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Despejado

Carta de Lectores

Escribe Eduardo Mirmi

Sobre la zona de recreación y la violación de las normas

16|01|18 11:43 hs.

Señora directora: 


Los argentinos tenemos una acendrada vocación a no cumplir las normas, sean estas gubernamentales, municipales, barriales o de cualquier otra índole. 

Asimismo y como consecuencia de aquella inveterada conducta, también rápidamente buscamos una excepción que nos legitime a violarlas, lo que a su vez pretendemos que se transforme en permanente. 

La nota de este diario del pasado 13 del corriente informando que un grupo de turistas había irrumpido en el negocio particular del señor delegado municipal, reclamando que se modifique la zona de recreación es una muestra cabal de aquella penosa conducta. 

Pese a que existe una ordenanza que claramente delimita la zona de recreación, algunos "privilegiados" la violan sin contemplaciones y cuando son advertidos de tal circunstancia por las autoridades o la prensa, protestan ruidosamente, sin ningún argumento válido, por cierto. 

La nota presentada al señor Avila es una muestra cabal de ello y exhibe la utilización de argumentos poco creíbles en pos de su cometido, como la necesidad de salvaguardar el derecho de los discapacitados o ancianos, a quienes, señalan, se le debe facilitar el acceso a los baños públicos. 

Tal argumento, insincero por cierto, queda desacreditado a poco que advirtamos que es difícil ver entre aquellos privilegiados turistas a personas que exhiban esas minusvalías, y aún, de ser verídico, resulta difícil para el sentido común que los mismos puedan transitar 200 metros médano arriba y luego bajar para acceder a los baños públicos. 

En tal caso, mucho más fácil sería que los motorizados turistas llevaran a esas personas a bordo de sus vehículos y evitaran el esfuerzo en las blandas arenas, lo que bien podían hacer desde otros puntos más distantes de la referida zona. 

Tampoco resulta razonable la bajada del Club Náutico, en medio de la zona balnearia, en las que se permite a los motonautas hacer slalom entre los bañistas del balneario lindero, en la que además, en otra muestra de aquella vocación de violar una norma y legitimar una excepción, se ha permitido bajar automóviles, aún sin lancha, contra el pago de un canon, lo que resulta inadmisible a mi criterio. 

Entiendo respetuosamente que dicha zona debería incluso ser corrida varios cientos de metros, tanto al este desde la actual zona de recreación, como al oeste en Dunamar, porque no existe playa en el mundo en las que frente al éjido urbano se permita el estacionamiento de vehículos y sus accesorios, en plena zona balnearia, que no solo irrumpen el paso de los turistas de a pie, sino que cuando los mismos se retiran, dejan diseminados todo tipo de residuos, desde hidrocarburos y lubricantes de sus vehículos, hasta comida, bebida y también excrementos de sus mascotas, por mencionar sólo algunos. 

Concluyo así en que el despeje definitivo de vehículos de la zona balnearia coadyuvará a disfrutar en plenitud de la belleza natural de las playas de Claromecó a la inmensa mayoría de los veraneantes, pese a la pretensión sempiterna de aquellos "excepcionantes". 

 Eduardo Mirmi