116 años junto a cada tresarroyense

ST 16. 1°
Escasa nubosidad

Sociales

Deslumbraron en el Teatro Municipal

Frida, una “fenómena”

27|06|18 18:16 hs.

El viernes pasado se presentó en el Teatro Municipal, “Fenómena Frida”, una puesta que combina los lenguajes de la danza, el teatro y la plástica, introduciendo al espectador en un espacio casi ritual. En este sentido, el espectáculo se inicia nada menos que con una danza de la muerte, donde la misma Parca se contornea seductoramente bailando al son de un ritmo alegre, envolviendo por igual al joven y al viejo, al pobre y al rico. Y desde este principio, la presencia central de la muerte atravesará toda la obra de la misma forma que lo hizo con la vida de Frida.




La propuesta estuvo protagonizada nada menos que por Patricia Baca Urquiza, en la piel de Frida y por Maximiliano Guerra como Diego Rivera, dirigidos por Marlén Puello y acompañados por su compañía de baile, quienes oficiaron de pueblo, de personajes de los murales, de modelos de las obras de los artistas, de amantes y hasta de los mismos colores que borboteaban en los frescos.



Es innegable la fuerza que representa la imagen de Frida Kahlo. Entre el mito de su personaje y la mujer real, artista, apasionada y transgresora, se entreteje una historia que conmueve, encanta y deslumbra.



La estampa de su autorretrato prolifera impresa en remeras, bolsos, billeteras y cientos de artículos que el mercado de consumo ha sabido multiplicar y esconde -tras la imagen de esa mujer morena con rasgos aindiados y vello en el bozo- la narrativa de una vida atravesada por el dolor, el arte y la pasión. 



Todo eso se respira en la propuesta de Maximiliano Guerra y Patricia Baca Urquiza, quienes introducen al espectador en un universo que comparten en el aquí y el ahora de esa puesta particular. 



La mexicana Frida Kahlo, sufrió un grave accidente a sus 18 años, cuando el autobús en el que ella viajaba fue arrollado por un tranvía, quedando aplastado contra un muro y completamente destruido. Su columna vertebral quedó fracturada en tres partes, sufriendo además fracturas en dos costillas, en la clavícula y tres en el hueso pélvico. Su pierna derecha se fracturó en once partes, su pie derecho se dislocó, su hombro izquierdo se descoyuntó y un pasamanos la atravesó desde la cadera izquierda hasta salir por la vagina. Al respecto, Kahlo comentaba que habría sido esta la forma brutal en la que había perdido su virginidad. La medicina de su tiempo la atormentó con múltiples operaciones quirúrgicas (por lo menos 32 a lo largo de su vida), corsés de yeso y de distintos tipos, así como diversos mecanismos de “estiramiento”. Durante sus largas convalecencias la pintura cobró un lugar central en su vida.



Los movimientos débiles y fallidos de Frida interpretada por Patricia Baca Urquiza colgada de unos manillares, intentando dar pasos y sobrevolando a tropezones el aire, se transforman en la metáfora de un cuerpo quebrado, roto en cientos de astillas que intentan una y otra vez cobrar alguna forma. Todo esto acompañado de un claroscuro de luces y sombras, al que se le suma un chirrido molesto y perturbador, en el que quizás se reconocen los ruidos del tránsito, de un choque, del accidente brutal. Y desde esta especie de incomodidad, el espectador es convocado a la inquietante propuesta de ponerse en el lugar de aquella mujer y de su sufrimiento.



La relación pasional entre Frida y Diego Rivera ocupa otro de los lugares centrales en la puesta y los bailarines a través de su destreza expresan y dan cuenta de los avatares del amor entre estos dos artistas, el enamoramiento, la pasión, la distancia, el dolor y las siempre presentes terceridades corporizadas por la figura de la hermana de Frida, interpretada por Magalí Baratini.



Una Frida que intenta “habitar un tejido de cicatrices”. Y el espectador está ahí, asistiendo a esa especie de expiración del dolor, una alquimia del arte que permite transformar el sufrimiento en belleza. Y desde su butaca, participa del ritual donde la conjunción del color, el sonido y el movimiento hace de los cuerpos un vuelo divino.



(Gentileza Mariana Noel. Fotos Germán Russi)