Mario Massaccesi aprovechó su visita a Claromecó para subirse al faro, un símbolo de la localidad

La Ciudad

Entrevista al periodista y conductor Mario Massaccesi

“No hay una receta única para ser feliz”

15|11|20 18:26 hs.

Texto: Marcos Fersen 

Fotos: Carolina Mulder 

Con la intención de darle rienda suelta a su pasión por el turismo rural, el reconocido periodista y conductor televisivo y radial Mario Massaccesi disfrutó de las bondades naturales de Claromecó. Y sus seguidores en las redes sociales lo pudieron comprobar. 

El oriundo de Rio Cuarto, Córdoba, quien es la cara visible de “En síntesis”, el noticiero que se emite en la medianoche por Canal Trece, eligió la principal localidad balnearia del distrito para desconectarse de la realidad, aunque sea por unos días, y llenarse de energía para lo que será su vuelta a la rutina. 

También estuvo en Balneario Orense y en San Cayetano. En tanto, en nuestra ciudad cabecera, se dio el gusto de visitar la tradicional firma Torvic y de disfrutar de un grato momento en Confitería La Perla. “Yo soy un fanático del turismo rural y del interior. Prefiero siempre los lugares tranquilos”, dijo el periodista en el marco de una entrevista que le concedió a este diario en el transcurso de la última semana. 


Mario Massaccesi pasó por Casa Torvic


Durante 29 minutos de conversación, Massaccesi profundizó sobre diversos temas, dejando conceptos e ideas más que interesantes. En ese marco, dio su punto de vista con respecto a la actual pandemia, la política, el país, la sociedad argentina y la felicidad, el eje de su libro “Soltar para ser feliz”. 

-¿Primera vez en Claromecó?
-Primera vez en Claromecó. Anteriormente había estado en Tres Arroyos, hace algunos años, cuando la entonces princesa Máxima había visitado la ciudad. Estaba en la zona haciendo una cobertura y me mandaron urgente a cubrir su llegada. Estuve tres días: cubrimos la previa, el “Día D” y el día posterior, con las repercusiones. Ya había andado por la zona pero nunca en Claromecó. 

Tengo varios amigos de Tres Arroyos que me hablaron del balneario y su tranquilidad, de las playas vírgenes, las dunas, el vivero y todo lo que tiene para ofrecer. Ahora se dieron las condiciones para venir unos días. Soy materia dispuesta, me gusta mucho viajar y conocer localidades bien chiquitas o pagos chicos del interior. 

-¿Te encontraste con lo que tus amigos te habían dicho de Claromecó? 
-Sí, por supuesto. A estos tres amigos los conozco de distintos lugares, pero, coincidentemente, los tres son de Claromecó. Tenía referencias del balneario a través de ellos, quienes son los mejores agentes de prensa. Lo que vi superó ampliamente las expectativas que tenía. 

Lo que ellos me habían contado no se compara con lo que se vive. Esta la tranquilidad del lugar y la inmensidad de las playas vírgenes. Estoy maravillado y fascinado con el lugar. Todavía estamos fuera de temporada. No sé cómo será en pleno período estival. En general, no elijo los lugares de playa en época de temporada alta. 

-Llegaste justo en el marco del centenario de Claromecó. ¿Sabías de esta fecha tan especial para el pueblo? 
-No sabía nada. Coincidió que me tenía que tomar vacaciones en mi trabajo y no me quedó otra que tomarme esta semana. Se dieron las condiciones para venir a Claromecó. Me invitaron al acto del lunes pero no fui. No correspondía que fuera porque sólo soy un visitante. Obviamente, estoy muy agradecido con la invitación pero lo mío es solo turista. No estoy trabajando aunque no puedo estar sin trabajar. Soy naturalmente inquieto y publico en las redes. Siempre trabajo porque busco información y pregunto constantemente. Ahora con la distancia social he tratado de conectarme con la menor cantidad de gente posible por una cuestión lógica de cuidado para todos 



-¿Cómo te impactó la pandemia y qué enseñanza te está dejando? 
-Siempre me adapto muy bien a lo que está pasando. Es un aprendizaje de muchos años. Si hay cosas que no puedo modificar, como es en este caso una pandemia, lo único que queda es modificarme yo y adaptarme. No resistir a lo que está pasando. También es cierto que yo tengo trabajo y pude seguir trabajando. Mi actividad estaba dentro de que son las esenciales, con lo cual había determinadas situaciones que hicieron que los efectos no fueran tan dramáticos. 

Lamentablemente, hay mucha gente que la está pasando muy mal. Yo me adapté. Hasta ahora vengo zafando. No me he contagiado. Me hice varios hisopados. No tuve, ni tengo Covid. Me he cuidado mucho. He respetado la cuarentena estricta al máximo posible, al igual que al aislamiento. Cumplo con todas las medidas de prevención que nos dicen que hay que tomar. Nadie está exento. Nunca dejé de trabajar. Fui al canal todos los días, pero tomé los recaudos y, por ahora, no me he contagiado. Mañana no sé lo que puede pasar. Todos estamos en la misma situación. Me pone triste lo que está pasando mucha gente. Hay personas que todavía no pudieron volver a trabajar. 

