Sergio Pessina y Fabián Rodrigo, el viernes último en Quelaromecó

Opinión

"El día que ya no me quieras"

Una propuesta teatral-musical de calidad

25|01|22 11:40 hs.

Por Andrés Mazzitelli


Estamos en algún punto de los años 70, seguramente antes de la dictadura. Un viejo bar y una desolada noche de lluvia son el marco para que Vicente y Maestro se encuentren. El primero acaba de ser abandonado por su mujer. El segundo, mozo y dueño del bar, acompaña el tumultuoso duelo de su cliente con copas de grapa y su guitarra. Los tangos emergen del diálogo entre ellos, casi soliloquio del doliente y su involuntario confesor. Así, nos vamos enterando de las contradicciones de su romance malogrado, del callejón sin salida que se va construyendo para encerrarse solo, quinta esencia de la temática tanguera, de la lacónica sabiduría telegráfica de Maestro, que en cuenta gotas, intenta arrojar algo de luz a su confusión. 

Esa es la excusa y de pronto, los espectadores estamos en un esquema que destaca por su originalidad. No es un show de tango, pero sí, o mejor, una obra de teatro con características de musical. Tal vez ambas cosas. Quizás ahí resida el valor de “El día que ya no me quieras”: en escapar al molde y buscar un nuevo formato para contar una historia. 

Párrafo aparte para las interpretaciones musicales de Rodrigo y Pessina, que logran sin excepción un clima emotivo y por momentos sobrecogedor. Las correctas actuaciones se refuerzan con vestuario y escenografía cuidados hasta en los pequeños detalles, lo que permite adivinar el trabajo que hay detrás de la producción. 

Conspira un poco en contra el ruidoso entorno de la misma sala, que por momentos saca al público y a los protagonistas mismos del clima intimista, y del patetismo de los personajes. Sin embargo, los intérpretes salvan este detalle a fuerza de discretísimo humor y redondean así una faena de gran nivel. 

Entre otros, se destacan momentos como la versión de “Nada”, de Dames y Sanguinetti, en ritmo de bolero, o “El día que me quieras” de Gardel y Le Pera, cantado de espaldas por Rodrigo, durante una llamada de su personaje en un antiguo teléfono público, otro acierto de la puesta. 

Hacia el final, ya con Vicente fuera de escena, Maestro nos sorprende cantando él mismo una hermosa versión de “Marioneta”, de Tagini y Guihandut . Y es la primera vez, al menos en esa función, en que el público queda en silencio al terminar el último acorde, sintiendo que aplaudir sería profanar o romper esa dulce tristeza de encantamiento que emana del escenario. 

Es ahí donde el artista sabe que lo ha logrado, una vez más. Y el largo aplauso del saludo final es prueba fehaciente. 

“El día que ya no me quieras” lo ha logrado.

Enhorabuena.



Add space 300x250x2