La Policía Federal hizo pericias para investigar la fuga y la posible colaboración policial

Policiales

Continúa la búsqueda de los cinco presos

Una fuga que no podría haberse dado sin falencias ni connivencia

09|05|21 10:20 hs.

Mientras la Policía Federal analiza el contenido de los “cuatro o cinco” teléfonos celulares que la Fiscalía secuestró en la noche del jueves a efectivos que estaban en la guardia de la seccional tresarroyense de la que se fugaron cinco peligrosos delincuentes, la certeza de que sin ayuda de uniformados infieles o “sumamente” negligentes no podrían haberse evadido, es cada vez más fuerte.


Es que a medida que se conocen los primeros resultados de alguna de las distintas pericias practicadas por la Policía Federal y Gendarmería en las instalaciones de Coronel Pringles 66, surgen datos que indican la existencia de un plan que tardó, al menos, 48 horas en materializarse. 

Y no se descarta que se haya hecho apoyado en la vulnerabilidad e inexperiencia de algunos uniformados a los que esa noche le tocó estar en la guardia. 

Ese sería el tiempo mínimo que se necesita para cortar los barrotes del doble techo de rejas del patio ubicado, en su primera parte, a más de tres metros del suelo.

Para superar esa altura, se usó un hilo acerado arrojado desde el piso del patio y, en sus extremos, se improvisaron manoplas con cepillos de dientes a los efectos de que sus usuarios no se lastimen y puedan usar su peso en ellas con plenitud.

Los investigadores creen que esa paciente tarea no pudo haber tardado menos de dos días, camuflada con la música de reproductores de audio que algunos de “los más pesados” podría disponer en su calabozo. 

La principal sospecha es que el cerebro de la fuga haya sido Ceferino Staniscia. El preso más buscado por la Justicia local e imputado en sonadas causas que, de haberlo llevado nuevamente al penal, habrían dificultado una nueva excarcelación. 

En ese sentido, a pesar de las temerarias declaraciones que el comisario inspector Gustavo Cheppi, coordinador de la Superintendencia Región Sur, le hizo a LA VOZ DEL PUEBLO el día de la fuga, cuando sostuvo que “si un comisario me pide que tiene que trasladar a un detenido preso porque no lo puede contener, no puede trabajar más en esa comisaría”, en la Justicia hay un profundo malestar porque entienden que Staniscia no debería haber permanecido tanto tiempo alojado en los calabozos de la Primera.

Cabe recordar que el sujeto considerado “el prófugo más buscado” por la Justicia local, cayó el pasado viernes 16 de abril durante un operativo en el que se investigaba un violento asalto a una jubilada de Coronel Dorrego.

La DDI de Tres Arroyos junto a sus pares de la vecina localidad, lo sorprendieron cuando tomaba mate junto a otros tres sospechosos. Toda una sorpresa y un logro para los investigadores policiales que, por estas horas, recorren las calles nuevamente para recapturarlo. 

Su captura obedecía a la violación de una salida transitoria de una Unidad Penitenciaria y es por eso que la queja judicial de hoy está basada en la demora que hubo en regresarlo a la cárcel y permitirle hacer rancho con viejos amigos de la calle tresarroyense como el Pirucho Morán y los hermanos Gorostegui. 

En el ambiente se comenta que a Franco Soto lo habrían arrastrado con ellos por haber sido compañero en el calabozo y, por consiguiente, testigo de los planes de fuga. En cuanto a los otros dos que quedaron encerrados (la población era de siete internos), uno no era “del palo” (estaba detenido por violencia de género) y el otro es considerado un paciente psiquiátrico que les hubiera complicado más la historia.



El financiamiento 
Otra obviedad que surge de estas averiguaciones está basada en la existencia de un necesario financiamiento para la realización de esta empresa de libertad a cualquier precio. Es ahí donde aparece Javier Moisés Gorostegui. Este hijo de un policía retirado, ya cometía asaltos a mano armada cuando tenía 15 años.

Después de varias condenas por delitos contra la propiedad y las personas, en la mañana del 28 de abril habría dado un golpe épico. Si bien no está condenado, la Justicia de Garantías le había concedido su pedido de detención a la Fiscalía por entender que había participado de un millonario robo de dinero a dos vecinos que habían elegido el barrio Los Ranchos para continuar su vida en paz, después de haber estado radicados en España. 

Varios miles de euros se llevaron dos delincuentes encapuchados que, sobre todo al hombre de la casa, le propinaron una feroz golpiza que le dejó graves secuelas físicas, además de las psicológicas que produce una tortura con una bolsa de nylon en su cabeza. 

Durante un allanamiento en la casa de Gorostegui, no encontraron dinero, pero si alhajas que fueron reconocidas por una de las víctimas. No se descarta que el dinero esté en poder de otro cómplice, tal vez el encargado de la arquitectura externa de la fuga, donde estuvo la segunda parte del caso. 

A la calle 
Según se cree, después de haber cortado el barrote de la primera línea, los presos esperaron un tiempo prudencial para subir, aparentemente usando telas con nudos, como de las que se supieron valer en una fuga similar de 2012, y en el “cielorraso de hierro”, cortaron el barrote que les permitió llegar a los techos. 



Desde ahí, atravesaron el gimnasio de Centro Estrada y las dependencias de Policía Científica, para saltar a la calle en el Pasaje Maciel, donde los esperaba un vehículo en el que huyeron con un destino incierto hasta anoche al cierre de nuestra edición. 

La caja que se ve en un extremo de las rejas violentadas en la foto publicada en nuestra edición de la víspera, no es nada menos que una cámara de seguridad que apunta hacia el patio, pero no graba. 

Sólo filma “en vivo” y, según se pudo determinar, tampoco funcionó en la noche del miércoles, cuando aseguran que se produjo la fuga y no en la madrugada del jueves, tal como se informó oficialmente. 

Ese rango de poco más de dos horas (se dijo que huyeron a las 0.15) sería una clave de la investigación que puede surgir del análisis que los peritos harán del libro de guardia y que ratificaría las hipótesis de connivencia policial. 

Al mismo tiempo, la escalera que fue hallada en el patio de la iglesia y de la que se habló el mismo jueves, se confirmó que pertenecía a trabajadores que se desempeñaban en el lugar y no habría sido usada por los evadidos. 

En cuanto a los allanamientos que aún no se hicieron, parecería existir una falta de criterios compartidos entre la DDI y la Fiscalía, ya que tal como pudo averiguar este diario, los policías habrían manifestado sus intenciones de registrar las casas de familiares de los evadidos, sitios en los que el Ministerio Público preferiría no perder tiempo, ya que entiende serían los últimos lugares donde buscarían refugio una vez que ganaron la calle. 

En ese mismo sentido, y después de haber analizado las imágenes de la noche del jueves, no se habrían podido identificar vehículo sospechosos en el rango estimado en que se habría producido la fuga. 

Por eso, las próximas 72 horas son consideradas clave en esta búsqueda. Las autoridades apelan también al cansancio y al desgaste de la convivencia que aún debe perdurar entre los prófugos para no ser hallados. “En algún momento se van a tener que separar y probablemente empiecen a caer”, estimó uno de los responsables de la búsqueda.