Uno se puede adaptar. Puede gestionar cosas para pasar este tiempo lo mejor posible dentro del contexto de aislamiento o encierro, pero cuando te asomas a la ventana y ves a tanta gente que la está pasando mal, y que aún no le ha encontrado la vuelta, me pone muy triste. Yo vivo en una avenida comercial, como la Santa Fe, que es una de las más importantes de Capital Federal. Por lo menos, en la cuadra donde vivo, el 40 por ciento de los negocios bajaron las persianas. Con solo asomarme a la ventana de mi habitación, alcanza para darme cuenta lo que han sido los efectos, en algunos casos, devastadores de tantos meses de pandemia. 

-¿Qué postura tenés con respecto a esta cuarentena y a las medidas que se fueron tomando desde el gobierno? 
-Hay una frase que siempre repito: fácil es juzgar la noche al otro día. Hoy es muy fácil juzgar todo lo que se hizo. Lo bueno, lo malo, lo más o menos y lo regular. Creo que es una situación atípica, inusual, extraordinaria e incierta. No me gusta juzgar lo que se hizo en un contexto de tanta incertidumbre y tanto cambio permanente. A mí sí me gustó el trabajo en conjunto que se hizo en los primeros meses de la pandemia, más allá de que hay medidas que hoy podemos decir que no tendrían que haber sido tan extremas. Pero el trabajo que se hizo en los primeros meses, con decisiones importantes entre el Gobierno Nacional con el resto de los gobiernos, incluidos el de la Ciudad de Buenos Aires, fue acertado. 

Siempre prefiero pensar qué se puede hacer de ahora en adelante en función de los errores y no estar señalando equivocaciones en el devenir de los hechos. Siempre van a existir los errores. A eso me gusta llamarlo “espacios de mejora”. Creo que a partir de las decisiones que se fueron tomando, siempre va a haber “espacios de mejora”. El tema es qué podemos hacer hoy y qué queremos que nos pase en los próximos meses, cuando todavía no hay una vacuna, ni tampoco una solución para el coronavirus. Todavía no sabemos hasta cuándo va a durar esto. 

-Hablaste del trabajo en conjunto entre dos espacios políticos antagónicos. ¿Qué análisis hacés del momento que vive la política nacional? ¿Qué hace falta para que Argentina tenga una política de Estado y el país tenga un norte en lo social y en lo económico? 
-Asumir que las diferencias no pueden anteponerse al propósito en común que todos queremos y necesitamos. Mientras se ponga la lupa en las diferencias, no en las coincidencias, y en los objetivos en común que todos necesitamos para que el país salga adelante, no va a ser posible. No hablo solo de la política. Hablo de la característica natural que tenemos los argentinos de movernos en dos bandos. Los unos y los otros. Esto o aquello. 

Mientras haya un espíritu “grietista”, va a ser muy difícil. Hay que trascender y superar ese espíritu “grietista”. Lógicamente, hay que seguir manteniendo las diferencias. Eso es maravilloso que pase. Nunca vamos a ser todos iguales y nunca vamos a pensar todos de la misma forma. Eso es parte de la lógica de cualquier democracia. Ahora, ¿qué es lo que queremos que nos pase? Me espanta que, por un lado, la vicepresidenta -Cristina Fernández- proponga un acuerdo nacional después de tantos años de no acordar y, al mismo tiempo, me espanta que un referente de la oposición como Mauricio Macri, quien tanto hablaba de acuerdos, ahora diga que no se sienta en la mesa. Si seguimos jugando al gato y al ratón, no nos vamos a encontrar nunca. Y la pregunta que hay que hacerse es: ¿Qué queremos que nos pase? En función de eso, el otro interrogante sería: ¿Qué estoy dispuesto a aportar? ¿Desde qué lugar y para qué? Mientras no nos hagamos esas preguntas y no respondamos con hechos a esas cuestiones, vamos a seguir empantanados, tal como estamos desde hace tantos años. Es lo que pienso y puedo estar equivocado. 

-Te criaste en una familia humilde. Vos mismo en algunas entrevistas que te han hecho relataste que en tu infancia hubo carencias. De esa condición pudiste salir luego de haber estudiado y trabajado, lo cual te permitió hacer una carrera en el periodismo. Por todo eso, ¿Te consideras un ejemplo para las familias que hoy en día están pasando por la situación que te tocó pasar de chico? 
-No, jamás me podría considerar ejemplo de nada, ni de nadie. Nunca pretendí eso, ni tampoco lo pretendo. Simplemente, comparto algunas situaciones de mi vida que me parece que pueden servir como punto de referencia para que alguien pueda mirar o mirarse, y elegir si le sirve o no. Cada uno hace con su vida lo que puede. Sí creo que algunas cosas que me pasaron, y algunas cosas que hice con eso que me pasó, inspiran a mucha gente para tomar decisiones y para poder ayudar a darse cuenta de que es posible. Pero como pasa con mi vida, pasa lo mismo con muchísima gente. 

