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La Ciudad

HUMBERTO GROENENBERG, AGRICULTOR PIONERO

"Había que trabajar y trabajar, pero la pasábamos bien"

11|03|18 11:05 hs.

"Cuando me dijeron que era el Agricultor Pionero me sorprendí. Pensé lo merezco o no lo merezco. Para mí es un honor, desde ya. Tal vez hay mejores pioneros que yo, hay muchos. Tengo la suerte de llegar a 86 años, andar bien de salud", dice Humberto Groenenberg a modo de reflexión, sobre la elección de su persona para una distinción importante. Afirma que "el camino lo abrieron nuestros padres y nosotros seguimos la huella". Por esta razón, el premio "es también un honor pensando en mi papá o en mi mamá, lo veo así".


 Primeros años 

Sus padres fueron Jacobo Groenenberg y Josina van der Horst. "Vinieron para conocer el país. Mi papá llegó en 1924, estuvo trabajando con don Diego Zijlstra en la cosecha y se enamoró de la Argentina, le gustó mucho", señala. Fueron asesorados por la familia de Zijlstra y Olthoff. Jacobo volvió a Holanda y regresó en el año 1925 con un pequeño capital, junto con otros jóvenes. "Comenzó una sociedad con Juan Verkuyl. Alquilaron campo en San Cayetano y produjeron allí durante unos años -indica Humberto-. Después se separaron y mi padre siguió trabajando con la familia Van der Horst, se casó con una de sus hijas".

El paso siguiente fue el traslado a la zona de Tres Arroyos. Explica que "se le ofreció un campo en Tres Arroyos que fue La Federación, de la familia Candia, se pusieron de acuerdo con el alquiler y se mudaron con varias familias. Era en 1932, yo tenía un año". A Jacobo "le tocaron 318 hectáreas sin mejoras, había que hacer casa, galpón. Los ranchos de antes. En aquellos tiempos los mismos chacareros hacían sus edificaciones". 

En 1938, con la colonización en San Francisco de Bellocq, "solicitó dos lotes y se los dieron, pasó de arrendar a ser propietario. Sin embargo, en el campo de Candia estuvieron al menos hasta 1940". Por entonces, habían nacido los seis hijos de Jacobo y Josina, cuatro varones y dos mujeres. 

Instituciones 

Con la formación de la familia, el problema a resolver era la enseñanza. Una dificultad que compartían todos los que habían ido al campo de Candia. Humberto cuenta que, en tales circunstancias, "mi padre viajó a Holanda y contrató a un maestro. Así fue el comienzo del Colegio Holandés". 

Las clases empezaron en la escuelita que se hizo en La Federación. "Creo que éramos once alumnos. El maestro no sabía castellano, él aprendió a hablar castellano con nosotros", recuerda. Y comenta que "después seguimos estudiando ya con un programa en castellano y dimos examen libre en la Escuela 1. Hice un año también en la Escuela de Artes y Oficios". También asistió al inmueble que fue alquilado para dar clases en avenida Belgrano y Paso, donde actualmente se encuentra la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días. "Ahí sí solíamos estar internados un mes entero o un mes y medio sin poder ir a casa. Ya vivíamos en San Francisco y no era fácil viajar", relata. 

El 16 de abril de 1938 nació la Cooperativa Excelsior, que luego fue llamada Alfa. Jacobo Groenenberg fue uno de los fundadores, "estuvo en la formación de la entidad y además toda la vida participó en el Colegio Holandés". 

 La familia, igualmente, participó en sus distintas generaciones de la Iglesia Reformada, que surgió a principios del siglo pasado por iniciativa de la colectividad holandesa. 

El trabajo 

Comenzó a desempeñarse en el campo cuando tenía 14 años. "Mi hermano mayor (Arie) trabajó varios años con caballos, para arar y en otras actividades. Después cuando vine yo se empezó a modernizar un poco", puntualiza. 

