Sociales

El Rincón de Andrés Errea

El Palacio Municipal

20|12|20 09:09 hs.

Los que nacimos y crecimos en Tres Arroyos, llevamos incorporada la imagen mental de la postal clásica de la ciudad, aquella que incluye a la Plaza San Martín rodeada de tres edificios monumentales: La Previsión, la Parroquia Nuestra Señora del Carmen y el Palacio Municipal. Tres estilos diferentes los identifican, pero tienen algo en común y ello es no sólo su magnitud, sino los maravillosos detalles de cada uno de los diseños arquitectónicos. 




Hoy nos ocuparemos del imponente Palacio Municipal. El primer aspecto a destacar es el emplazamiento del edificio, no solamente por el hecho de que su frente mire hacia la plaza principal, sino porque sólo comparte el terreno con una de las dependencias en su parte posterior y el pequeño parque Tres de Febrero, que remata en el Monumento al Inmigrante, el que parece recibir al viajero mirando hacia la avenida San Martín. 



El recurrir a la historia de la construcción de este edificio, nos permite saber que la piedra fundamental, fue colocada el 3 de junio de 1906, siendo intendente en ese momento, el Sr. Pedro Bellocq. Varias etapas jalonaron esta construcción; recién en 1916 se inauguró la planta baja, pero los elevados costos hasta hicieron pensar en demolerla y hacer un nuevo edificio en el predio que hoy ocupa el ex Colegio Nacional. Finalmente, frente a otra licitación el Sr. Adalberto Pagano presentó nuevos planos y pliegos y la obra se adjudicó al constructor Marcelo Pascuale para su ejecución. 



El palacio, en su totalidad, fue inaugurado en 1925, 40 años después de la fundación de la ciudad. “Su arquitectura se encuadra dentro del movimiento eclécticista con aportes franceses y rasgos barrocos” (investigación de miembros del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires, Distrito X, Delegación Tres Arroyos). Los materiales y los detalles hablan de la calidad y del exquisito gusto de esta obra monumental. Con sólo nombrar el mármol de Carrara de sus escaleras, las maderas utilizadas en revestimientos y pisos, las arañas y apliques de bronce y los vitraux tanto del techo como del frente posterior, más los detalles de todo el exterior, podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que nuestro Palacio Municipal puede competir en belleza con no pocas casas de gobierno de algunas capitales provinciales. 



El paso inexorable del tiempo exige cada tantos años una restauración, tanto del interior como del exterior de cualquier edificio; así el Salón Blanco fue objeto de una de ellas a fines de la década del ’70 y luego en el 2005 y el 2007, fue necesario repetir la operación y una reparación de los techos. 



Pero siempre en este tipo de trabajos, se gana en mantenimiento pero se pierden algunos detalles; esto se puede observar en una de las fotografías de las mansardas; en las terminaciones de los techos desapareció una hilera de puntas de hierro forjado que decoraban los sectores más altos de las torretas y del frente. A veces la tiranía de los presupuestos sacrifica el valor del patrimonio arquitectónico y en otras ocasiones, no hay especialistas en la materia capaces de reparar esos daños. 



En síntesis, no podemos permitir que el deterioro nos prive, en el futuro, de esta joya arquitectónica, porque de ser así nuestras generaciones se enfrentarán al juicio de la Historia de nuestra Patria Chica.