Las páginas 12 y 13 del sábado 22 de diciembre de 2001 reflejan lo que sucedió en aquella calurosa j

La Ciudad

A 20 años del Corralito y el estallido social

2001 y 2021: Tres Arroyos y Tres Arroyos

19|12|21 09:11 hs.

Producción periodística 

Gonzalo Arias 
Marcos Fersen 

Deuda. Blindaje. Megacanje. Crisis. Club del trueque. Corralito. 250 pesos por semana. FMI dice que no. Corralón. Colas en los bancos. Colas en los comedores. ¿Dolarización? 

Paro de la CGT y la CTA. Saqueos. Siete muertos. Chau Cavallo. Más crisis. Más saqueos. Represión. Propuesta de cogobierno al Partido Justicialista. Negativa. 

Más saqueos. Más represión. Estado de sitio. 39 muertos. “Que se vayan todos/que no quede ni uno solo”. Helicóptero. Chau De la Rúa. Cinco presidentes. Asamblea Legislativa. Hola Duhalde.

El vértigo de un país al borde de la fragmentación es difícil de resumir y menos aún de abordar desde un punto de vista imparcial. Los hechos que se produjeron desde principios de diciembre de 2001 hasta bien entrado 2002 forman parte de la memoria que se inscribe a fuego en los cuerpos y mentes de más de una generación.

La explosión de la Convertibilidad, ese instrumento ejecutado para salir por arriba de otra de las grandes crisis del país como lo fue la Hiperinflación de fines de los ochenta, supuso el fin de todas las certezas que la Argentina conoció en esa década (dorada para algunos, ocre para otros), la que auguraba el ingreso triunfal al Primer Mundo pero que, con un cachetazo a mano abierta, la colocó en el furgón de cola en esa división de naciones que no conoce de segundos mundos sino que decanta directamente en el tercero.

En Tres Arroyos, mediado por la lejanía de los inflamables centros urbanos del país, las jornadas que desembocaron en la más feroz crisis contemporánea se vivieron en cámara lenta. En el vaivén de las circunstancias macroeconómicas, la atención de la ciudadanía se distraía en los presagios de otra temporada de verano y la política autóctona, oh casualidad, se encontraba más preocupada por la aprobación del presupuesto 2002 que por el desenlace trágico de una era. 

Hasta que la realidad habló por si misma.

“Garrapiñadas si, alverjas no” 
Las escenas que operaban como reflejo de lo acontecido en otras ciudades eran las aglomeraciones en bancos para reclamar y lamentarse por el destino de los ahorros personales, imposibilitados de ser retirados en su totalidad luego de que el 2 de diciembre el ministro de Economía Domingo Cavallo dispusiera la limitante de 250 pesos por extracción bancaria luego de que el Fondo Monetario Internacional (¿te suena?) interrumpiera el crédito en el contexto de una fenomenal fuga de capitales y retiro de los depósitos.

Días después, los bancos Credicoop, Francés, Galicia, Provincia y Rio instauraron la atención los sábados mientras que la mayoría extendió el horario hasta la media tarde. Repetidas hasta el infinito fueron las anécdotas de gerentes y cajeros saliendo raudamente de las sucursales para no sufrir en carne propia decisiones que los excedían por completo pero de las cuales eran el primer catalizador de la angustia ante los ojos de ahorristas desesperados que veían cómo su futuro se diluía por goteo.

El otro fueron los clubes de trueque que permearon en las capas medias como un amortiguador de los escasos ingresos familiares, que mixturaban productos por servicios y/o viceversa. 

En Tres Arroyos, mediado por la lejanía de los inflamables centros urbanos del país, las jornadas que desembocaron en la más feroz crisis contemporánea se vivieron en cámara lenta


Sin embargo, del otro lado del andarivel social la necesidad trocó en acción directa: a tono con lo acontecido en Rosario, Mendoza, Santa Fe y el Conurbano, en donde proliferaron los saqueos a comercios, la ciudad se encontró con su propia imagen reflejada en uno de los laterales de la Plaza San Martín. 

El 21 de diciembre, con el país aún convulsionado luego de la salida aérea del presidente Fernando De la Rúa y un día antes la de su ministro estrella, alrededor de 300 personas exigieron la entrega de alimentos navideños a la Cooperativa Obrera, la cual fue blindada por un extenso operativo policial en la puerta para impedir eventuales desbordes. “Garrapiñadas si, alverjas no”, fue el ringtone que se viralizó en esa época sin conexión wifi. 

Ausentes las redes de contención estatal que se tejieron al promediar la década, el cimbronazo de ese otro Tres Arroyos se extendió más allá. El temor, expresado por lo alto y por lo bajo, era que apenas un desmán fuera la chispa que encendiera la pradera y emparentara a la elegante Colón y sus adyacencias en una Plaza de Mayo a menor escala.

Con el reloj en contra las gestiones entre autoridades de Acción Social -más acostumbradas al cara a cara barrial y el conocimiento capilar de parte de las “manzaneras- y la firma supermercadista -más acostumbrada a la relación consumidor/empresa- fueron encauzándose. Un nuevo lugar, en Castelli 234, fue la boca de expendio de las 600 bolsas de mercadería acordadas entre las partes para mitigar el posible estallido céntrico. 

