Sociales

Por Luciano Moran

“Pude cerrar el círculo de lo que me faltaba”

05|09|21 18:04 hs.

Julio César López trabaja como empleado en el Ente Vial Rural del municipio. Hace 35 años que desarrolla tareas laborales allí y en breve, cumplirá 59 años de edad. El protagonista de esta historia nació el 8 de octubre de 1962 y se considera un tresarroyense más. Nació en la localidad de Balcarce, y vivió en Ayacucho. Hace ya más de 35 años que reside en Tres Arroyos y su historia de vida es fuerte y emotiva por donde se la mire. De eso estén bien seguros. 


A través de las redes sociales, y de la ayuda de muchas personas que se involucraron en esta historia, pudo conocer a su madre biológica, además de enterarse que tiene más hermanos. En varias oportunidades estuvo complicado de salud, pero sobrevivió. Y siguió para adelante en búsqueda de su objetivo. Lo cumplió, y con creces. Nunca bajó los brazos y el resultado llegó a buen puerto. 

 Recientemente se enteró que quien lo estaba criando realmente no era su madre biológica. “Es algo que es difícil de creer, pero es la realidad. Mi madre tenía oculta el acta de nacimiento pero pude ver ese papel para saber la verdad sobre mi historia. Por miedo a que yo la rechazara, creo que me lo ocultó. Todo lo contrario, la quise más todavía”, detalló en una entrevista con este diario. 


Junto a su madre adoptiva, Dora Zétola


 El tiempo fue pasando, hasta que un día se dio lo que tanto buscó: la verdad. Su verdad. “Fue algo muy raro porque la madre que a mí me crio, me dio todo. Como le dije a mi madre verdadera ahora cuando me encontré, que me abrazó y se puso a llorar enseguida: no te preocupes, yo no tengo rencor por vos”, agregó. 

La fe, intacta 
Creyente en Dios, consideró que tuvo una buena infancia y sostuvo: “Tengo una gran familia, y mi madre adoptiva, Dora Zétola, me dio todo. Nunca le reclamé nada; gracias por todo. Al menos no me abortó. Mi madre biológica se llama Norma Ester Gutiérrez y vive en la ciudad de Balcarce. Allí fue el reencuentro tan esperado el 16 de agosto de este año. Fui a encontrarme con alguien que no conocía y después de tanto tiempo que pasó, ella me dijo que nunca me buscó porque pensó que yo la podía rechazar por lo que me había hecho”. 

 Cree en Dios, sin lugar a dudas. “Me ayudó en este camino de encontrar mi verdad. Yo pasé por cosas difíciles en la vida y me sentí satisfecho por la ayuda de amigos, compañeros, vecinos. Todos estuvieron presentes. Atrás mío había como un regimiento. Todos empujamos para el mismo lado”, aclaró en forma de agradecimiento a quienes se sumaron para encontrar su verdad. 

 Estuvo muy grave en tres oportunidades, ya que estuvo al borde de la muerte cuando le agarró una neumonía contundente. Estuvo entubado de punta a punta, pero salió a flote. Y vaya que así lo fue. “Con todo lo que me pasó, pensé: si estoy vivo, por algo es. Tengo que hacer realmente lo que me había propuesto antes. Tenía miedo de ver qué podía sentir. Si bien quería conocer a mi madre biológica, lo que más me interesaba también eran mis hermanos. Encontré a dos hermanos, Ceferino y Daniel, y me encontré con la novedad que tenía una hermanita fallecida de leucemia. Me enteré en Balcarce, ese mismo día. Fue tremendo”, subrayó.

Con dos hermanos de parte de su madre biológica y una hermana fallecida por una cruel enfermedad, siguió camino hacia adelante. Su padre falleció de joven, a los 56 años. Tuvo una enfermedad y terminó en sillas de ruedas. En este sentido, recordó que “de mi padre tengo imágenes y recuerdos muy buenos, fue un laburante de toda la vida. Para criarnos hizo de todo, desde juntar papas, hasta maíz y tareas de albañil. Nunca nos faltó nada. Ni un plato de comida. Había mucho respeto y educación, para todos por igual”. 

 Respecto a su familia adoptiva, cabe hacer mención a que Liliana, Laura y Mónica son hijas de Dora Zétola, su madre adoptiva. “Mi familia adoptiva es muy unida. Somos todos unidos. Desde chicos nos inculcaron a estar siempre juntos y a ayudarnos los unos a los otros. Siempre la peleamos”, recordó con emoción. 

