FOTO LUCAS CHILLEMI

Opinión

Por Horacio Arbasetti

Y un día se fue el “mejor”

27|11|20 10:28 hs.

Así de simple sería la forma de despedir a alguien que uno siente o aprecia, pero el que esta vez se fue, es nada menos que Diego Armando Maradona. 


Una persona que ha despertado a través de los años amores y desamores, desencuentros y pasiones, pero el único. Sí, el único capaz de que en el momento de su despedida se puedan encontrar Boca y River, Independiente y Racing, San Lorenzo y Huracán. 

Eso es lo que pude ver ayer durante casi seis horas en el largo recorrido que tuve que hacer desde que bajé del subte en la Estación Independencia, a unas veinte cuadras de la Casa de Gobierno. Porque hasta allí me fui, un poco de curioso, otro poco por lo que hago desde hace más de veinte años en La Voz del Pueblo y fundamentalmente porque soy venal, argentino y aunque muchas veces no se note, futbolero. 

Vi de todo y de todos los colores de camisetas pero fundamentalmente chicos y grandes, jóvenes y viejos, en la mayoría de los casos con los rostros desencajados por la emoción. Claro, se fue el Diego, el ídolo de todos, quien más o menos alguna vez le sacó una sonrisa y un sinnúmero de lágrimas, porque Maradona fue eso durante toda su vida y la vida de todos los argentinos.

Pero además, uno de los únicos ídolos de los argentinos que junto a Fangio, hemos tenido que compartir con el mundo. Demostrando que tanto en lo terrenal, como en el más allá, va a seguir perdurando en el tiempo. 

Una sola vez lo ví jugar al fútbol y fue el 10 de octubre de 1993 en la cancha de Independiente, la vieja Doble Visera, cuando volvió de Europa vistiendo la camiseta de Newell’s. Ese día creo yo, que la hinchada de la Lepra nunca tuvo más aguante porque en esa tribuna visitante éramos más los hinchas de otros clubes que los verdaderos rojinegros. Pero el recuerdo más emocionante fue cuando después de saludar a la hinchada leprosa hizo lo propio con la del Rojo, y de la Doble Visera bajó esa bandera inmensa que la cubría toda, con una frase que siempre voy a recordar y se transformó en la preferida de todos. “Gracias Diego”. 

Después pasaron los años, el recuerdo del Mundial en el que le “cortaron las piernas” y como siempre alguna de sus típicas frases que quedaron en la historia. 

Maradona fue, es y será el ídolo de todos, fundamentalmente de esos que ayer se quedaron mudos de tanto vivarlo, de los que se treparon a las rejas de la Casa Rosada al grito de “y Diego no se va…” porque en eso estaban expresando todo. Sus propias alegrías y angustias, esas que solamente Maradona logró sacarles en cada pisada, cada gambeta, cada arenga, todas resumidas en el más grande símbolo de “la mano de Dios”. 

Pero para todos los mortales, esos que día a día se levantan y van a laburar, seguro a partir de hoy la vida va a ser diferente. Como yo ayer por la tarde lo sentí, en una Plaza de Mayo colmada de gente que cantaba una y otra vez las eternas canciones que hacen de Maradona alguien inolvidable. Ese que transformó al ídolo en un verdadero personaje inoxidable, al que parecía que ni siquiera la muerte lo iba a tocar. Porque hasta de eso se trata, como dijo un locutor de una radio que escuchaba mientras iba en subte, “yo creo que ni aunque hubiese tenido la peor pesadilla de mi vida se me hubiese ocurrido que Maradona se iba a morir”. 

Es un poco lo que a la mayoría de los argentinos les debe haber pasado, cuando el miércoles escucharon o vieron lo que nunca hubiesen querido, “Ha muerto Maradona”.