La tarde que Pirucho Morán se escapó por media hora de la Comisaría y desnudó una interna

Desde la Redacción

Desde la Redacción

Las fugas en Tres Arroyos bajo la sombra de la corrupción

09|05|21 10:27 hs.

Por Enrique Mendiberri


La fuga de los cinco presos que se dio el pasado jueves en la Comisaria Primera de Tres Arroyos es la tercera que se registra en los últimos 20 años y, en todas, poco cuesta percibir la sombra de la corrupción entre sus cimientos. 

Así como por estos días se investigan enroques dentro de la seccional en ubicaciones estratégicas de policías con poca experiencia para cuidar a presos con mucha, y oídos sordos ante una ruidosa fuga; en los antecedentes inmediatos de evasiones que se han visto en nuestra ciudad, también hubo groseros errores que oportunamente llamaron la atención de la sociedad. 

La más antigua de ellas tuvo como protagonista a uno de los cinco prófugos que están siendo buscados ahora, Julio Daniel “Pirucho” Morán, en la tarde noche del jueves 6 de julio de 2000, cuando el ahora prófugo tenía 19 años. 

Ese día, después de haber sido trasladado a la Fiscalía para presentarse ante el fiscal Carlos Lemble, a raíz del inicio de una causa tras una reciente detención por un “robo calificado”; cuando Morán volvía a su calabozo en la Comisaría, fue derivado de manera imprevista a una de las oficinas de la seccional para desmentir ante la entonces presidenta del Foro de Seguridad, Elena Fernández, una versión que lo vinculaba con uno de los jefes policiales de aquel momento. 

Los oficiales Juan Carlos Jaime y Juan Pedro Suhit, jefes de turno y de calle respectivamente, estaban siendo señalados como favorecedores de su accionar delictivo, con el supuesto y oculto objetivo de remover al entonces comisario Ramón Omar Córdoba de la titularidad de la Comisaría, en aquellos años, el máximo cargo en materia de seguridad.

Luego que Morán habló ante las autoridades, es retirado al calabozo y, de repente, reingresa Jaime al lugar del encuentro diciendo que el joven había escapado de su calabozo rompiendo el cielorraso y las chapas del lugar. Media hora después fue encontrado escondido en un patio. 

Tal como quedó demostrado posteriormente en el juicio Correccional que se le siguió a Córdoba y en el que resultó sobreseído en 2005, éste no estaba en ese momento en la seccional y, por el hecho, sólo fue condenado Jaime a un mes de prisión de ejecución condicional y dos meses de inhabilitación para ejercer cargos públicos en la administración pública de la Provincia de Buenos Aires por dos meses, tras haber sido hallado penalmente responsable del delito de “abuso de autoridad”.

Es el día de hoy que Córdoba no guarda los mejores recuerdos de aquella noche en la que su imagen fue tallada por un hecho institucionalmente grave que, a pesar de salir ileso legalmente, no le permitió disfrutar en paz la calurosa despedida que le dieron los vecinos de Tres Arroyos cuando le llegó el traslado.

Otra igual
El antecedente más cercano es casi un calco del episodio del que estamos siendo testigos por estos días. El domingo 11 de marzo de 2012, un sujeto con frondoso prontuario y sospechoso de un golpe en el que se habían alzado con un importante botín en Río Negro y fue capturado en Monte Hermoso, Ricardo Luis Paez, escapó del patio de los calabozos de la misma manera que lo hicieron los cinco prófugos de estos días, junto a Luciano Miguel Olijnik, un tresarroyense de 26 años que estaba detenido por “robo calificado y lesiones”. 

En aquel momento, fueron desafectados provisoriamente por Asuntos Internos tres efectivos, el subcomisario David Viamonte, jefe de turno de la Estación de Policía, la subayudante Carolina Plaza, quien se desempeñaba como oficial de servicio al momento de la fuga y el oficial Luis Cantou, quien hacía las veces de imaginaria. 

El titular de la dependencia en aquel momento, el subcomisario Martín Barragán, aseguró oportunamente que el cortafierros con el que limaron los barrotes había ingresado “de afuera” aprovechando una disposición del Juzgado de Garantías dictada en 2010, donde se limitaban las requisas. 

Sin embargo, posteriormente, se determinó que los barrotes fueron cortados desde afuera y los evadidos habrían sido literalmente sacados por los techos usando sogas o algún elemento similar para subirlo hasta ese punto. Olijnik fue detenido años más tarde y Paez nunca más volvió a caer. 

A diferencia de lo ocurrido en aquellos episodios, donde la sanción administrativa, leve pero de efectivo cumplimiento, llegó en forma inmediata a los responsables del cuidado de los internos, en esta oportunidad, a más de dos días del episodio, las autoridades judiciales no ocultan su sorpresa ante la ausencia de sanciones o reclamos políticos frente a una situación que, por negligencia en el mejor de los casos, o connivencia como hipótesis de más difícil aceptación, no dejan de castigar por igual la imagen de la institución policial ni la inteligencia de los vecinos.  


Add space 300x250x2