El viernes, en la feria que se llevó a cabo en el SUM de la Escuela Técnica

La Ciudad

Discapacidad: un emprendimiento que crece

Lo que potencia el Club de la Cocina

05|12|21 10:17 hs.

Los protagonistas del Club de la Cocina son Celica Sode, Guillermo Tamagno, Alejandro Folguera, Karen Jensen y Daniel Caso. Ellos son los destinatarios de la tarea que llevan adelante la terapista ocupacional Rosario Cozzetti y Rocío Folguera. El Club de la Cocina tuvo días muy activos.


El martes, en el marco de la Semana de Sensibilización, sus integrantes brindaron una charla a alumnos de sexto grado del Colegio Holandés. El viernes, participaron en la feria que se llevó a cabo en el SUM de la Escuela Técnica.

La Voz del Pueblo dialogó con Rosario Cozzetti y Rocío Folguera, quien se incorporó este año, sobre las características de una propuesta pensada para personas con discapacidad. 

Los primeros pasos del Club de la Cocina tuvieron lugar en 2018. Rosario comentó que “ese año volví luego de estudiar en Buenos Aires. Busqué trabajo, no conseguí nada en relación de dependencia. Creamos el Club de la Cocina con una amiga de mi hermana, que se llama Eugenia, tenía La Strada y se encargaba más de lo gastronómico, pero siente mucha afinidad con personas con discapacidad”.

Es un emprendimiento de inclusión socio laboral. “Me pareció que es algo que no había -argumentó-. Yo en Buenos Aires había trabajado en un centro de formación integral, que tenía un local a la calle, con una panadería y sus integrantes se encargaban de todo”. 

Estaba conformada por personas con discapacidad que “trabajaban como en una panadería convencional. Hacían los productos, pero además se encargaban de atender a los mayoristas, calcular los costos, el packaging vinculado c como presentar el producto, la publicidad”. 

Otras tareas consistían en “salir a vender, repartir, llevar a locales, y que recibieran un dinero a cambio por su trabajo. No es que fuera algo terapéutico para pasar el rato y ya está”. 

El Club de la Cocina posee un perfil similar. “Lo organizamos con Eugenia en el fogón de su casa. Al principio lo hacíamos solo por obra social. Vimos que había chicos a los que la obra social no autorizaba, querían participar igual, empezamos a hacerlo también de forma particular”, explicó. 

Participaron en ferias o solían ubicar una mesa en el Paseo Español los sábados a la mañana para vender los productos. Recordó que “hacíamos pizzas, marroc, fuimos probando distintas recetas. Una tarde la destinábamos a cocinar, otra al supermercado para hacer compras, otro día nos encargábamos de calcular el costo de algún producto que estuviéramos preparando”.

Incorporación 
Este año se produjo un cambio. Rosario observó que “Eugenia no lo hizo más al taller y lo comenzamos a realizar en mi casa con Rocío. Potenciamos mucho el tema laboral, sumamos un día más para hacer dos de cocina intensa y el tercero dedicarlo más a lo extra, costos, envasado, presentación y publicidad”.

Buscan que las personas que participan del club “sean parte de todo el producto, que los represente completamente. Las ventas se realizan por Instagram o les damos imágenes, fotos por Whatsapp y listas para que puedan ofrecer. La idea es que vendan ellos, no sus familiares”. 

Un aspecto clave es “potenciar la mayor autonomía e independencia posibles en todas las áreas. Que hagan las cosas por ellos mismos, que tengan su dinero, que sepan cómo administrarlo, usarlo, ahorrarlo, salir a vender, anotar en listas, organizarse para ver como lo comercializamos, de qué manera lo entregamos”. 

Otra modificación de 2021 es que “decidimos enfocarnos en productos que salen impecables. Que la gente diga, por ejemplo, yo quiero los marroc del Club de la Cocina. Y además pensamos productos para fechas especiales como Pascuas, el 25 de Mayo, el Día de la Madre, el Día del Maestro o Navidad”. 


En el Colegio Holandés. Alejandro Folguera, Celica Sode, Rocío Folguera, Guillermo Tamagno, Karen Jensen, Daniel Caso y Rosario Cozzetti, durante una charla brindada a alumnos de sexto grado


Quienes se desempeñan en el club tienen entre 27 y 40 años, pero no hay una franja de edad determinada para sumarse. Rocío subrayó que “la idea es que ellos mismos sean los que impulsan el emprendimiento, se los inculcamos desde que comenzamos. El trabajo, la responsabilidad”.

Incluso ha sucedido que “nos proponen determinadas recetas, o les preguntamos qué les gustaría cocinar, qué fecha se acerca”. 

En este sentido, Rosario puso de manifiesto que “es como un emprendimiento convencional, por más que sea integrado por personas con discapacidad. Funciona como cualquier otro. Con división de roles, porque hay personas que tienen más facilidad para lo manual, otros para el dinero”. 

Más allá de las actividades establecidas para cada uno, Rocío expresó que “igual no dejan de sorprendernos nunca, siempre se adaptan, lo que les proponemos les gusta”. 

Con el otro 
Asimismo, se armó un grupo de amigos o compañeros de trabajo, que pueden realizar una actividad fuera de lo laboral. “Queremos fomentar las habilidades sociales”, indicaron. El aislamiento por la pandemia “quizás trajo algunos efectos secundarios y estuvo bueno favorecer el tema de retomar el contacto con el otro”. 

Una parte de lo que ganan lo utilizan para una salida. Rocío comentó que “conocen un lugar, disfrutan el momento. Además aprendemos a calcular los costos de lo que podemos pedir, controlamos los tickets. Se aprende igualmente acerca del respeto al mozo y al resto de los vecinos también, que no podemos estar gritando en un lugar, cómo comportarnos”. 

Lo mismo sucede “cuando salimos al centro, vamos al supermercado. Con los protocolos por la pandemia, mantener la distancia. Al entrar decir buen día, al salir hasta luego, gracias. Todo se pide por favor”. 

La pasan bien, avanzan en equipo. Si bien hay mucho por hacer, “algún día si estamos un poco más relajados de trabajo hacemos un picnic o probamos algún producto nuevo -dijo Rocío-. Nos damos ese ratito de descanso y de compartir dentro del taller. Les gusta mucho trabajar con música”. 

Otra sede 
Rosario fue mamá y en consecuencia, el club se mudó “al fogón de Ale Folguera. Están muy cómodos, tienen un buen horno, recibieron un microondas como donación y además un gran horno pizzero, que todavía no instalaron. 

Con alegría, Rocío puso de manifiesto que “es gratificante ver la evolución y como se van enganchando. De las primeras veces que hacíamos marroc, lo que nos costaba, a lo rápido que lo podemos producir ahora”. 

Con el tiempo se van conociendo, “si alguien llega serio o apagado, el resto se da cuenta, se animan entre ellos. Es muy lindo”, concluyó.   

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En Instagram
El Club de la Cocina tiene su espacio en Instagram, a través del cual pueden contactarse los interesados en solicitar un producto o realizar una consulta. Deben ingresar en @elclubdelacocina.tsas 

Las próximas actividades serán intervenir en una feria, donde van a vender pan dulces con una receta no tradicional. Destacaron que “sale muy rico, es el tercer año que lo producimos para las fiestas”. 



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