Susana De Francesco y Andrea Rossi

La Ciudad

Por Luciano Moran

El comportamiento del ser humano en medio de la crisis sanitaria y social

31|10|20 20:57 hs.

La pandemia del Covid-19 generó un enorme impacto sobre la salud mental de las personas con un resultado acumulativo. El aislamiento social preventivo y obligatorio hizo que las poblaciones modifiquen por completo su actividad diaria, a la par de que han sufrido la aparición de varias sintomatologías producto del encierro o de la reducción significativa en los contactos personales. Como es sabido, los más vulnerables, son los adultos mayores, pero también los jóvenes son parte de esta disrupción en la forma en que llevamos adelante nuestras vidas. Cada uno a su manera. 


La cuarentena provocó grandes cambios en la forma en que socializamos, trabajamos, estudiamos, consumimos, desarrollamos la vida familiar y las relaciones, nuestra situación económica, la salud física y psicológica, el grado de felicidad y satisfacción con la vida, el papel como ciudadanos, la percepción de las autoridades e incluso el significado de hogar. La preocupación, el miedo y la ansiedad por temor al contagio de la enfermedad va unido a medidas que son necesarias pero que resultan socialmente perturbadoras, como el aislamiento y la cuarentena. 

 La combinación de pandemia y retraimiento social puede traer de la mano trastornos psicológicos, como estrés postraumático, depresión, ansiedad, ataques de pánico, insomnio, agotamiento y trastornos del comportamiento en el ser humano. 

Respecto a esto, la licenciada en Psicología clínica, Susana De Francesco, destacó que “la rutina diaria es una serie de conductas que nos dan una sensación de control ante un mundo cambiante y caótico. La aparición del coronavirus y las medidas instauradas hace ya tantos meses para detener el contagio, producen una sacudida. Un terremoto en nuestra tranquila y planificada vida. Y a consecuencia comienza a acompañarnos la angustia, la sensación de desamparo y el miedo. Nuestras vidas se desorganizaron abruptamente y la incertidumbre comienza a acompañarnos provocando aumento de la ansiedad, de la angustia y en algunos casos hasta reacciones de pánico.” 

Otro de los datos centrales en este contexto es el aluvión de las fake news que provocan un desconcierto que hace aumentar el temor y la alarma social. La sobre información fácilmente accesible e instantánea, ya sea por televisión o redes sociales, hacen que estemos más sensibles y nos lleve a no poder procesar ni gestionar adecuadamente tanta información. Vamos en una sola dirección, a acentuar solo los aspectos negativos de las noticias, indica De Francesco. 

Las pandemias son producto de la carencia de inmunidad ante un patógeno nuevo por parte de las poblaciones. Sobre este aspecto, De Francesco remarcó que “las pandemias tienen efectos psicológicos muy importantes sobre la población, derivados de la percepción de incertidumbre, confusión y sensación de urgencia que generan. En muchos casos son reacciones de adaptación a una nueva circunstancia estresante, mientras que en otros son debido al agravamiento de una psicopatología previa. La acción estresante del contexto pandémico no afecta a toda la población por igual. Es más, la mayoría podrá afrontarlo sin ayuda y no generará ninguna huella psicológica por haberlo vivido. Las reacciones observadas pueden ser diversas como miedo o ansiedad, reacciones de tristeza o aburrimiento que pueden llevar a manifestar síntomas depresivos, reacciones de duelo complicadas, mayor propensión a desarrollar comportamientos adictivos y complicaciones de alteraciones psicopatológicas previas.” 

Los trastornos de ansiedad y miedo son emociones básicas. Son sentimientos que se adecuan perfectamente al momento crítico que se está viviendo. El ser humano tiende a apropiarse de ellos. El problema aparece cuando lo sentimos de manera desproporcionada en relación a la situación de peligro. Los efectos de este desequilibrio se manifiestan en hábitos de nuestra vida cotidiana. Lo importante es darnos permiso y no estar constantemente intentando extirparlo de nuestra mente. El miedo a la enfermedad, la muerte y la incertidumbre sobre el futuro, el cansancio y la fatiga, el cambio de patrones de alimentación y aumento de peso, molestia y aburrimiento son los efectos observados, señala Susana De Francesco. 

