes, por no decir tercer mundo. 

Y todos parecen adolecer de amnesia. Quienes gobiernan, han olvidado todo lo que prometieron, quienes gobernaron, parecen ignorar que estuvieron años en el poder, así que solo los de a pie tenemos registro de esas cosas. 

Lo cierto, lo concreto, es que la mayoría de los sueldos son inferiores a lo que se marca como límite de pobreza. El sueldo inicial de un maestro ni se acerca a lo que se considera imprescindible para no estar casi en la indigencia. Por eso uno entiende que a ese empleado, maestro, municipal, oficinista, le importen muy poco los discursos grandilocuentes que nos aseguran un futuro brillante, en el que exportaremos un combustible que hoy, la mayoría, no puede pagar, o que algunos festejen como un gran logro que por vez primera hayamos exportado un par de medias reses a Japón. 

Que en un país con más de cuarenta millones de habitantes haya un par de millones que viajan, tampoco puede ser contabilizado como un gran índice positivo. Siempre hay entre un cinco o diez por ciento de gente que carece de problemas económicos, pero hay más de un ochenta, por ser generosa, que se enfrenta a diario con dificultades presentes. 

Por eso, reitero, claro que aspiro a un futuro mejor, soy madre y abuela, pero aspiro también a que tengamos un presente en el que cada vez menos gente tenga que pasar necesidades tan elementales como hambre o frío. Estaría bueno que quienes tienen poder de decisión recordaran que un futuro promisorio no tiene que construirse sobre un presente de carencias y privaciones. 

 Alicia Hurtado