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Opinión

Psicología

Fútbol… entre la pasión y la frustración

24|06|18 11:30 hs.

Por Claudia Torres (*)


Fútbol, fútbol… y más fútbol. Cada cuatro años nos enfrentamos a una de las competencias deportivas más significativas para la mayoría de las personas de nuestro país, la Copa Mundial de fútbol. El jueves 21 me dirigía hacia uno de mis trabajos, justo en el horario en que nuestro seleccionado enfrentaba al de Croacia. Nadie en la ciudad… nadie en la calle... en diez cuadras sólo me cruce con dos personas. 

La imagen de la ciudad era única, como esas escenas de películas donde la humanidad desapareció por alguna catástrofe. Pero no, en esta oportunidad fue la pasión la que hizo de las suyas y vació las calles de autos y personas caminando. 

Pero… ¿Qué son las pasiones? ¿Nos hacen bien o nos pueden dañar? 

Las podemos definir como inclinaciones o tendencias de gran intensidad que no proceden de la voluntad, son experimentadas desde una posición pasiva, donde cada uno de nosotros nos vemos arrastrados por ellas.

Es esa inclinación hacia una persona, objeto o situación que nos agrada, nos “apasionamos” por aquellas cosas que nos atraen. El término pasión se define como “acción de padecer”, preferencia viva de una persona a otra, afición vehemente a una cosa. 

Pueden tener una dirección positiva o negativa. Si está dirigida hacia diferentes elementos que no nos producen malestar o inconvenientes en nuestra vida, como por ejemplo, el deporte, el cuidado de los animales, la lectura, la colección de objetos, etc., estaríamos hablando de pasiones positivas, ya que alimentan una mejor calidad de vida. 

Ahora bien, si nuestra pasión es hacia -por ejemplo- el juego, el alcohol o las drogas, se tornarían negativas o mal encausadas. 

Pueden ser exageradas, absorbentes y obsesivas, con gran fuerza de atracción. Estas son algunas características que nos pueden ayudar a diferenciarlas de otros afectos. En la mayoría de los casos, anulan la voluntad y pueden atentar contra la integridad física, moral o psicológica.

En la pasión el sujeto elige un objeto y se liga a él de una forma exclusiva, excluyente, reorganizando su percepción del mundo alrededor del mismo, tornándolo único e irremplazable, convirtiéndolo en su única razón de existir. 

Puede ocurrir que este empuje pulsional (fuerza motivadora) cause estragos y el sujeto se convierta en objeto de la pasión. Él y su mundo, en estas circunstancias, pueden terminar devastados, dado que el odio, el amor, la venganza, tienen carácter pasional cuando su intensidad escapa al control de la voluntad. Esto lo podemos observar claramente, en las tragedias pasionales. 

Producen cambios psicológicos, se puede llegar a sufrir cierta deformación de las ideas, de manera que se sobrevalora todo aquello que está de acuerdo con la pasión que sentimos y lo que no está de acuerdo, lo subestimamos. 

No es fácil luchar contra determinadas pasiones a pesar de tener el conocimiento que pueden ser perjudiciales para nosotros. No podemos “aplastarlas”, debemos intentar buscar un cause apropiado para su liberación. 

La libertad consiste en decidir qué hago con lo que siento, hacia donde lo encamino y lo dirijo. 

Al salir de la clase que estaba compartiendo, la ciudad había retomado su ritmo, pero no de la manera habitual… este sentimiento pasional había sido reemplazado por otro bastante conocido… la frustración. Comentarios al pasar y enojos por la actuación de nuestros representantes deportivos, creaban un ambiente denso en cada lugar donde había dos personas hablando. 

Este sentimiento que se genera cuando no logramos satisfacer un deseo planeado se denomina frustración y todos la hemos sentido en algún momento. 

La frustración es un sentimiento de impotencia, una respuesta emocional que emerge cuando ciertos deseos y expectativas no pueden ser cumplidos. Es esa discrepancia que se nos presenta entre lo que consideramos ideal y aquello que es real. 

En nuestra sociedad occidental y en la actualidad, donde todo se basa en la inmediatez, la rapidez y el éxito, se aspira a obtener satisfacciones inmediatas sin angustia, sin esfuerzo, sin perder. Es ahí donde aparece la frustración ante aquellas cosas que deseamos y no conseguimos, tornándose a veces muy mortificante. El no poder resolver los sentimientos de frustración puede llegar a provocar desmotivación y abandono de todas las metas y proyectos en cualquier plano de nuestra vida. 

Algunas de las causas podrían tener que ver con una percepción distorsionada de las situaciones que vivimos, como cuando sólo valoramos y vemos el costado negativo de las cosas. Querer controlar cada aspecto de nuestras vidas, nos puede provocar un gran desgaste y por ende la aparición de este sentimiento, al no poder llevarlo a cabo. 

En este momento, entre la pasión y la frustración, se genera ahora un dejo de confianza… quizás tengamos alguna posibilidad deportiva, tal vez no tengan que volverse tan pronto de esta competencia… y se presenta ante nosotros la esperanza. 

Ese estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible aquello que anhelamos, nos brinda la fortaleza para poder seguir adelante cuando todo parece que está perdido, nos brinda consuelo en nuestros peores momentos, nos inspira, nos ayuda a ser perseverantes, a lidiar con lo difícil, hasta con lo que parece imposible de sobrellevar. 

A no perder la esperanza… el próximo martes, las calles volverán a estar desiertas… y ahí estaremos todos nuevamente apasionados y alentando, deseando que la frustración no se presente. 

(*) La autora es licenciada en Psicología (M.P. 40256) 
Lic.claudiatorres@outlook.com 
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