Diego Accorsi, Robin Wood, Julio Neveleff y Leandro Paolini Somers

La Ciudad

Leandro Paolini Somers, coautor de su biografía

“Robin Wood fue un autor irrepetible”

31|10|21 12:58 hs.

Por Alejandro Vis


Quienes tienen más de 40 años, es muy probable que en su infancia y adolescencia hayan tenido en sus manos un ejemplar de D’artagnan, El Tony e Intervalo, por citar algunas de las recordadas revistas de historietas. 

Formaban parte de un verdadero encuentro con la aventura, la imaginación, el ingreso a un mundo que planteaba intrigas y sorpresas. Entre los creadores de personajes y guionistas, ocupa un lugar muy destacado Robin Wood, cuyo fallecimiento se produjo hace pocos días, el domingo 17. 

Le dio vida nada menos que a Nippur de Lagash, Pepe Sánchez, Mi Novia y yo, Jackaroe, Mark, Savarese, Gilgamesh el inmortal, Helena, Dago, entre muchas otras historietas. 

Robin Wood nació el 24 de enero de 1944 en Caazapá, Paraguay; y falleció en la ciudad de Encarnación, en el mismo país, a los 77 años.

Su origen está relacionado, es consecuencia, de la llegada de centenares de socialistas fabianos o utópicos a Paraguay, provenientes de Australia, desde donde decidieron migrar tras una fallida huelga de esquiladores. Querían “establecer una comunidad de acuerdo con sus principios”, como él mismo relató en una entrevista concedida en 2003 al diario La Nación. Con esta línea de pensamiento, fundaron la colonia de Nueva Australia. 

Fue criado por su madre, con padre ausente, padeció privaciones, vivió en orfanatos. Si bien cursó hasta sexto grado de Primaria, “a los 10 años leía a Baudelaire, Hemingway y Steinbeck”. Fue un ávido lector y cuando su situación económica cambió, viajó por el mundo. 

En abril de este año, Editorial El Ateneo publicó “Robin Wood. Una vida de aventuras: Biografía autorizada”, cuyos autores son Diego Accorsi, Julio Neveleff y Leandro Paolini Somers. En este contexto, La Voz del Pueblo dialogó con Leandro Paolini Somers, quien reside en Necochea desde hace aproximadamente cinco años.



En equipo 
La idea de escribir la biografía “nació a partir de 2001, cuando Diego Accorsi lo conoció a Robin”, recuerda Leandro. Sin embargo, pasaron varios años hasta que empezó a tomar forma. “Me hice amigo de Diego alrededor de 2011, ocasión en la que me contó el vínculo que tenía con Robin. Un año después, en un colectivo me habló de la vida del guionista, me pareció una excelente idea plasmarla en un libro. Nos bajamos del colectivo, nos sentamos en un bar y tomamos dos botellas de Quilmes, le dije que la mejor idea era hablarlo con Robin, pedirle que sea su biografía autorizada y si él no estaba de acuerdo, que saliese de todas maneras en forma no autorizada”, explica. 

En un evento que se realizó en nuestro país, tuvieron la oportunidad de conversar con el escritor. Leandro relata que “después nos conectó Julio Neveleff en Mar del Plata. Nos confesó que él estaba escribiendo un libro también con el aval de Robin, pero por su lado, entonces pensamos que era una tontera competir y decidimos unir el material”. Así quedó definida la autoría por parte de los tres, con un trabajo en equipo.

Sostiene que “a partir de ahí con Diego hicimos un año de investigación absoluta, todo lo que está en redes sociales y el material de origen argentino, español, italiano. Ambos vivíamos en Buenos Aires. Julio hizo más o menos lo mismo en Mar del Plata”. Con posterioridad, establecieron “una línea de tiempo”, así como avanzaron “con la escritura, las fotos. Nos llevó varios años”. 

En este sentido, observa que “lo más dificultoso fue conseguir una editorial importante, los vaivenes económicos de Argentina no ayudaron, la pandemia tampoco”.

