El Campo

El impacto de la genética

La importancia de tener un buen padre

24|07|21 23:57 hs.

La incorporación de toros de pedigree a los rodeos comerciales es una herramienta fundamental para mejorar el negocio ganadero. Testimonios y resultados que describen el rápido impacto positivo del uso de genética superior



“Hay que entender que el pedigree no es una mala palabra. Todo lo contrario, son toros exactamente iguales al resto, moderados, comerciales y que dan muy buen resultado”, explica Juan García, asesor técnico de Rústicos y de varias cabañas y quien desde hace años pregona los beneficios de tener un proyecto genético. 

“La utilización de toros de pedigree ha mejorado muchísimos rodeos. Y el productor que ha incorporado genética lo ve rápidamente: desteta enseguida un ternero más pesado. Al principio puede ser que le cueste decidirse a acceder porque se trata de montos que quizá no está acostumbrado. Pero cuando ve el resultado desparramado en el campo, terneros uniformes, con más peso de lo habitual, entiende que vale la pena”, dice Juan Pedro Massigoge, criador y cabañero de toda la vida, y una voz de mucho peso en el país ganadero.


"El pedigree que producimos son toros ágiles, blandos, que se sueltan. Y que salen de la cabaña y van a dar servicio a cualquier campo y potencian cualquier rodeo”, cuenta Gustavo Reverón de Don Abraham, otra de las cabañas que integran Rústicos


“La producción de toros de pedigree potenció todo mi negocio ganadero, porque no es sólo el vuelo que ha tomado la cabaña, sino también por cómo me favorece en la venta de terneros. Logro un plus por la marca, porque los que han comprado les funcionaron, y a su vez por la diferencia de kilos que consigo al destete”, asegura Federico Vizzolini, titular de Arandú, un nombre que desde hace algunos años es sinónimo de genética superior.

“La gente se dio cuenta que poniéndole un toro de pedigree al rodeo lo mejora muchísimo. Por eso, hoy son muchos los productores que buscan un pedigree para un rodeo chico y lo pagan. Antes sólo compraban las cabañas para usarlos como padres”, comenta el consignatario y martillero Roberto Mondino.

“Nosotros buscamos criar un toro funcional, que pueda ir a una exposición a competir y que también salga de acá y el comprador lo pueda largar a su rodeo y que funcione desde un principio. Ese es el pedigree que producimos, toros ágiles, blandos, que se sueltan. Y que salen de la cabaña y van a dar servicio a cualquier campo y potencian cualquier rodeo”, cuenta Gustavo Reverón de Don Abraham, otra de las cabañas que integran Rústicos.

“Con toda la información que cuentan los toros de pedigree hoy en día, el productor puede decidir la compra de lo que necesita para su planteo y realmente le va a impactar en forma muy positiva. El que está dispuesto a invertir observará los beneficios rápidamente, ya en el destete lo verá”, afirma el veterinario y cabañero Mariano Castro.

Valor agregado
En este 2021 tan particular y tan virtual por la pandemia que parece interminable, los remates de cabañas están mostrando mucha firmeza y un notable interés. Y cuando se trata de la compra de toros, queda al desnudo que si el reproductor lo vale, el comprador lo paga. “La buena genética se premia”, dice Mondino. 

Y las razones hay que buscarlas en el trabajo que vienen haciendo muchos ganaderos apasionados desde hace años, seleccionado sus rodeos, eligiendo padres para lograr sus toros “ideales”. Está dicho, antes el pedigree era requerido sólo por cabañeros que buscaban padres para sus cabañas. Pero desde hace unos años el productor comercial empezó a entender que era un salto necesario para mejorar su negocio.

Juan García repite hasta el cansancio: “Hay que tener los planteles registrados, sea la raza con la que trabajemos, y precisamos toros de pedigree. Yo sé lo que producen los toros de pedigree y los resultados que vamos a tener en los destetes”. Y agrega: “Hay que seleccionar vacas y meter grandes padres, y así llegan los resultados, se aumenta entre el 15 y el 30% de kilos al destete de los terneros en campos difíciles”. 

Los dichos, el asesor los sostiene, por ejemplo, con los resultados que la firma Arandú obtiene en Malele, el campo de cría ubicado a orillas de la Bahía de Samborombón. “Este año terminamos destetando 1.800 terneros con un promedio de 212 kilos neto. Hablamos de la Cuenca del Salado, no en un campo con alfalfa y raigrás, es un campo de cría neto, campo natural, pelo de chancho”, dice Federico Vizzolini otro de los cabañeros que forma parte de Rústicos.

El promedio de peso al destete de la Cuenca del Salado ronda los 185 kilos. El impacto de la inversión en genética está a la vista. 

Información
Mariano Castro destaca la importancia que aporta el toro de pedigree a partir de contar con información, “los famosos DEP’s”, la Diferencia Esperada en Progenie. “El gran argumento del uso de toros de pedigree tiene que ver con la información que traen. Más allá de la genealogía (quién es su padre, abuelo, etc.), el valor agregado que son los datos físicos o productivos y los datos objetivos, que se miden con ecografía. Y claramente los toros con esa información son un paquete tecnológico en el que el productor puede encontrar un animal para su sistema”, indica el veterinario, titular de la cabaña La Reserva, que parió a Serrucho, el bi Gran Campeón de Palermo.