La imagen te desfiguró
Días después, los análisis de los porqué, los cómos y los quiénes poblaron las mesas y esquinas. Muchos optaron por susurrar “clientelismo” de partidos opositores al gobernante vecinalismo que contaban con ascendencia barrial, los menos olfatearon “infiltrados”, otros optaron por compadecerse. 

Veinte años transcurrieron desde ese insurgente 2001 a este agitado 2021


Lo cierto es que la demanda social, pacifica en su desarrollo, fue real como los severos rostros de los expulsados del sistema que acudieron a la entrega. Aunque sea por un instante, obligó a abstraerse por un momento de los preparativos por la Navidad para notar que el espejo devolvía una imagen deformada, ajena a la de esa ciudad idílica que en muchos aspectos aún persiste en el imaginario local. 

Muestra palmaria de esa ajenidad a los eventos de ese día se pueden rastrear en dos ediciones de este matutino, del mismo 21 y del 23: mientras en la primera de las ediciones una encuesta a ciudadanos colocaba la exigencia en la ansiada renovación dirigencia nacional por la ineptitud demostrada en materia económica, en la segunda la dirigencia local tomaba el guante para exigir lo mismo pero sin que en ese reclamo recayera en sus propias formas y figuras. La responsabilidad, como las vaquitas, siempre es ajena. 

Mejor que ayer, peor que mañana 
Pocos días después, apagados la mayoría de los incendios pero con las brasas intactas, una mesa de concertación entre el Ejecutivo y el Concejo Deliberante para amortiguar un nuevo reclamo popular -finalmente no concretada- asomaba como un nuevo paliativo sin descuidar en que las imágenes no debían repetirse para ahuyentar los demonios del caos que atenazaron la voluntad de quienes tienen el mandato popular de conducir la cosa pública. 

“Me parece que en estas situaciones de ninguna manera se pueden tomar de forma diferente sino que tiene que haber una unidad de acción de toda la dirigencia política”, apostrofó el entonces intendente Carlos Aprile, consultado sobre una eventual nueva entrega de alimentos en palabras que, trasladadas a la actualidad, bien podrían ajustarse al pedido del intendente en ejercicio Carlos Sánchez para desbloquear el tratamiento del Presupuesto 2022. Veinte años transcurrieron desde ese insurgente 2001 a este agitado 2021. 

Veinte años de profundas transformaciones y cortos períodos de bonanza económica que reconfiguraron la matriz de un país cuyas deudas sociales se acumulan sin fecha cierta de resarcimiento ni beneficio de inventario. 

Veinte años de una ciudad que también mutó varias veces de piel hasta transformarse en una potencia agroindustrial y de servicios, que conjuga altos estándares de vida con fuertes asimetrías en los extremos de la cada vez más ancha pirámide social. 

Ese hipotético diálogo entre el pasado y el presente arroja preguntas que podrían no tener respuesta o por lo menos no una sola: ¿es Tres Arroyos la “isla” que muchos pretenden o añoran o apenas una península conectada por franjas separadas pero, en el fondo, semejante? ¿Es ese paraíso con playas a media hora, posibilidad de ascenso económico y siestas veraniegas? ¿O es ese espejismo que se fuerza por presentarse como real pese a las evidencias en contrario y opera como un velo que no permite ver más allá?.

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Juan Etcheto: "Era una pelea de pobres contra pobres"
Juan José Etcheto no olvida, ni olvidará aquellos días de diciembre de 2001 como gerente de la sucursal local del Lloyds Bank. El hoy empresario gastronómico recuerda los momentos que vivió hace dos décadas, marcados por la tensión y la incertidumbre de un escenario económico, político y social más que delicado.



"No fueron momentos gratos para nadie. A nivel de bancos, el Corralito impactó muy fuerte", recuerda.

En un repaso de lo que dejó aquel contexto, Etcheto menciona que la entidad financiera local en la que él fue referente respondió en tiempo y forma en la mayoría de los casos. "Cuando llegaban los abogados con los oficiales de justicia, el banco disponía de los fondos para ser entregados. Hubo reclamos, fundamentalmente de los Fondos Comunes de Inversión, que tardaron un poco más porque había que implementar otros procesos. Sin embargo, quienes los hicieron por la vía ordinaria, salieron rápido", cuenta. 

Aquellos días de diciembre de 2001 fueron complejos para todos, tanto para los damnificados por el Corralito impuesto por el Gobierno como para los trabajadores bancarios que debían afrontar el cara a cara con los clientes. "Era una pelea de pobres contra pobres. Ninguno teníamos la culpa de lo que pasaba; ni los empleados, ni, obviamente, los dueños de los fondos", sostiene. 

Para afrontar ese momento, hubo una clave que resultó ser fundamental. "Por lo menos en el caso nuestro, y creo que sucedió en muchas de las sucursales, una de las fortalezas que surgieron fue el compañerismo que se vio. Cuando uno estaba caído, venía el de al lado y apoyaba en lo que sea. La presión de la gente era muy fuerte. Por suerte, en Tres Arroyos no se dieron situaciones extremas, tal como sucedió en otras sucursales, donde, por ejemplo, algunas tuvieron que ser tapiadas", recuerda.

"Era estar codo a codo con los jubilados. Dolía ver a la gente pedir por sus ahorros, pero más aún dolía lo que estaban pasando los jubilados. Nosotros tuvimos la suerte de estar en el Lloyds Bank que pudo responder efectivamente en la mayoría de los casos", destaca Etcheto.     



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