Opinión

Escribe Sergio Manganelli

Poema

22|01|21 12:42 hs.

Para ser claro 

renuncio a las frases alusivas,
a la caligrafía pálida 
sobre el cuaderno mudo de las tumbas, 
rechazo el podio hipócrita 
de la bondad post mortem,
y esa memoria tan desmemoriada. 

Yo no quiero que apunten 
en mi lápida la palabra yace, 
me niego espeluznado. 
No anhelo ese cheque grosero 
con el que expían de mármol de hospital 
lo que siempre te negaron avaros. 

Ni acepto que se luzca 
bajo una lluvia 
de mierda de palomas 
ese verbo impiadoso
en tercera persona.

No le abro los postigos, 
ni a sus endebles secuaces, 
-el adjetivo inerte 
el absurdo abatido- 
menos aún al implacable muerto
-auxiliares morbosos de crónicas de sangre-
prefiero que sentencien 
se pudre 
se funde
se disuelve 
pero jamás
yace. 

Porque la muerte 
puede sea otra cosa, 
menos sucia y severa,
mejor que la tapa biselada y sorda, 
quizás algo tan simple 
como tumbarse al sol 
sobre el pasto o la arena 
en una tarde franca y sin ruinas, 
con vino y con regazo, 
y sonrisas con huella 
y dialecto de besos 
y un murmullo entrañable 
que recite poemas. 

Quizás yacer 
no sea esa quietud
de corazones secos,
ni el sueño, 
ni el olvido, 
sino un íntimo zafarrancho
de vida sin permiso, 
un insomnio de goce, 
con marea de lluvia
y peces sin abismo.

Una muchacha fresca, 
pechos de hierbabuena,
que te besa la ausencia,
sin placebo y sin pena. 

Ojalá no sea 
el hartado celeste
de los castos y pulcros, 
tampoco el infierno ceniza, 
el hoyo de un ambiente 
con renta anticipada, 
sino jugar rayuela 
hasta llegar al cielo, 
y que don dios gorrión 
disponga tiernamente: 
"levántate y vuela".

Puede que signifique 
cerrar la vida apenas, 
como quien deja un libro,
hasta que en una noche 
de miedo a la tormenta
o duda desvelada, 
lo hojeen conmovidos 
esos ojos más nuevos 
que guardan mi mirada. 

Sergio Manganelli 


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