Sociales

Así lo sostuvo Silvia Renée Arias

“Confié plenamente en mi yo adolescente”

11|04|21 17:24 hs.

El jueves debido a las nuevas restricciones por la situación sanitaria, se dieron por finalizados los eventos con concurrencia de público al Museo Municipal José A. Mulazzi, culminando con un encuentro en donde la reconocida escritora tresarroyense Silvia Renée Arias tuvo la posibilidad de hacer un conversatorio con Diego Jiménez sobre su última publicación “Solamente muero los domingos”. 


La primera novela de la autora, “El íntimo traidor”, también había sido presentada en su momento en la institución, por lo que para la encargada Sonia Finocchio es “un gusto que continue eligiendo el Museo para exponer sus creaciones”. Para iniciar, Diego Jiménez dio su opinión con respecto a la obra: ‘’a mí la novela particularmente me gustó muchísimo. Es un libro que uno lo empieza a leer y lo hace rápido, por la sencilla razón que es una historia entretenida y a la vez profunda. Hay una trama con un fondo, aunque estén los nombres cambiados, de esta querida ciudad nuestra de Tres Arroyos’’. 

Silvia es tresarroyense e inició su camino a temprana edad como redactora en La Voz del Pueblo. Luego trabajó en diversos medios periodísticos nacionales e internacionales, ha realizado libros biográficos, durante muchos años asistió a un taller de cuentos con el escritor argentino Abelardo Castillo y hace poco tiempo le encontró el gusto a la narración de ficción extendida. 



 Con respecto a eso, durante el conversatorio Silvia comentó que “la novela llega tardíamente a mi vida, y por eso mismo, por el desafío que me presenta, me siento más cómoda que en el cuento. Digo que fue tardíamente porque lo hice a mis 50 años. Para escribir este tipo de literatura me parece que se necesita cierto asentamiento para poder transformar todas las ideas en algo más o menos digno”.

 Asimismo, agregó que “de todas formas, muchos producen las novelas de sus vidas con 20 años y son obras magistrales. De hecho hay muchos escritores que abandonan luego de su primera gran publicación a temprana edad porque piensan que nunca más van a alcanzar esa cima. Yo gracias a Dios no voy a llegar nunca a esa perfección, que a su vez está bueno porque es un desafío en el que estoy viendo todo el tiempo qué puedo hacer, qué próximo libro se viene”. 

 El germen 
La idea de esta historia “se la debo a mis compañeros del colegio secundario porque cuando hicimos la reunión de los 30 años de egresados, pidieron que llevemos fotos o cosas que recordemos de aquella época. Yo recurrí a mis diarios íntimos que escribo desde los 15 años, que no leía desde hace mucho tiempo, e hice un resumen de algunas cosas que sucedieron. Cuando se los leí, todos pensamos que parecía una ficción y me pidieron que les haga copias. En ese momento me di cuenta que ahí tenía una historia’’, confesó la autora. 

 Además, en uno de sus viajes, Silvia contó que vió un capítulo de un programa nacional donde se presentaba una escena de dos personas hablando sobre Malvinas en los años que aquello ocurrió y “yo pensé en ese momento que no era realmente como se había vivido de la forma en que lo mostraban, porque lo hacían desde una mirada muy actual”, por lo que se propuso reflejar la historia de su adolescencia desde el punto de vista de esa época, con los prejuicios y la visión de ese momento. “Yo confìé plenamente en mi yo adolescente que contó esa vida en sus diarios, porque estaba diciendo exactamente lo que había pasado”, agregó. 

 Con amor y conocimiento 
La inspiración en el arte de escribir, para Silvia llega cuando “uno escribe algo con amor y conociendo de qué está hablando. La historia te tiene que conmover a vos mismo. Si a vos no te motiva, no se puede llegar a nada. Para mi si no lo siento, si no amo a esos personajes, por mas que pueda hablar de cosas muy importantes o interesantes para el mercado editorial, no puedo hacerlo”. 

Como escritor, la autora piensa que “necesitas ver el lugar donde van a ocurrir los hechos, los paisajes, las casas. Las experiencias personales ayudan en ese sentido. Pero al final de todo, por más inspiración o más real que le pueda resultar al lector, no deja de ser ficción”, haciendo referencia a la cantidad de personas que le han preguntado sobre quiénes son los personajes de la nueva novela en la vida real. 





En cuanto a las emociones sentidas al momento de volcar las ideas sobre el papel, Arias recalcó que “fue una liberación. Hubo algo que pasó en mi vida que yo guardé silencio. El escritor vive toda su vida viendo posibilidades de historias. Uno escribe todo el tiempo, pensando, viendo. Fue muy emocional el proceso. Yo creo que la emoción se necesita, es un empuje. Hay que escribir sobre cosas que nos movilicen, y esto a mi me movió. Entonces, no sentí dolor, fue más bien un hecho de justicia”. 

 Alcanzar la “perfección” 
Sobre el final de la historia, afirmó que no lo tenía pensado desde un inicio, que “se fue dando a medida que iba escribiendo. Yo sabía que iba a haber un accidente, que algo les iba a pasar a los personajes, a partir de eso sabía que se venía un reencuentro, que había algo que tenían que reparar al final de todo y ahí me lancé. A mi me pasa que los personajes mismos te van indicando el camino”. 

Respecto al resultado de la obra, Silvia confesó que “hay un par de cosas que cambiaría. Cuando ya la has leído tantas veces, llega un punto que decidís no hacerlo más porque evidentemente siempre se van a encontrar cosas para mejorar. Un escritor corrige siempre. De hecho el verdadero arte de escribir es la corrección. Se suele decir que hay que escribir como un estúpido y corregir con inteligencia”. 

 En ese mismo sentido, agregó que “me he cuestionado, por observaciones que me han hecho, que quizás hubiese estado bien agregarle otro capítulo al final. Ahora que está terminado no quiero volver a él, quiero ir con otro libro, pero siempre se puede perfeccionar todo. De igual manera, estoy muy contenta con lo que resultó porque aún sin los cambios que podrían hacerse, funciona bien y me alegra mucho que haya gustado”. “Me conformo con que sea una historia digna, y eso uno lo sabe cuando un editor acepta publicarlo”, reflexionó. 


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