La Ciudad

Claudia Torres

Claudia Torres: “Lo que estaba naturalizado, ahora te das cuenta que es un privilegio”

26|06|21 18:26 hs.

Por Alejandro Vis

Las consecuencias de la pandemia de Covid-19 en la salud se perciben cada día. La internación de un vecino, un amigo, el contagio personal o de un familiar, la pérdida de un ser querido. Situaciones con las que se convive, que provocan incertidumbre, sensación de fragilidad. Efectos físicos y también emocionales, que se manifiestan de diversas maneras. 

Esta realidad cotidiana puede provocar malestar. Claudia Torres, licenciada en Psicología, señala que “es complicado, sobre todo porque estamos hablando de una pandemia. No es algo esporádico, alcanza a todo el mundo. Es como que vemos la muerte más cerca, porque hay un conocido, un familiar afectado”. 

Las secuelas que percibe son “muchísima ansiedad, mucha angustia, síntomas de estrés postraumático”. Por esta razón, considera que “hay un montón de cuestiones a las que nos vamos a tener que ir adaptando, debemos estar bien alertas. Para afrontar el fallecimiento de una persona se necesita el proceso del duelo, mientras tanto percibimos la muerte de una manera más cercana por la pandemia”. 

Hay ejes que organizaban en cierta manera la vida que se han modificado con el Covid-19, certezas que ya no son tales, una reformulación obligada. Señala que “siempre lo mejor es buscar contención en la red que tenemos de sostén, la familia, los amigos, cuidarnos. La gran mayoría de las personas la tienen, si no contás con familiares tendrás algún amigo, un vecino”.

En casos de personas que carecen de tal red afectiva, se requiere una respuesta “a nivel social. Debería ser visto de otra manera para poder crear en serio lugares donde la gente pueda sentirse contenida”. 

Claudia Torres se detiene en un aspecto al que le otorga relevancia: “La salud mental es tan importante como la orgánica. Sin embargo, parece que hay una disociación”. 

En este sentido, dice que “desde que empezó todo esto, lo más importante es la salud física. Yo creo que van de la mano, si vos estás muy estresado, muy angustiado, en un estado de depresión, tus defensas bajan. Si eso ocurre te enfermas más rápido. Debería estar de la mano, cosa que no pasa”. 

 Contar con alguien 
Los márgenes son más reducidos. Por actividades que no se pueden realizar u horarios restringidos. En este contexto, expresa que “tenemos que seguir haciendo lo que podemos hacer y compartir. Somos seres sociales y la pandemia nos deja justamente aislados. No nos permite sociabilizar. Eso también afecta. Hay mucha gente que vive sola, por ejemplo, y le pedís que se quede más sola todavía”.

En consecuencia, es valioso a nivel personal “buscar la manera de hacer cosas que nos distiendan, nos distraigan, estar en contacto con nuestra gente también. La vida tiene que seguir aunque no de la misma manera, modificando algunas cuestiones”. 

La tecnología es una aliada, porque nos permite comunicarnos, mantener lazos. Claudia Torres realiza un ejercicio y se imagina cómo hubiera sido una situación sanitaria como la actual hace treinta años. “Hoy es más sencillo para los que poseen teléfono celular y conectividad, para otros no porque no lo tienen. Es hacer una videollamada o enviar un mensaje, parece que no pero eso acompaña y da sostén a las personas que tienen que estar aisladas”, destaca. 

Es una manera simple de colaborar con otras personas, de darles apoyo. “Es súper gratificante cuando estás enfermo o debes permanecer aislado, recibir un mensaje de alguien -valora-. A eso me refiero cuando hablo de una red de contención. El resto del día lo pasás de otra manera y sabes que contás con alguien, entonces está bueno ser solidario también con la gente más cercana y con los demás en general”.



Decí lo que sientas… 
Puede ser contraproducente reprimir un sentimiento de angustia o tristeza. Claudia Torres señala que “todo lo que dejas adentro se manifiesta de otra manera, tanto orgánica como psíquicamente. Si estoy angustiado, atravesando un duelo, si estoy muy ansioso, triste. La depresión es otra cuestión más fuerte. Pero sí tengo estas emociones y sentimientos, manifestarlos es el primer paso que hay que dar”. 

Por esta razón, recomienda: “Decí lo que sientas y sin vergüenza. A todos nos pasa de poder emocionarnos, llorar o estar angustiados por algo que nos está ocurriendo. No solamente con este tema, con todo es muy importante”. 

De lo contrario, con el tiempo pueden surgir distintas manifestaciones corporales. Puntualiza que “de hecho, muchas veces guardamos, el estrés sube, la ansiedad sube. Aparecen los ataques de pánico, el cuerpo te expresa lo que no pudiste decir antes, o las depresiones, que son las patologías que se ven más ahora”. 

Determinadas circunstancias constituyen un llamado de atención y reflejan que hace falta recurrir a la ayuda de un profesional. “Cuando esto te imposibilita tu vida cotidiana. Cuando ves que hay una traba ahí que no podes evadir. Cuando la tristeza es tan grande que no te podés levantar y por ahí estamos hablando de otra cosa, no de tristeza sino de depresión. En ese punto uno ya debería haber pedido ayuda profesional. A la gente que está al lado tuyo y si no hacerlo personalmente, recurrir a un especialista, para tratar de sobrellevar este momento”, afirma. 

