Ya fallecieron más de dos millones de pacientes con coronavirus en el mundo

Opinión

Editorial

Oleajes

17|01|21 13:32 hs.

La cantidad de muertes alrededor del mundo a causa de la pandemia de coronavirus, que se originó a fines de 2019, en Wuhan (capital de la provincia de Hubei, China) superó este viernes los dos millones, al llegar a 2.012.011 de decesos, mientras que los contagios superan los 93.900.000 infectados. Estados Unidos lidera el ranking de naciones con mayor cantidad de casos (más de 23.500.000) y víctimas mortales (más de 392 mil). En cuanto a positivos registrados, el segundo país en la lista es la asiática India, con alrededor de 10.500.000 contagios y 152.000 muertes. El tercer lugar, a nivel mundial, lo ocupa nuestro vecino Brasil, con un estimado de 8,3 millones de positivos y más de 208.000 muertes a causa del Covid 19. En el viejo continente, el Reino Unido tiene la mayor cantidad de fallecidos: más de 87.000. En tanto, con cerca de 1,3 millón de casos y superando las 36.000 muertes, Sudáfrica es el país más golpeado en el África. 


Por su parte, América es el continente, en cifras totales, que registra mayor número de víctimas y de enfermos. El 3 de marzo se detectó el primer caso en la Argentina, el 20 comenzó el aislamiento obligatorio y, desde entonces, los infectados por Covid-19 alcanzaron la cifra de 1.783.047. Hubo 45.227 muertes, mientras que 1.561.963 personas recibieron el alta*. 

Las cifras, huelga decirlo, son abrumadoras y no dejan lugar a frivolidades, como aquellas iniciales del norteamericano Donald Trump, del brasileño Bolsonaro o las del británico Boris Johnson. Tampoco hay espacio para las que el ministro Ginés González, esgrimió en marzo del año pasado, sosteniendo que no había posibilidades de coronavirus en el país. Nobleza obliga, luego los hechos o sus cavilaciones personales, lo empujaron a retractarse. Pero la realidad no da tregua y es dispar en cuanto a las respuestas frente a ella. Israel va a la vanguardia en las vacunaciones y el mundo desarrollado se está dotando de las dosis necesarias para afrontar las oleadas de contagios que seguirán -¿?- asolando (ya sufren la tercera) sus alicaídas sociedades y economías. Las restricciones continúan y son particularmente severas, más que en nuestro país, por ejemplo en Francia (el toque de queda desde las 20 hasta las 6 horas impuesto a mediados de diciembre, se extendió este sábado desde las 18 horas) y en España (su curva de contagios viene en ascenso desde fin de año). 

En la Argentina, entre la mala comunicación oficial en relación a sus tratos comerciales con los laboratorios farmacéuticos y la ineficacia en la distribución de la todavía baja, bajísima, provisión de vacunas, se suma una oposición que parece no comprender la gravedad de la situación sanitaria y económica del país. La crítica pública es parte esencial de la vida democrática, pero la saña bordea los límites de la prudencia republicana. Si existe una oportunidad de inaugurar una conversación política fructífera, a pesar de las diferencias partidarias, y establecer acciones comunes frente a la pandemia y sus consecuencias, es esta. 

La miopía congénita de algunos sectores de ambos frentes políticos, oficial y opositor, no solo impide ver el futuro de manera conjunta más allá de esta circunstancia extraordinaria, sino también dificulta transparentar un presente convulsionado y un porvenir cercano, condicionado en toda su dimensión. 

La base de nuestras comunidades políticas es la sociedad civil, es decir nosotros y nosotras. Los sujetos que en definitiva hacen que las cosas sucedan. Ninguna determinación política, en sus tres niveles, nacional, provincial o municipal, es efectiva sin nuestro concurso, sin nuestra decisión individual y libre para cumplirla. Pero, se sobre entiende, conformamos un todo social en donde se deberían equilibrar nuestros deseos personales y las necesidades de la comunidad que integramos. Es por ello que frente a una situación como la que vivimos es clave nuestra actitud ciudadana. 

Es la única que frente a la incertidumbre y el aparente desconcierto, puede hacer la diferencia. Nunca como antes fue más importante el plural que el singular, para atravesar un mar pandémico, nutrido de oleajes que alteraron nuestra forma de vivir y vincularnos, y que impactaron en el centro de nuestra ya fragilísima economía, haciendo zozobrar un barco llamado Argentina. 

*Fuentes: Agencias Télam, AP, AFP, DPA y Reuters (al 16 de enero) 


Add space 300x250x2