“La gente se dio cuenta que poniéndole un toro de pedigree al rodeo lo mejora muchísimo. Por eso, hoy son muchos los productores que buscan un pedigree para un rodeo chico y lo pagan. Antes sólo compraban las cabañas para usarlos como padres”, comenta el consignatario y martillero Roberto Mondino


Facilidad de parto, alto peso al destete, mayor área ojo de bife, precocidad sexual, son algunas de las características que entregan los datos y orientan al comprador para elegir qué toro incorporar a su rodeo.

“El criador vive de los kilos de ternero que desteta, entonces necesita una genética que le dé un ternero lo más pesado posible y que engorde rápido. Y el feedlotero, o el que los termina a pasto, quiere que esos terneros que compró o de producción propia, tengan esa velocidad de crecimiento que tenían hasta el destete. Y también que tengan una mayor área ojo de bife para tener más valor comercial”, brinda como ejemplo el veterinario, que también es parte de Rústicos.

Todo se puede direccionar a partir de la elección de un toro que tenga ciertas características. “A eso hay que sumarle que las terneras que el productor se queda como reposición también son de una calidad superior. Entonces es una rueda que se retroalimenta”, completa el veterinario para dejar en claro la importancia que significa tener un buen padre. 

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Opinión

La otra Argentina, la de las luces largas

Por Carlos Bodanza*


Hay un valor oculto en ganadería que cada vez tiene más adeptos y que con los desbarajustes de la economía, muchos encuentran su resguardo en este gran depósito a largo plazo. La genética es sin dudas la raíz de la ganadería argentina, esa que muchos envidian, cuando en las principales pistas vemos jurados extranjeros, ponderar sin ponerse colorados hasta clasificarla como la mejor del mundo, en sus propias palabras.

Esa misma genética que han construido nuestros bisabuelos, nuestros abuelos, nuestros padres y que hoy son muchos los que entienden que no hay inflación, no hay dólar blue, no hay ni siquiera cierre de exportaciones, que pueda venir a desarmarla. 

Lo visto en los últimas semanas mostró claramente que la genética es una inversión que supera cualquier coyuntura: más allá de la falta de incentivos, los créditos ausentes, la constante presión impositiva, la persecución al sector, la carne como el termómetro de la popularidad política y hasta como amenaza de ciertos sectores, que creen que hay un mundo vegano por delante. 

Nada de eso, quien piensa en genética, solo piensa en ser mejor, en superarse, en producir más, en buscar una perfección en un tipo de animal, el que sea que a él le guste, pero va tras ese camino que no tiene retrocesos, por lo general una vez que se prueba, nada será igual. 

Por eso el boom de la venta virtual, trajo consigo una profundidad en esa búsqueda perfeccionista, hoy hay tiempos para revisar la genética, se estudian líneas de sangre, se siguen los orígenes de la cabaña que la produjo, se revisan los datos, esos que cada día toman más fuerzas, se miran los videos hasta el cansancio y hasta en muchos casos, se viaja a la cabaña a revisar, pero justamente con lo visto ya entre ceja y ceja, no es como antes que se revisaba y al azar, aparecía lo que uno buscaba, hoy se va a elegir lo que ya se buscó, lo que se miró hasta el hartazgo en las benditas y malditas redes.

Lo hemos hablado hasta el cansancio, ver un toro o ver un vientre “face to face” tiene una condición única, ahí no hay manera de equivocarse, o tal vez si, cuando uno ha viajado varias horas, ha tenido que recorrer los corrales previamente al remate a las apuradas. Y aquí ni siquiera por estos días, preocupa esa distancia: hoy el flete se arma a la distancia que haya que armarlo, de una forma u otra, todas las cabañas expandieron sus fronteras a clientes que jamás pensaron poder tener, eso también va a favor de una virtualidad, que tuvo que traer más beneficios, para los compradores ávidos de genética en particular. 

Los latiguillos de hace mil años, ya no hace falta usarlos, no hay que explicarle a nadie que un animal con genética comprobada come lo mismo que el que no la tiene, pero que seguramente convierte mucho más que este último. Es ganar, no hay forma de errarle en ese sentido, cuando además sumamos otros factores, desde una facilidad de parto comprobada, una mayor fertilidad, una garantía del producto adquirido, ese que todas las cabañas poseen y si no, están obligadas a dar, aquí más que nunca nace el valor de la posventa, esa que un simple corral sin nombre, no se encuentra.

Por eso los valores de estos días, la agilidad y la firmeza en las ventas, el envalentonamiento de todos los precios en la venta de cabañas, no es casual, no están todos locos como muchos creen. Hay otra ganadería en marcha, una que está mucho más allá de la mente limitada de los políticos de turno, que sólo tienen luces cortas, para un país con pocas luces. 

Hay una producción que sabe, que cuando esas luces comiencen a iluminar hacia adelante, ellos estarán en carrera, estarán con el producto que supieron elegir y construir, el de una Argentina ganadera, pero con letras mayúsculas. 

*Columna de opinión publicada en Aire de Campo (Radio Rivadavia) e Infosudoeste 

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