Si se percibe a un familiar de esta manera, lo conveniente es “hacerle entender que justamente la salud mental es tan importante como la física. Si te duele el estómago, vas al médico. Si hay una dificultad emocional, vas al psicólogo o a tu médico que te va a decir o te va a derivar. O directamente buscas un profesional de la salud mental y te haces atender”. 

 Para disfrutar 
Aunque no siempre sucede, el ocio debería ser parte de la vida diaria. Claudia Torres reflexiona que “uno debería tener su tiempo de trabajo, sus momentos de tiempo libre que es ese huequito para ir, por ejemplo, al supermercado y el momento de ocio, lo que haces porque te gusta”. 

Resulta valioso generar este espacio. “Hay gente que le gusta la jardinería, el deporte, leer, tirarse en el piso a jugar con su hijo. No solamente en estos momentos de crisis generalizada, debería ser algo habitual en esta vida siempre”, plantea con énfasis. 

Pone el foco en cambiar las pequeñas cosas. “Uno busca las grandes soluciones. Y en las pequeñas cosas muchas veces está la solución de los problemas. Esos momentos en que estás con tu familia que puedas disfrutar en serio, que seas consciente de que aquello que para vos es una normalidad, para otro es algo excepcional y disfrutarlo realmente”, reitera. 

La pandemia expone el desafío de manejar las proyecciones, no analizar en exceso y tener en claro que es mucho aun lo que se desconoce. Se pone a prueba la adaptación. Para la entrevistada, es aconsejable “no proyectar tan a futuro, porque ignoramos en serio que va a pasar. Una de las cosas que tendríamos que haber aprendido en este tiempo es el día a día, marca la pauta de que no sabes hasta cuando vas a estar. Para bajar la ansiedad es importante no estar pensando y consumiendo todo el tiempo información sobre Covid-19, sí estar informados, pero no siempre pendientes. Esto lleva un período largo y va a seguir”. 

Los chicos 
Al evaluar el cuidado de los hijos, Claudia Torres deja en claro que “los chicos se adaptan más fácil que nosotros a las circunstancias. A pesar de que dicen que no usan el barbijo, saben qué tienen que hacer y qué no”. 

Se encuentran igualmente ante inconvenientes, debido a que “como a los adultos, a ellos les cambió la vida radicalmente, tanto si van al jardín o al colegio. Los adolescentes también sufren mucho”. 

El modo de acompañarlos es “estando bien uno. Hacerme responsable como adulto de que si yo estoy bien, a los chicos los voy a poder contener Ahora si tengo una ansiedad muy elevada, me pongo agresiva, mal, los chicos -más allá de que lo ven- también lo perciben”. 

Los papás o familiares tienen la misión de “tratar de hacerles la vida un poco más fácil en cuanto a no tenerlos encerrados todo el tiempo. Salir con ellos porque se puede pasear, caminar, ir a una plaza, darles lo que se puede dar en este contexto”. 

 Los árboles y el cielo 
En el cierre del diálogo, expresa que lo que teníamos incorporado como habitual, toma una dimensión especial. El hecho de comenzar el día bien de salud, por citar un ejemplo. “Al estar naturalizado, se tenía que dar. Ahora te das cuenta que es un privilegio porque te toca un amigo o alguien que no está bien y vos sí”, indica. 

Se refiere a un gusto personal y cuenta que “siempre se ríen, porque digo que a mí me encanta cruzar la Plaza San Martín y mirar para arriba, es algo que por lo general no lo hacés nunca, pero los árboles y el cielo son hermosos. Parece una pavada, es disfrutar de lo que tengo todos los días”.

 Concluye que “eso también ayuda, ser consciente de que lo que tengo es importante”.  


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 Lo que no se puede, pero es importante

La tarea de los profesionales de salud mental no fue considerada esencial en la primera etapa de la pandemia. Claudia Torres recuerda que “no podíamos trabajar presencialmente, después sí nos incluyeron como esenciales”. 

El encuentro con los pacientes tenía lugar mediante videollamadas. “Mucha gente piensa que es lo mismo, pero no. La observación es fundamental, estar frente a frente”, explica. 

Deja en claro que “para el paciente tampoco es lo mismo. Algunos decían es más cómodo porque está en su casa, pero en la práctica no sucede así porque es un lugar donde convive con su familia”. En consecuencia, había “pacientes que se ubicaban en el auto o en el baño a hacer la videollamada, encerrados. Sin embargo, la familia sigue ahí”. 

En casos puntuales “esto tampoco es conveniente y se ha cortado la terapia”. Menciona específicamente a “gente que sufría dentro del hogar porque estaba conviviendo con una persona violenta. Lo aislaste con el violento o con la violenta. Es muy difícil poder sostener la terapia así, del otro lado de la puerta se escucha igual”. 

Cuando se recuperó el encuentro presencial, fue incorporado un protocolo. “Atiendo con máscara, a una distancia adecuada, con alcohol en gel, limpieza, desinfección”, enumera. 

Desde lo afectivo, los impedimentos inciden mucho en la actividad. “Hay algo que parece que no fuese tan importante y para mí si lo es, yo recibía a mis pacientes con un beso, muchos al irse necesitaban un abrazo. Y ahora no se puede”, finaliza.  



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