Leandro se puso en contacto con Editorial El Ateneo, cuando ya había sido declarada la pandemia. “Les interesó el proyecto. Como Julio está viviendo en Mar del Plata y yo me mudé a Necochea, él único que se encuentra en Buenos Aires es Diego. Se reunió con los editores de El Ateneo, firmamos contrato vía correo porque no podíamos estar físicamente ahí”, describe los pasos del acuerdo para la publicación. 

De esta manera, enviaron el material original y en El Ateneo “lo maquetaron, recibimos el PDF. Quedamos encantados. Es un librazo literalmente hablando, grande, bien editado. Nos sorprendió el gramaje del papel, es una obra de mucho amor desde nuestro lado con la escritura y de El Ateneo con la edición”. 

Con satisfacción, dice que “es casi un libro objeto. Fue editado de manera muy respetuosa, muy precisa, con muy pocas correcciones. Estamos muy contentos por la portada, los interiores”. En forma previa, hace cinco años, firmaron un contrato en Italia con “001 Edizione, que publica El Eternauta y otros materiales argentinos. Todavía no realizaron el libro, estuvieron esperando quizás que termine la pandemia, pero tienen un año más de contrato con nosotros para hacer uso de la investigación”. 


Homenaje de Fuchi Bayúgar


Afirma que es muy importante lograr una buena distribución de los libros y agrega que no se trata de una actividad que pueda ser el único medio de vida; “ningún escritor vive de la escritura, solo los súper mega consagrados y hasta ahí nomás, todos tienen trabajos en paralelo como traductores, correctores. En mi caso, yo soy traductor”. 

Con expectativas y entusiasmo, expresa que “estaría buenísimo que el libro se pueda leer en lengua española por el Ateneo y que en Italia y San Marino se pueda llegar a leer a través de 001 Edizioni”. 

Sin ataduras 
Conoció a Robin Wood hace 8 años. Puede mencionar con precisión que fue el 18 de octubre de 2013, porque así se lo recordó en forma reciente Facebook. “Muy carismático, amable, entrador”, destaca. En el aspecto profesional, la experiencia fue igualmente positiva. “Se mostró sin problemas, sin ataduras. Nos comentaba ‘lo que ustedes quieran muchachos’. Nos reunimos dos veces en un hotel céntrico, a una cuadra del Obelisco, para tomar un café y con un cuestionario de por medio. Haciendo preguntas quirúrgicas para terminar de apuntalar el material”. 

Valora que “en ningún momento nos dijo ‘esto no lo pongan, esto no lo mencionen’. Entre todos acomodamos la línea de tiempo para que no haya errores. Necesitábamos corroborar la información con Robin, para saber si los datos que teníamos eran tan así o debían modificarse. Siempre fue súper gamba”. 

La vida del guionista resulta apasionante. Argumenta que “en la biografía nos retrotraemos a sus ancestros, porque es de origen tan particular, socialistas que se mudan a Australia, después vienen a Argentina y finalmente, les regalan tierras en Paraguay, donde se asientan. Nació y se crió hablando español y hablando celta en una comunidad del Paraguay, hizo trabajos muy duros en ese país y en Argentina. Con un rol bastante abandónico por parte de la madre y del padre obviamente, porque directamente no estuvo”. 

Aunque puede parecer un seudónimo, Robin Wood era su verdadero nombre, “una de las particularidades de tener origen irlandés” Cuando a partir de la muy buena repercusión de sus historietas en Editorial Columba mejora su economía personal, decide conocer otros países. “Viaja por el mundo, practica karate, paracaidismo. Escribe guiones en máquinas de escribir, los envía por correo y no se pierde ninguno, salen en Argentina en revistas como D’artagnan, Intervalo, que tenían una tirada de dos millones de ejemplares. Que se veían siempre en el colectivo, en los trabajos, en las peluquerías. Exponencialmente hasta se estima que tenían ocho millones de lectores porque se leían en familia”, manifiesta.

