Justina aprovecha cada oportunidad para realizar posiciones o movimientos (foto: Horacio Arbasetti)

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Para la pequeña Justina Gerónimo, la danza es su motor

“A mí es lo que me hace feliz”

20|03|21 20:53 hs.

Pocas personas tenemos la capacidad de tener las cosas tan claras como las tiene Justina Gerónimo. La pequeña bailarina tresarroyense sabe lo que quiere y desde hace tres años se prepara para lograrlo. Su sueño, como lo dijo en otra oportunidad dialogando con La Voz del Pueblo, es “bailar en París” y vaya si trabaja para llegar a eso. Con una disciplina intachable y un amor por la danza que se nota en cada palabra, la joven modificó la vida familiar: hoy todos están instalados en Mar del Plata, apoyando a Justina en su sueño de llegar a lo más alto. 


Recordamos que en el 2019 la bailarina logró ingresar en la filial marplatense del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, lo que provocó grandes cambios en los Gerónimo. En aquel año, Justina y su mamá se instalaron en La Feliz, mientras que en Tres Arroyos quedaron su papá y su hermano Thiago. El año pasado, decididos a acompañar a la pequeña bailarina, ambos se mudaron a la costa y hoy toda la familia está instalada allí. 

-¿Cuántos hace que te fuiste de Tres Arroyos? 
-Este vendría a ser el tercer año, voy a cursar el tercer año del Teatro Colón en el Teatro Tronador. Cuando lo pienso así, es como que me da nostalgia porque hace tres años no sabía qué iba a ser de mí, de la danza, cómo iba a avanzar, recién me había puesto las zapatillas de punta. Hoy ya hace tres años que las uso y estoy intentando hacer una pirueta, cosas que me pongo a pensar y digo 'wow, cuánto he avanzado y cuánto quiero seguir avanzando'. 

 Justina habla, piensa y respira danza. Su pasión incluso, se refleja en una gran sonrisa que cubre su cara a la hora de hablar de ella. Es tal la responsabilidad con la cual encara esta preparación, que ni siquiera el freno de las actividades por pandemia detuvo su marcha. “El año pasado, cuando se cerró todo, no conocía lo que era la aplicación Zoom y el teatro nos avisó que íbamos a hacer clases por Zoom. Primero pensé 'bien, va a ser poco, calculo que en dos semanas esto pasa', y los días fueron pasando y seguimos haciendo clases por Zoom. 

"Tuve días que fueron súper felices porque uno estaba feliz, ya me levantaba de la cama así... el domingo estaba feliz porque sabía que el lunes me iba a levantar y me iba a preparar para tener mi clase de danza”. 

El no tener clases presenciales no cambió su forma de preparación. “Siempre con dos horas de anticipación me empiezo a preparar para ir a la clase; algunos van a decir ‘wow, qué exagerada’, pero a mí es lo que me hace feliz… prepararme, hacerme el rodete, cambiarme, ponerme mis zapatillas de danza cuando ya estoy llegando o ahora preparar mi mini salón de danza en casa me hace feliz”. 

Lejos de quitarle ánimos o entusiasmo, lo que sucedió el año pasado a ella le sirvió para reafirmar su cariño por esta disciplina. “Fue un período de adaptación yo creo, esto fue como una prueba para decir ‘si me gusta la danza tengo que seguir en cualquier situación’”. 

 Cambio de vida 
Justina cambió la vida de todo su entorno. Su deseo llevó a que la familia busque nuevos horizontes y la acompañe y apuntale en este camino del arte. 

 “El 1º de marzo del 2020 nos fuimos a vivir a Mar del Plata, nos mudamos toda la familia; mi papá Ricardo Gerónimo, mi mamá María José Aristain y mi hermanito Thiago Gerónimo. La primera semana mi papá se quedó acá por un trabajo que tenía que hacer y nosotros nos quedamos con mi abuela materna. Esa semana arrancamos la escuela, 6º año arranqué yo y Thiago 1º” contó. 

 Su deseo de seguir creciendo es tal, que uno de sus primeros objetivos fue encontrar un segundo lugar de estudio. “Yo quería arrancar a hacer danza en otro lugar porque si algún día es feriado y no hay clases, yo puedo ir a otro lugar y seguir avanzando” dijo Justina, y explicó que la idea la pensaron “en familia”. 

“Le mandamos mensaje a una profesora que está siendo mi profesora ahora, Mariana Coria. Hablamos por Whatsapp y justo cuando iba a empezar se cerró todo así que no pude empezar. Le mandé una solicitud por Instagram y nos conocimos así, a través de un vivo haciendo una clase” sostuvo la pequeña. 

