Guillermo, Fernanda, Julia Martínez y Marta Villafranca (Goyo Fernández)

La Ciudad

70 años

Carabela sigue navegando

16|05|21 07:34 hs.

La familia Villafranca-Di Nezio, compuesta por Domingo y Elisa junto a sus dos hijas Marta y María Elisa, vivía en una casa por avenida Rivadavia, que les resultaba algo pequeña. Por este motivo, decidieron mudarse y alquilaron una propiedad un poco más amplia en calle 9 de Julio 68. 


 La vivienda tenía un local adelante, que por algunos años estuvo vacío, hasta que un día en el año 1951 Elisa, la madre, en una época en donde no se acostumbraba a que las mujeres estén frente a un negocio comercial, decidió abrir una librería. Así surgió la tradicional empresa familiar Carabela, que hoy ya lleva 70 años en el rubro, creando recuerdos en cada uno que pasó por allí. 

Lógicamente, al principio era pequeña y vendían más bien cosas de librería escolar y algo de comercial. Como podían adquirir poca mercadería, las cajas vacías se usaban para rellenar el lugar. Elisa Di Nezio la atendía, además de hacer las tareas hogareñas y ocuparse de sus hijas Marta y María Elisa, que aún iban a la escuela, mientras que Domingo Villafranca trabajaba en una imprenta por calle Maipú. 


(Goyo Fernández)




 Durante el repaso histórico, Marta Villafranca contó a La Voz del Pueblo que “yo tenía 10 años y mi hermana 12, éramos chicas. Nosotras siempre andábamos en el negocio porque estaba pegado al living de mi casa. Casi que nos criamos ahí”. 

El padre en un inicio “decidió no dejar su trabajo hasta tanto no ver qué pasaba. Pero fue evolucionando, él pudo dejar su trabajo y unirse a mamá. Fue así que comenzaron a visitar también la zona. Mi papá le dio un empuje más a la parte comercial”, recordó Marta. 

Pasaron 20 años y la pequeña empresa familiar fue creciendo, hasta que en un momento el local de 9 de Julio quedó chico, al punto que usaban el zaguán de la casa de depósito para la mercadería. Comenzaron así a buscar un espacio donde mudarse y apareció la oportunidad de comprar una propiedad en Colón 348, que poseía un departamento trasero y un negocio mucho más amplio en el frente, lugar en el que actualmente funcionan. Para Marta, “el otro local fue la base, chiquito como era y todo, se trabajaba muy bien. Gracias a eso, se pudo llegar a esto que tenemos hoy”. 

 Se agranda la familia 
Al igual que el comercio, Marta y María Elisa fueron creciendo y se recibieron de maestras. Comenzaron a ejercer su profesión durante medio día y el resto de la jornada atendían la librería junto a sus padres. 

María Elisa formó su familia y tuvo dos hijos. Una fue Julia Martínez, quien a sus 23 años se integró al negocio. “Éramos cinco atendiendo, porque el comercio también lo requería. Mi mamá hasta último momento de su vida seguía viniendo. Falleció a los 100 años pero hasta los 97 venía acá a acompañarnos. Mi papá no tanto porque no le gustaba la atención al público, le gustaban más los negocios”. 

Julia recordó que “cada vez me fui entusiasmando más y cada vez hacía más falta porque mis abuelos estaban grandes y mi mamá enfermó. Quedamos con mi tía Marta, que nos complementamos muy bien. Además tenemos a Fernanda y Guillermo que nos acompañan hace muchos años. Para todos, la librería fue nuestra segunda casa”. 


Año 2001, María Elisa Villafranca, Julia Martínez, Marta Villafranca y Fernanda Arévalo




Pasaron los años y Domingo y Elisa fallecieron. También lo hizo María Elisa y quedaron al frente Julia y Marta, quien expresó que “todos llevamos la librería en la sangre, de generación en generación. Esto no fue heredado, se hizo todo a pulmón, todos trabajando y a veces sacrificando. Lo que nos estimula mucho es la gente, los comentarios, que todos vienen, alaban el negocio, y uno ve que es de corazón”. 

