Fabricio Doladé dialogó con La Voz del Pueblo

La Ciudad

Fabricio Doladé, soguero

“El maestro Don Ángel Castiglioni me abrió la puerta a este mundo”

28|08|22 11:13 hs.

Por Luciano Moran


La historia de Fabricio Doladé marca que nació en Orense el 4 de noviembre de 1972 y que en poco tiempo, cumplirá 50. En esa localidad vivió hasta los 13 años, ya que luego decidió venir a estudiar a Tres Arroyos para hacer la secundaria en el Colegio Nacional turno tarde, institución en la cual siguió la modalidad de perito mercantil. 

Actualmente tiene un taller -en la parte de atrás de su casa- donde confecciona diferentes productos de soguería criolla, su actividad principal con la cual pudo registrar de manera oficial su marca: Gato y Mancha. 

A su vez, creó hace un año y medio una escuela de artesanías criollas argentinas a través de una plataforma online, con el objetivo de dar clases y asesoramiento a personas interesadas en el rubro que están en distintas partes del mundo. “El 70 por ciento de mi tiempo se lo dedico a eso y el resto, a hacer productos de soguería criolla. Hago cinturones, billeteras, llaveros, mates, cuchillos, cosas para caballos, restauraciones, pulseras y todo que pueda en ese aspecto”, confió a La Voz del Pueblo Fabricio Doladé. 



Se define como soguero clásico y se diferencia del talabartero. “El talabartero trabaja más con suelas para tiros de caballos y con monturas. El soguero opera con el cuero crudo. Es el material sin tratamiento químico, totalmente al natural como se hacía hace miles de años. A partir de su secado, comienza todo nuestro trabajo. No tiene tratamiento artificial, eso es clave para que sea un buen cuero y poder generar mis propios productos”, agregó.

Un antes y un después 
Arrancó desde muy chico, cuando tenía tan solo 11 años. Por ese entonces, vivía en Orense en una quinta y fue aprendiendo de a poco la actividad gracias a un gran maestro que tuvo: Don Ángel Castiglioni. “Fue una eminencia, supo hacer trabajos para los presidentes de la Nación. Fue muy conocido acá y en todo el país. Hasta donde tengo conocimiento, él fue quien me enseñó a mí únicamente esta labor. Todavía recuerdo aquel día cuando hablé con él porque se me había roto una prenda de un bozal de un caballo que yo tenía. Yo no lo conocía y una abuela mía me recomendó verlo a Don Ángel Castiglioni. Hasta allí, no sabía quién era”, añadió. 


En el taller de su maestro, Don Ángel Castiglioni (1992)


El propio Doladé le dijo que era él quien quería arreglar lo que se le había roto y fue Castiglioni quien lo ayudó sin dudarlo un minuto. “Así surgió la idea de enseñarme y realmente me encantó. A partir de ahí, fui aprendiendo cada vez más y mi entusiasmo creció a pasos agigantados. Me acuerdo que fueron unas vacaciones de verano que me volaron la cabeza. Experimenté un montón, era otra época. Cada vez que tenía posibilidad de venir a Tres Arroyos -cuatro o cinco veces al año- lo hacía con mis viejos y me quedaba todo el día en el taller y en la casa de Don Ángel, trabajando con él y observándolo en cada momento que podía”, subrayó con emoción. 

Ya instalado en Tres Arroyos y en su época de adolescente, vivió en pensiones y siguió camino hacia adelante. En este sentido, hizo referencia a que “tenía unas cajitas con unos tientos de cuero y trozos de soga. Siempre hacía llaveros, cintos para gente conocida y amigos. Con eso, me iba pagando mis cosas más allá de la ayuda que me daban mis padres. A la vez, aprendí a tocar la guitarra de oficio en Orense. Todo viene en realidad por el amor a los caballos. El caballo es la síntesis de todo lo tradicional. Me encanta el folcklore, hacer comidas criollas y todo lo relacionado a las tradiciones”. 