El mismo puede dar testimonio, porque “conocí la obra de Robin a partir de unas revistas que encontré en el fondo de la casa de mi abuela. Las leía con mis tíos, toda esa vida de trotamundos es interesantísima, es uno de los tres mejores guinoistas en la historia de la historieta en Argentina junto con Héctor Germán Oesterheld y Carlos Trillo”.


Leandro Paolini Somers dice que “toda esa vida de trotamundos de Robin Wood es interesantísima”


Absolutamente prolífico, con una enorme capacidad creativa. “Escribió 10.000 guiones aproximadamente, ha relatado historias de cerca de 95 personajes. Los mismos editores a veces le pedían que adopte un seudónimo porque si no toda la revista era como que estaba guionada por Robin”, indica Leandro.

Además de la cantidad, mantuvo la calidad en su trabajo y adquiere relevancia “el abanico de géneros que manejaba, un espectro muy amplio con distintos registros. Un autor irrepetible”. 

Además tuvieron contacto con quienes dibujaron las historietas escritas por Robin Wood, “en un par de eventos, escuetamente. Igualmente, pudimos hablar con todos y logramos entrevistarlos”.

Puntualiza que “me gustaría conocer a Carlos Gómez, quien estuvo dibujando los últimos años a Robin, en la historieta Dago. De adolescente una de mis favoritas era Nippur, en la adultez me hallo mucho en el personaje de Dago”. 

El tercer paso 
A Leandro siempre le resultó atractivo escribir. Cuenta que “desde chico la matemática para mí era una pesadilla, pero me hallaba muy bien en la lectura de los temas que me interesaban y la escritura de ficción”.

Obtuvo el título terciario de periodismo y concluyó también la formación universitaria en comunicación social. “Trabajé algunos años como periodista. Pero la ficción me tira mucho”, explica. 

Hizo un blog de viajes con el nombre Latinauta y reunió relatos tragicómicos en un blog que se llamó Mis 76 mujeres. Estos últimos escritos fueron la base para su primer libro de cuentos. “76 mujeres”, publicado por Rabdomantes Ediciones, de Rosario, con la participación de distintos ilustradores argentinos. 

Su siguiente libro fue la novela “Deus Ex Imperium”. Sostiene que “le pedí a Salvador Sanz que haga ilustraciones intercaladas y por suerte, tiene un prólogo de Leo Oyola, autor de la novela ‘Kryptonita’. Es un amigo y especie de mentor, salió hace dos años y está en librerías de todo el país, mediante Ediciones Deldragón; tiene un diseño hermoso, quedé chocho”, subraya. 

La publicación de la biografía autorizada de Robin Wood implica “el tercer paso, me da una especie de progresión. Una editorial chica de Rosario, luego una editorial chica de Buenos Aires y ahora una editorial grande de Buenos Aires”. 

Es un avance que “me da la pauta, me alienta a seguir dándole a las teclitas y escribiendo para publicar de nuevo con El Ateneo o con alguna otra editorial que le guste lo que escribo”, señala. 

En el cierre de la entrevista, comparte una primicia. “Acabo de recibir un mail, el 27 de noviembre a las 17.30 vamos a estar presentando la biografía en la Feria del Libro de Mar del Plata. Con el regreso de la presencialidad se abre un nuevo abanico, sobre todo para responder las preguntas de la gente, que es fanática de Robin, que va a comprar el libro, que quiere escuchar anécdotas. Voy a estar, ya me comprometí y esperemos que haya muchas presentaciones más”, concluye.   

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El aporte de los tres
La tarea entre los tres autores fue coordinada. “Funcionó muy bien”, señala Leandro Paolini Somers. Recuerda que “cuando nos tocó escribir el material, con Diego vivíamos a seis cuadras de distancia en Buenos Aires. A lo largo de dos años, los lunes a la noche estuvieron reservados para escribir y pulir el material juntos, más allá de que cada uno hacía lo suyo en su casa y a su tiempo”. 

Julio trabajó en Mar del Plata y hubo “un intercambio de mails de distintas versiones, hasta que quedó la definitiva”.