El país está lleno de hombres, mujeres, familias, laburantes, estudiantes y científicos que se han convertido en magos de su propia vida. Soy uno más de la gran cantidad de gente que lo hace, lo hizo y lo hará todos los días. Yo hago un trabajo de vidriera y que es público. Entonces, es más fácil de ver. Pero hay gente que realmente es ejemplo de vida y de perseverancia, de inspiración y son auténticos referentes. Yo prefiero no verme como ejemplo de nada. Sí soy ejemplo de mí mismo. Sé de dónde vengo y porque sé lo que pasé. Sé lo que me tocó. Sé lo que me hicieron. Con eso pude ir caminando sobre mi propia vida y llegue a este lugar, en el que vivo en el estado de mayor felicidad que puedo hoy. He tomado algunas decisiones que han sido ejemplares pero para mi vida. Jamás me podría considerar ejemplo para los demás. 



-¿Cuál crees que fue la clave para mantenerte tanto tiempo en los medios nacionales?
-Hay varias que todavía me siguen sirviendo para mantenerme en este trabajo. Primero, no perder el sentido común. El sentido común es donde está la gente. Eso es fundamental. Hay que escuchar a la gente, mirarla, preguntarle y aprender de ella. La gente son los millones de argentinos que hacen las cosas bien y a veces no tan bien, cometiendo errores, pero siempre se levantan en las malas. La segunda clave es no creérsela. Hay una frase que pertenece a Mónica Cahen D'Anvers, que fue una gran periodista, y que dice: “Que el maquillaje no se te meta en la cabeza”. 

Y cuando el maquillaje no se te mete en la cabeza, vivís en el sentido común de las personas. También es importante la perseverancia y la paciencia. Pero la paciencia como la ciencia de la paz, es decir, hacer lo que corresponde hacer y esperar los resultados. A veces esos resultados tardan un poco, pero si no te apartas del propósito de tu vida respecto de lo que estás haciendo, en algún momento los resultados llegan. Puedo estar equivocado. Otra clave es trabajar mucho. Yo trabajo mucho todos los días de mi vida. Tengo claro cuál es mi propósito. Soy naturalmente orgánico y un entusiasmado. El trabajo no me resulta un peso, sino que es uno de los placeres de mi vida. 

-¿Qué es lo más importante en la vida para vos?
-Ser feliz y posibilitar de todas las maneras posibles que otra gente también lo sea. 

-¿Es fácil eso?
-Es mucho más fácil de lo que uno cree. Cuando encontrás cuál es tu camino, tu misión, tu propósito y para que estás, sale solo. Es un motor que está todo el tiempo en funcionamiento y no hay que hacer ningún tipo de esfuerzo para hacerlo funcionar. Funciona. Y al funcionar el motor, se encienden otros motores. Es el mismo trabajo y demanda la misma energía hacer las cosas bien que hacer las cosas mal; hacerlas desde un lugar de disfrute, que hacerlas desde un lugar de complicación. Todo demanda la misma energía, pero los resultados son totalmente distintos. La felicidad no está enfocada en el resultado. El resultado es la consecuencia de que lo se hace. Todo lo que hacemos sin sentimiento, siempre cuesta. 



-¿Hay algo de todo eso en el libro "Soltar para ser feliz", que es de tu autoría? 
-Sí, claro. Lo dice el título. Una de las claves, a mi juicio, y a partir de muchos talleres que he dado, para poder ser feliz es soltar todo aquello que no te permite ser feliz. Hay muchas maneras de hacerlo, como tantas personas quieran hacerlo. No hay una receta única para ser feliz. Cada uno la va haciendo en función de la historia que trae, de los dones, habilidades, recursos y posibilidades que tiene en el presente; y en función de lo que quiere lograr. Es como una especie de ensamblado entre lo que fuimos, de dónde venimos, lo que traemos, quienes estamos siendo, quiénes queremos ser o qué queremos lograr con nosotros mismos. 

El libro plantea justamente eso: la posibilidad de sacarte esa piedra del zapato, piedra que no está en el zapato, sino en tu vida. Es una piedra que está molestando y que no te permite moverte en la vida de la manera que te gustaría moverte; y por lo tanto, esa piedra no te permite ser feliz. El libro tiene 15 capítulos, más de 360 páginas y propone soltar el control, la autoexigencia, los hijos, la familia, los abusos, a nuestros muertos, el desamor, las relaciones tóxicas, entre muchos otros "soltares" que hay en esos 15 capítulos.