El taller lo habilitó hace seis años cuando se fue de su último trabajo en el Banco Galicia. En base a ello, Doladé sostuvo que “siempre estuve trabajando en sogas y tengo muchos pedidos del exterior. Por suerte vendo mucho a clientes de afuera - Europa y Estados Unidos-. También tengo pedidos de gente de la ciudad y la zona. El sitio oficial es www.gatoymancha.com, en redes sociales -Instagram y Facebook- me pueden encontrar como Gato y Mancha. Próximamente innovaré en un canal de Tik Tok (risas) porque la idea es llegar a mayor cantidad de público para difundir el tema de la soguería”. 

La decisión
Tras estar enrolado más de 25 años en el sistema bancario, decidió renunciar y enfocarse en las cosas que lo apasionan. Y no se arrepiente del camino que optó seguir para su vida, sino todo lo contrario. “El tema de trabajar con sogas era algo tan placentero para mí que lo pensaba como un hobbie. Cuando me voy del banco, se invirtió la ecuación naturalmente. Pasó a ser mi actividad central el taller y la soguería criolla. La música y lo demás, quedó en un plano secundario. El 90 por ciento de mi tarea diaria pasa por el taller y todo lo que hago con los cueros”, explicó con una gran sonrisa sobre su rostro. 

Además, hizo mención a que los artesanos generalmente usan su propio nombre cuando emprenden algún proyecto propio. En su caso, Fabricio Doladé contó que “yo decidí registrar mi marca con un nombre de dos caballos muy famosos como lo son Gato y Mancha. Llegaron a Estados Unidos y eran de la familia Solanet, de Ayacucho. Esa historia siempre me gustó y tiene que ver con este espíritu de la aventura, por eso es que elegí ese nombre: Gato y Mancha. Decidí enrolar varias cosas detrás de esa marca porque me permitió hacer productos, generar la escuela y vender lo que se hacer a otros lugares del mundo. Tengo mates, bombachas de campo, alpargatas, cintos y varias cosas más. En junio de este año y luego de casi 8 años de espera, mi marca quedó registrada. Eso me permite trabajar más tranquilo y le da seriedad a mi tarea como soguero”. 


Cintos, uno de los tantos productos que confecciona el soguero Fabricio Doladé


Ya con ese registro asentado que le da una mayor seguridad legal, armó una escuela de artesanías criollas argentinas por medio de una plataforma oficial virtual. “Allí no solamente se dictan cursos en línea de soguería criolla, sino que todo aquel que tenga interés en aprender cualquier cuestión relacionada a nuestras tradiciones, lo puede encontrar en esa plataforma de E-learning ingresando al portal web anteriormente detallado. Son cursos modulares, uno los hace cuando desea. Hay videos, cuadernillos de técnicas y se puede ir trabajando al ritmo de cada uno”, indicó. 

Con varios proyectos en mente de cara al futuro, adelantó que en septiembre comenzará a dar una capacitación presencial en el taller para el público local. Asimismo, adelantó que “próximamente en la plataforma virtual habrá cursos de platería criolla bajo ese estandarte y daré una parte de lo que es soguería criolla. Más adelante, la idea es invitar a otros profesores que ya tengo vistos para avanzar en otras cuestiones. Seguramente habrá expertos que den orfebrería criolla, telar y teñidos naturales de lanas y productos con barro. Apunto a que cada uno sea educador dentro de la escuela virtual. Esta plataforma permite integrar todo el conocimiento de los cursos en línea en un mismo sitio”, detalló. 

Agradecimientos 
Por último, se tomó un tiempo para saludar y agradecer a todos los que colaboraron con él para que hoy tenga este presente. “Agradezco profundamente de corazón a el maestro Don Ángel Castiglioni, fue quien me abrió la puerta a este mundo. Todos los días me acuerdo de él, fue un faro para mí. También quiero agradecer a Sheila Moreno que me ayudó con la página web, a una amiga peruana -Akemi Ortiz- por su excelente trabajo en Growth Marketing, a Mariano Rodríguez por su gestión ante el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) que me asesoró y me mostró el camino para poder registrar mi marca. Gracias a Jaime Callá por el diseño de nuestra marca, a mi familia, amigos y clientes por estar siempre conmigo”, concluyó Fabricio Doladé.   




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