Del encuentro con sus hermanos rememora que fueron fotos y abrazos por todos lados, con mucha carga emotiva. “Mi familia de sangre es como nosotros, todos laburantes. Uno de mis hermanos es camionero (Ceferino) y el más chico, Daniel, es albañil. Mi madre biológica es sencilla como nosotros. Ha sido una mujer laburadora”, reconoció. 


En compañía de sus hermanas Liliana, Laura, Mónica y de Dora Zétola




 Tranquilidad 
Tras conocerse esta noticia trascendental para él y el shock emotivo que la misma le produjera, indicó en medio de la entrevista con este diario sentirse más aliviado y con más tranquilidad. “Despejé mi cabeza y me desahogué por completo. Me emociono y es increíble. No es para menos. Con todo lo que pasé, siento que he vuelto a vivir. Yo nací de nuevo. Tres veces nací de nuevo. Gracias a los médicos que me salvaron la vida. Pensé que por algo estoy vivo y en pie. Decidí buscar mi verdad y lo pude lograr”, apuntó. 

 La familia que supo formar
Su familia está compuesta por su señora Alejandra Rey, su hija Gisela y Ariel. Gisela es profesora de matemática, en tanto que Ariel trabaja en una estación de servicio de nuestra ciudad. En base a ello, admitió que “tengo dos hijos extraordinarios. Nunca me dieron un dolor de cabeza; me siento orgulloso. Me dieron unos nietos hermosos y estoy orgulloso de mi señora, porque es una compañera de fierro. Siempre presente a mi lado en pos de buscar mi identidad”. 

 Hoy, sus hermanas de Ayacucho están orgullosas de que pudo conseguir a la otra parte de su vida y han abierto absolutamente todas las puertas. “Somos un gran número ahora (risas). Tengo dos mamás, con 74 años de edad cada una. No cualquiera”, valoró. 

 Se casó con su señora, que es de Tres Arroyos y tuvo dos hijos. Gracias a uno de ellos, Gisela en este caso, fue que pudo ir encontrando la luz en este arduo camino que le tocó afrontar desde un primer momento. Nada le fue fácil y nadie le regaló nada. Con una fallecida a los 20 años, siguió adelante por ella, por Natalia. “La idea era que el día que yo me decidiera a encontrar la otra parte de mi vida, sea por ella. Falleció mi hija, y después de trece años y lo que yo pasé que estuve al borde de la muerte varias veces, decidí con mi hija Gisela buscar información. A través de Facebook enseguida pudimos hacerlo. Una señora contestó rápidamente que conocía a Norma Ester Gutiérrez, y más o menos coincidíamos con la edad. Fue todo justo, mejor imposible”, exclamó. 

 “Uno cosecha lo que siembra en la vida” 
 Asumió como realidad pura que es una gran verdad cuando uno dice: uno cosecha lo que siembra en la vida. “Yo siento eso. He tenido errores como todo ser humano y he tratado de ir por derecho siempre. Gracias a Dios cuento con muchos amigos, vecinos, compañeros. Es una enorme satisfacción esa ayuda. Pude cerrar el círculo de lo que me faltaba”, apuntó. 

 Claro que toda esta historia no hubiese sido posible sin la ayuda psicológica, a la cual pudo acudir y le sirvió en gran forma. “El psicólogo me dijo que me trate de decidir a buscar la verdad lo más pronto posible, porque seguramente esa madre que me dejó a los dos años y medio, algo le debe haber pasado. Claro, me tuvo a los 14 años, era una nena. Era otra época. Esa señora, me dijo, seguramente también se quiera desahogar. No guardo rencor”, indicó. 

 Asimismo, dejó en claro que “no me puedo quejar de la vida, salvo de los golpes tan grandes que me dio. De todo se aprende. Eso te marca para siempre, es una mochila pesada el dolor que uno lleva encima. Tenes que seguir adelante por el resto. La seguimos luchando”. 

 Mientras haya vida, uno tiene que buscar su camino e impronta. Al fin y al cabo, lo más importante es la familia. Y nadie lo puede negar. Por esto mismo, Julio César López expresó que "aquellos que estén peleados o estén distanciados, les aconsejo que limen sus asperezas y recapaciten. El tiempo pasa y después no vuelve. En la vida, tenes que aprovechar la familia. Después es tarde”. 

 Agradecido con todos los que lo han ayudado, finalizó diciendo que “nada es imposible. Gracias de corazón a mi familia y a todos. A los médicos que me salvaron la vida. Estoy vivo gracias a ellos y hoy puedo disfrutar la vida de otra manera. Gracias al municipio porque gracias al trabajo de allí, pude criar a mi familia, hacerme mi casa y tener mi auto. Estoy a punto de jubilarme, me queda un año. Doy gracias a Dios y a la vida. Es lo que siento. Es mi realidad”.