Es una vocación que realiza con alegría. Juan Gasverde se siente bien preservando a los animales

Claro, Reta y Orense

Juan Gasverde, guardafauna de Claromecó

“Mi hijo nunca supo lo que era una honda para cazar pajaritos”

26|01|21 11:27 hs.

Juan “Tito” Gasverde es el auxiliar de guardafauna de Claromecó. En diálogo con La voz del pueblo, relata su historia, como llegó a la localidad, la manera en que surgió su actividad y comparte varias anécdotas rescatando y ayudando animales. Nació en Hurlingham en 1952 y a los 11 años empezó a visitar a familiares que tenían un campo en General Villegas. 


Tal vez eso fue lo que muchos años después, alimentó su deseo de proteger la fauna amenazada en Claromeco. Cuenta que una vez que terminó el Primario, no pudo seguir y completar sus estudios secundarios. “No pude terminar la Secundaria, había que viajar, tomar el colectivo para ir al colegio, tuve que salir a trabajar. Yo siempre quise ser ingeniero agrónomo y no pude”, señala. 

Relata que su primer trabajo fue en una estación de servicio y vivió situaciones en las que veía como se robaba. “Empecé a trabajar en una estación de servicio, se robaba mucho ahí, yo lo veía. Le conté a mi viejo y me dijo, mañana no vas más”, dice y agrega: “Mi viejo te decía las cosas una vez”. 

Esa experiencia fue la que dio la puntapié inicial para que aprendiera el oficio de su padre, “la carpintería”, a lo cual se dedicó hasta los 52 años. Este oficio, por razones de trabajo, lo llevó a conocer Claromecó. “Él era carpintero, carpintería pesada, en esos tiempos las estructuras de maderas para los techos eran inmensas, todo a mano, a serrucho y un día me llevó a trabajar. Cuando termine de trabajar había pasado mucho tiempo”, indica. 

A los 25 años, en una de sus visitas a Villegas, conoce a Vilma, su señora, con quien años más tarde, comienzan a construir su casa “Nos casamos, y comencé a construir nuestra casa, que me costó terminarla. Conocí a un italiano que sabía que estaba construyendo acá en Claromecó, y le propuse terminarle el techo, un trueque, el me daba los materiales que me faltaban para terminar la casa y yo le hacia el techo de la casa acá en Claromecó”. 


Nació en Hurlingham y cuando conoció Claromecó, se potenció su interés por cuidar la fauna. Es un referente en la protección de animales y de la naturaleza (Caro Mulder)


Recuerda que llegaron en el año 80, al mes y medio de casados y vivieron un mes en la cúpula de la camioneta: “Yo sabía que tenía que pagar la deuda, me habían dado la comida y algo para el viaje. Me gustó el lugar”.

El aval de Rens
Tito, guardafauna de vocación, comenta varios episodios en los que veía que la gente no cuidaba la naturaleza. “No me gustaba ver cuando se pescaba tanto y la gente tiraba lo que pescaba, veía como desde las lanchas tiraban pescado. Les pregunté por que lo hacían y me dijeron que eran palometas que no tenían precio, y se tiraban, la gente juntaba y los perros comían. Había muchos trasmallos, y no entendía que nadie viera eso, nadie decía nada, se sacaban almejas con la pala”, señala. 

Su interés por esta actividad lo llevó a contactar a Enrique Achigar, en ese momento guardafauna de Tres Arroyos, a quien le manifestó que estaba a su disposición para cooperar en Claromecó. En ese momento no pudo ser. 

Destaca que “cuando era delegado Walter Rens, le plantee ser auxiliar de guardafauna, y enseguida me dijo que sí, que hacía falta alguien que controlara y me hizo una credencial de auxiliar de guardafauna”. 

A partir de ahí y hasta ahora, Tito es el guardafauna de Claromecó. Desde ese entonces, todos los años junto a su familia, llegaban a la localidad. 

Además de su actividad como auxiliar de guardafauna, también hacía trabajos de zinguería, en madera e instalación de salamandras. “En esa época ya comenzamos a venir en octubre y nos quedábamos hasta Semana Santa. Yo venía a trabajar, manejo muy bien el tema zingueria, la soldadura con estaño, comenzaron acá a hacerse montones de casas con techos de chapa, sacaban las tejas, si no lo hacías bien se llovía. Tenía experiencia en techos y en colocación de salamandras”, observa. 

Hoy, tanto los residentes de Claromecó, como los turistas que llegan año a año, saben que Tito es el auxiliar de guardafauna de Claromecó, por lo que los llamados son varios, desde la aparición de pingüinos en la playa, lobos de mar, carpinchos, víboras, arañas. El se ocupa. “Me gustó mucho el tema de cuidar animales y mi pregunta siempre fue ¿Por qué un hijo de alguno de Claromecó no se hizo guardafauna?, ¿Por qué se cazaba tanto y se mataba?”. 

La misma pasión 
Relata que una vez lo llamaron porque habían visto una combi en el Camping Luz y Fuerza que estaba llena de jaulas de pájaros y como hacía calor, el dueño las colocó fuera de la combi. “Cuando fuimos con la policía se estaba yendo, lo hicimos regresar y esa noche misma se le secuestraron las jaulas. Lo llamé a Enrique Achigar, vino y se le hizo un acta y con testigos civiles y policiales en el Vivero, se largaron todos los pajaritos”, indica. 


(Caro Mulder)


Manifiesta también que “mi hijo nunca supo lo que era una honda, una vez me preguntó cómo hacía para cazar un pajarito y yo le respondí, ponele sal en la cola”. 

Hoy comparten la misma pasión de preservación. En constante comunicación con ambientalistas y con el biólogo Aldo Gabriel Francia, quien vive en Centroamérica, contó con información para actuar de la mejor manera posible ante la aparición de un lobo marino en Claromecó. “A mí me llamo la atención el primer día que lo vi el 27 de diciembre. Me avisaron, lo fui a ver y no me pareció que fuera un lobito –recuerda-. Llegué a a casa, consulté en bibliografía y vi que es la cría de un elefante marino; enseguida nos conectamos con Gabriel Francia”. 

En tal oportunidad, el mencionado especialista le respondió que “es la primera vez que aparece un animal de esa raza acá, una cría de elefante marino de más o menos dos años, un macho. Pesaba alrededor de 200 kilos, estaba cambiando el pelo e iba a permanecer entre 20 y 30 días en la costa, sin ingresar al mar, ni comen tampoco. Y así fue, pasados esos días, volvió al mar”. 

Durante el invierno también recorre tanto las playas como el Vivero, para evitar la tala de árboles. 

Siempre está a disposición, o si se comunican con la policía o la radio enseguida se contactan con él. Hace lo que le gusta y de esa manera, colabora mucho en la protección de los animales.