El biólogo marino y especialista en Conservación, reside en Playa Junquillal

Claro, Reta y Orense

Por Fernando Catalano

Las preguntas de Francia

21|03|21 13:15 hs.

El biólogo tresarroyense Gabriel Francia no tiene dudas que la acción antrópica ha sido determinante para que en la costa de Claromecó se observen síntomas de erosión, que a veces se ve potenciada temporalmente por fenómenos climáticos como las marejadas. 


Los caminos costeros y la vegetación reteniendo arena son algunos de los factores que enumera al momento de afirmar que hay decisiones del hombre que tienen un impacto sobre la calidad de playa que luce hoy la principal localidad turística del distrito. 

 Recordó los tiempos de dunas vivas que contrastan con los de hoy donde el sedimento queda atrapado en áreas forestadas. “A la arena de los médanos altos, ahora se la encuentra tierra adentro, retenida en médanos verdes que no la sueltan porque la vegetación no lo permite”, explicó el también experto en conservación, quien aclaró que ese recurso tan preciado reposa además bajo el mar por lo cual para recuperarlo es necesario contar con fenómenos del clima que se sostengan en el tiempo. 


Fotografía tomada el 28 de febrero que muestra parte de la concentración vehicular en las playas de Dunamar




 Desde los 80
“Es una situación que se está agravando. La primera vez que lo visualicé, es porque alguien me ayudó a visualizarlo. Fue en los 80’ por lo que estaba pasando en la costa del partido. En ese momento Lito López Cabañas que era vecino mío -una persona muy curiosa- sin ser oceanógrafo pero teniendo conocimientos de agrimensura, con un teodolito hacía perfiles de playa en la zona del náutico. Y ya había visualizado pérdida de arena”, explicó a La Voz del Pueblo. 

Planteó entonces que este tipo de situaciones sólo se observan con atención y con un análisis sostenido, al considerar que en mayor medida para la atención de las personas sólo quedan en la memoria los eventos extremos. 

Lo que permanece en el promedio de todo aquello que sucede a diario “es más difícil visualizarlo”, y para eso está la ciencia que registra lo cotidiano, con regularidad y metodología. 

“La memoria a veces nos funciona mal, tal vez por eso no estamos siendo conscientes de lo que está pasando. Y recién ahora -cuarenta años después- empezamos a reaccionar. Cuando ya tenemos el problema grande en casa”, afirmó Francia entre sonrisas apenadas. 

En consecuencia le dijo a este diario. “Yo me hago varias preguntas: ¿Por qué no confiamos en la ciencia, en los expertos, o -cuando están y dicen las cosas- por qué no los escuchamos?”. 

Explicó en esa misma línea que “hay un tema de fondo de no escuchar al otro, no respetarlo, no ser educados. Y porque no somos educados damos pasos hacia atrás”, sostuvo. 

 Se agrava
Puntualmente sobre el tránsito en la playa, Francia está convencido que “esto va para agravarse más”, tal como lo dijo años atrás. Para sostener esa afirmación considera que “cada vez” habrá mayor cantidad de gente que quiera bajar con más comodidades, lo cual “es entendible”; pero indicó que pondrán “el grito en el cielo” si se les prohíbe esa actividad. 

 Espacio público 
Pero al mismo tiempo propuso observar cómo es el trato que se aplica sobre el bien común del que se habla en esta nota, el recurso playa. “Es bueno ver que estamos hablando de un espacio público, y los espacios públicos están tan maltratados –creo- porque no se consideran públicos”, expresó al definir también ciertas conductas como “egoístas”. 

Afirmó en consecuencia que la playa como espacio público “tendría que ser el más cuidado, porque es de todos; y va a ser la única herencia que le vas a poder entregar a tus nietos, a las futuras generaciones. Pero hay miles de razones por las cuales debemos protegerlo”, aseguró. 


Contundente imagen que demuestra una importante concentración de vehículos sobre las playas de Dunamar, el 28 de febrero




 Usuarios 
Francia también puso en evidencia cuál es la voz que más se tiene en cuenta a la hora de poner en marcha -o no- decisiones de impacto en materia de conservación. “Hay muchos usuarios que utilizan el espacio público. Uno es el que va arriba de una camioneta muy pesada con más de dos mil kilos, más toda la carga, desplazándose por esa playa -que es un ecosistema frágil- y después volviendo todos juntos a la hora del atardecer, hasta produciendo embotellamientos en algunos casos. Es increíble, en la playa”, dijo para remarcar el carácter de insólito de una congestión vehicular en ese espacio. 

En tanto agregó que otro tipo de usuario sería aquel que camina o sale a correr. “Sería el que visualiza”, afirmó. Y seguidamente subrayó en tono de pregunta: “¿cuánta gente camina y cuánta anda en camioneta?. Va a ser más fuerte la voz del usuario que aprovecha la posibilidad que tiene Claromecó, que te dejan bajar y prácticamente hacer cualquier cosa en la playa. Cero regulación”, dijo al responderse así mismo. 

 “No es fácil” 
Si bien el biólogo que actualmente se encuentra viviendo en Costa Rica, asegura que “no es fácil buscar una solución” y que para hallarla habrá quienes deban “ceder mucho”, instó a quienes deben hacerlo a que se sienten en una mesa “con seriedad a dar soluciones de verdad y no cambiando la bajada de lugar. No me parece que sea una solución importante. Esa medida contribuye para que haya más tranquilidad en la zona de baños y guardavidas pero no a la naturaleza, no a la erosión. De eso estoy convencido”, afirmó. 

 “La verdad en ningún lugar del planeta -y he recorrido muchas playas del mundo- donde tengas densidad de veraneantes como en Claromecó, o menos, hay hasta pasarelas elevadas para acceder a la playa caminando. Pero jamás un vehículo, ni una moto puede andar. Invitaría a la gente que le gusta mirar los buenos ejemplos de Europa -o del norte de Estados Unidos- para que vean que nadie baja con un vehículo a la playa”, dijo al finalizar. 

En Playa Junquillal 
Actualmente Gabriel Francia reside en Playa Junquillal, en la provincia de Guanacaste, Costa Rica. Llegó a ese país a comienzos de 2000 para trabajar como investigador en la conservación de tortugas marinas del Pacífico Norte. Es licenciado en Biología, con orientación marina; y en el país de Centroamérica recibió el título Master en Ciencias, especializado en Conservación de Vida Silvestre. 

A finales de mayo de 2019 ya había planteado, en una entrevista con La Voz del Pueblo, su mirada sobre el impacto antrópico en el recurso natural y turístico del distrito. 

Quienes tengan interés en recordar sus apreciaciones, pueden ingresar a través del archivo de nuestro sitio digital en la nota titulada “Necesidades del ambiente costero”:  


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