Se requería hacer un gran esfuerzo. "Teníamos la cosechadora vieja y era todo en bolsas -explica-. Terminaba la cosecha y tenías una muy importante cantidad de bolsas en el campo, pesaban entre 60 y 70 kilos. Había que juntarlas, cargarlas en el camión o meterlas al galpón. Así tenemos la columna ahora". 

Deja en claro que "había que trabajar y trabajar", pero de inmediato destaca: "La pasábamos bien, disfrutábamos la vida igual. Salíamos de vacaciones, nos gustaba mucho la pesca y éramos bastante parejos los hermanos para eso. Ibamos en villalonga a pescar". Tuvo una pausa obligada cuando debió realizar el servicio militar en Tandil. Además, entre las prácticas no relacionadas estrictamente a las tareas agropecuarias, fue guardafauna junto a Ernesto Ré y Enrique Achígar. 

Se muestra agradecido porque "siempre tuvimos personal muy bueno. Con papá vino Derek van Schering de Holanda, trabajó muchos años con él, cuando nos instalamos en San Francisco estuvo también mucho tiempo. Muy fiel y compañero. Después se retiró y papá le ayudó a comprar 50 hectáreas en Tres Arroyos". 

En la conversación con este diario, describe la manera en que se fueron expandiendo. "Trabajamos los hermanos juntos hasta tener cierto capital -manifiesta-. Comprando campo arrancamos con la colonia, después algún otro vecino quería vender y lo adquirimos en cuotas o mediante un crédito. Fuimos creciendo y llegamos a tener 3000 hectáreas. Cada uno estaba casado, tenía su familia e hijos, entonces se decidió distribuir; empezamos otra vez Groenenberg S.A. juntando ahorros, fuimos comprando en San Mayol y lo volvimos a repartir". 

Integró la Cooperativa Agrícola de San Mayol y fue presidente durante tres años. Relata que "en ese tiempo era una cooperativa floreciente. Hicimos varias cosas, por ejemplo trajimos electrificación rural a la zona. Después se fue achicando y años después perdió fuerza, yo ya no estaba. Había muchos chacareros con superficies chicas arrendadas, esa gente se fue". En la Cooperativa Alfa fue síndico y director durante 31 años. En parte de ese tiempo, de manera simultánea estuvo en la Cooperativa Agrícola de San Mayol. 

Su lugar 

En dos oportunidades, Humberto manifiesta que "el campo me encanta". Lo hace cuando se refiere a su retiro de la actividad hace aproximadamente cinco años. 

 "Nos vinimos más para Tres Arroyos. Si fuera por mí estaría viviendo en el campo. Pero los años no vienen solos. Ahora voy cada quince días", señala. El establecimiento se llama La Querencia y Humberto afirma que "mi hijo Jaapje sigue trabajando, con el nieto Santiago y un ingeniero agrónomo". 

 Sus otros hijos son "Eddie, quien estudió ingeniería mecánica en Buenos Aires; Marina, hizo un secretariado; y Robbie, que actualmente tiene una oficina de seguros y comisiones". 

Avances 

Habla de los cambios notorios por la tecnología. Lo expresa con dos ejemplos: "Tenemos un tractor que se maneja en forma satelital, algo que era impensado. Nos vienen a cosechar de Córdoba y las Case te abarcan, si la jornada anda bien, hasta noventa o cien hectáreas; antes hacíamos con suerte diez". Tuvo cabaña de la raza limousin, cuando era menos conocida y con un mercado más reducido.

 "Después los chicos se retiraron, prácticamente quedé yo solo en el campo y la aguanté unos años más y lo liquidé porque era mucho trabajo", argumenta. Actualmente, su hijo y quienes lo acompañan en la producción "están poblando de vacas otra vez". Es clave estar. Sobre todo "si uno quiere agrandar, trabajar con ganadería, hacer las cosas bien con rotaciones y pasturas". 

Humberto vuelve a expresar su alegría porque lo nombraron Agricultor Pionero. Se remonta a lo que ocurrió en los años 20 del siglo pasado, cuando se originó una historia protagonizada por inmigrantes que creyeron que les esperaba en el país un porvenir venturoso. Se encargaron de que así sea.