 Sobrellevar las crisis 
Nuestro país a lo largo de los años ha atravesado muchas crisis económicas, que han provocado el cierre de comercios y empresas. No fue el caso de Carabela, que ha sobrevivido a través del tiempo. Sin embargo, cuenta Marta que “la crisis del 2001 fue brava, pero nos agarró en un momento que estábamos bien, sin deudas y en un local consolidado que no pagábamos alquiler. Por eso lo pudimos sobrellevar”. 

 “Hemos pasado épocas difíciles, ahora mismo es una, pero nosotros siempre fuimos un poco conservadores, de no arriesgarnos mucho. Tal vez si nos hubiéramos animado a más, hoy seríamos mucho más grandes, pero… ¿para qué? Así estamos tranquilos. Se va haciendo lo que se puede, cumpliendo con todos que es lo principal. Siempre decimos que Carabela va navegando”, reflexionó Marta. 


Vidriera en el aniversario






 La filosofía del negocio familiar siempre ha sido de comprar lo que se pueda y cumplir con los compromisos. “Fuimos así y nos ha ido bien. Nuestros proveedores nos han apoyado mucho, nunca les hemos fallado y entonces eso ha tenido su mérito. Incluso hay algunos que son amigos. Eso es gracias también al esfuerzo y el trabajo”, afirmó. 

Muestra satisfacción porque mucha gente cuando se acerca, les dice "qué linda librería, cómo me gustaría tener una así", pero “para llegar a esto, hay que estar, hay que sacrificar y nos tiene que gustar –expresó-.Para mí el mérito de tantos años de vida es la buena atención, la responsabilidad de poder cumplir con todos los compromisos contraídos y tener buena mercadería con precios accesibles”. 

 El lugar donde dan ganas de llevarse todo 
La frase dicha por los clientes mas oída por el personal de atención al público es “dan ganas de llevarse todo”, que de hecho se terminó convirtiendo en el lema de sus redes sociales. 

La clientela, contó Marta, “siempre ha sido muy buena y todo eso nos estimula a seguir adelante”. A lo que Julia agregó que “yo creo que la gente nos sigue eligiendo año a año por la trayectoria que tenemos. Hay muchos clientes que son la tercera generación que viene. También pasa con proveedores, que algunos conocían a los abuelos, que son empresas que han sido igualmente atravesadas por la familia”. 

Por suerte, dijo Marta, “tenemos una clientela excelente, algunos hasta vienen desde que se abrió la librería en 9 de Julio. Pero para sostenerlo, hay que andar, hay que atenderlo y hay que estar”. 


(Goyo Fernández)




 Actualidad 
El rubro se ha ampliado y diversificado a través de los años. Hoy día hay gran variedad de productos y de precios, para poder abarcar la mayor cantidad de público posible y satisfacer las necesidades de todos. 

 Julia confesó que “cada vez lleva más tiempo el sostener esto porque es muy amplio el rubro y nos gusta estar surtidos para poder llegar a todos los gustos”. En este sentido, Marta indicó que “ya nos resulta chico este lugar. Tenemos el departamento de atrás que lo usamos de depósito con mercadería que llega hasta el techo. Pero nos sentimos muy cómodas. Hoy por hoy el alma de la librería es Julia, yo la secundo”. 

 A lo que Julia respondió que “mi tía se adapta y generalmente está de acuerdo en todas las decisiones que le consulto y confía en que va a estar bien”. 


La atención a una clienta en Colón 348. La librería en su primera etapa funcionó en la primera cuadra de 9 de Julio (Goyo Fernández)




Carabela significó una novedad para Tres Arroyos allá por el 1951 al ser dirigido por una mujer, condición que continuó a través de los años. “Para nosotros era lo más normal que mamá estuviese en el negocio. Después se fue normalizando que una mujer estuviese al frente de un comercio, pero en ese momento causó sorpresa, buena impresión igual. Mi mamá fue verdaderamente muy visionaria”, valoró Marta. 

El apoyo familiar para llevar adelante la librería durante tantos años resulta importante para ambas. “Saber que siempre teníamos la familia ayudó mucho, porque sabíamos que alguno se estaba ocupando si el otro faltaba. Ahora quedamos nosotras dos. Que haya sido una empresa de la familia para mí también es una gran responsabilidad porque yo la cuido y la quiero. Todos le hemos dedicado la vida”, finalizó Julia.  






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