Luego, recordó que “después empecé en el teatro por Zoom... arrancamos el 6 de abril y ahí no estaba haciendo ninguna clase de danza. Ahí empezamos con mi profesora Malena Roma el segundo año de la carrera”. 

“En el 2019 lo que más extrañé fue a mi papá y a mi hermano, porque yo estaba feliz con mi mamá, estaba feliz porque iba a danza, pero también los extrañaba a ellos… ahora están ellos conmigo y es súper lindo” resaltó. 



 El presente 
-¿Cómo es la vida de Justina hoy? 
-El año pasado el día a día era levantarme, desayunar... mi papá trabajaba y tenía que cumplir horario a las 8. Ellos a las 7 estaban tomando mate y yo estaba todos los días ahí con ellos en la cama, no tomaba mate pero los acompañaba. 7 y media u 8 menos 20 ya estaba bailando con la música de "Las 4 Estaciones". Aunque tuviera poco espacio necesitaba aunque sea hacer un plié, un port de bras, algo para decir que yo estaba bailando, aunque sea escuchar música y poner una posición, eso es lo que me hace feliz. 

En septiembre y coincidiendo con algunas reaperturas que se dieron a lo largo de toda la provincia, Justina retornó a las clases presenciales. “Eso fue hermoso porque hacía más de un año que no pisaba un salón” señaló. “Eso fue único, fue como pisar un escenario, es maravilloso. Igual siempre pienso que si vamos a bailar aunque sea en algo súper chico, con medio metro de espacio o menos, estás bailando y yo lo estoy disfrutando porque es lo que me gusta hacer, amo eso. Yo voy a la playa y me pongo a bailar... hago un vals, algún salto, alguna pirueta, algo tengo que hacer porque yo soy así, aunque esté en mi casa tengo que estirar los pies, abrirlos... algo tengo que hacer porque sino no puedo”.  


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“Yo veo que está donde tiene que estar”

Justina comenzó a danzar en Tres Arroyos, de la mano de Elizabeth Krivich. “Eli fue como una profesora que ayudó a su alumna a que inicie su carrera, es una de las profesoras más exigentes que tuve pero creo que de la exigencia sale lo mejor porque cuando te exigen es porque ven que vos podés y cada vez te exigen más y eso creo que es hermoso, y más cuando es una profesora que siempre está apostando a que si te sale una pirueta simple, bueno hace una doble, siempre es más y más y más y más” reconoció la pequeña. 


Justina, en el centro, junto a su hermano Thiago y su profesora Elizabeth Krivich, quien le abrió las puertas al mundo de la danza




Hoy en día, ambas siguen en contacto. “Le mando algunos videos y ella siempre el mínimo detalle siempre lo está corrigiendo y eso es lo que me gusta porque creo que los pasos hay que lustrarlos bien y ella es como que todo tiene que salir bien y te enseña las técnicas... es una profesora súper maravillosa porque ella siempre está ayudándome y aunque estemos lejos la distancia no se siente porque ella siempre por mensajes o por comentarios, siempre está presente”. 

Consultada acerca de qué significa que Justina diga eso de ella, Eli, visiblemente emocionada, dijo: “Un nudo en la garganta... ella sabe lo que yo la adoro”. 

 La química que se generó entre las dos, va más allá de la danza. “Yo ayer le explicaba las cosas a las que uno tiene que renunciar para lo que quiere y si vos sentís que lo tenés que hacer, no importa nada, renunciá y que suceda lo que tenga que suceder, que se caiga lo que se tenga que caer. Yo veo que está donde tiene que estar, donde se merece porque es súper trabajadora, yo ya lo había percibido desde que la conocí, porque hace dos años ya se notaba que iba a poder porque para la danza no solamente hay que tener condiciones y te tiene que gustar bailar... hay que tener un temple, hay que tener un agarre, hay que tener una disciplina...”.          


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Otra vida

La vida para los Gerónimo se modificó. Thiago es el más pequeño y contó cómo vivió este periodo de adaptación a una nueva ciudad. “Fui a la escuela más grande de Mar del Plata. Hay muchos chicos, fui una semana nada más porque después se cerró todo y no alcancé a conocer” contó. 

 Ese freno del 2020 parece haber cesado en este 2021, lo que le permite realizar más actividades. “Este año volví al fútbol, yo acá jugaba en Huracán y ahora estoy en Independiente de Mar del Plata, en la categoría 2007”. 

 - ¿Qué cambios notaste en este arranque? 
- Allá vos llegas con tu botinero, tu botellita, la dejas y enseguida arrancas a entrenar. 

 - ¿Qué significó volver a jugar al fútbol? 
 - Volver a jugar al fútbol es volver a jugar al fútbol... lo bueno es que a pesar de comer mucho en la cuarentena no engordé mucho (risas).