Respecto a los miedos, hizo hincapié en que “cuando sentimos miedo, nuestro cuerpo reacciona produciendo una secuencia de efectos, tanto físicos como psicológicos. 

Las consecuencias de él sobre nuestra mente pueden ir desde el agobio, el malestar, hasta el insomnio, ataques de ansiedad, caída de nuestra autoestima, pérdida absoluta de confianza, inseguridad, vulnerabilidad o culpabilidad”. 

Se trata de “sentimientos y emociones todas ellas provocadas por una visión irreal de la situación. Afectan a la forma en la que percibimos la realidad, creyendo que el mundo es un lugar inseguro, que todas las personas son peligrosas, o que nada tiene sentido.” 

Algunos antídotos ante éste tipo de situaciones pueden ser las emociones positivas que ayudan a sobrellevar la enfermedad y favorecen el proceso de recuperación, aunque no logran mejorar a la persona por sí sola. La risa y el buen humor pueden ser herramientas efectivas para enfrentarse a la enfermedad. La capacidad de estar de buen humor imprime sentido de perspectiva a nuestros problemas. 

La risa brinda una liberación física de las tensiones acumuladas. Se espera que todo aquello haga mantener al ser humano emocionalmente estable y lejos de experiencias desagradables que puedan contribuir a que el sistema inmunológico funcione óptimamente, explica De Francesco. 

 La situación en los más jóvenes 
Los más chicos son quienes de alguna manera están llevando adelante ésta complicada situación con otras herramientas. La era de la digitalización llegó para quedarse y más aun, en pandemia. Pese a no poder tener contacto físico con sus compañeros de colegio o del club, las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información han sabido suplir ese vínculo aunque no es lo mismo, claro está. 

En esta línea, la licenciada en Psicología infantil, Andrea Rossi, destacó que “los efectos adversos del malestar en niños y en adolescentes están ligados tanto al encierro prolongado como a la falta de contacto con pares y el entorno en general. Por otro lado la realidad familiar ha cambiado, están tiempo completo padres e hijos en sus casas. Los lugares individuales se han desdibujado. Los padres deben acompañar más a sus hijos en las tareas educativas de manera intensa, donde lo académico ha perdido su fuerza y deben convertirse en docentes, tarea difícil de cumplir sumado a que también deben trabajar y atender las tareas domésticas. Hay una sobresaturación interna.” 

Esta situación tan prolongada ha generado tanto en los niños como en los adolescentes mucho desgano y desinterés, incluso para cumplir con sus obligaciones educativas. Han sido afectados los hábitos del sueño y las rutinas en general provocando mucho desorden. Hemos visto más apatía, tristeza y desinterés. Los adolescentes que culminan la secundaria se han visto muy angustiados cuando comenzaron a ver que nada de lo planeado se cumpliría: viajes, fiestas y básicamente mucha angustia por no poder compartir el espacio escolar con sus amigos. Están sufriendo, en algunos casos, mucha incertidumbre en que estudiar a futuro y que pasará el año próximo, argumenta Rossi. 

En esta nueva realidad hubo que reinventarse una y otra vez. En este sentido, Andrea Rossi expresó que “hubo que readecuarse, algunos lo lograron. Otros no. Así aparecen las terapias virtuales que en el área de niños o adolescentes parecían tan improbables. Hoy tuvimos que implementarlas indefectiblemente. Hubo mucha resistencia, aunque finalmente lo hicimos y hoy estamos atendiendo online y por sobre todo realizando orientación a padres. Lo importante es no dejar de estar atentos a lo que dicen o hacen tanto niños como adolescentes. Consultar tantas veces sea necesario. No ocurren cosas nuevas, solo que las herramientas se van agotando, es imperioso poder pensar. Aquellos que venían más vulnerables, frente a este cambio, fueron más afectados”. 

Hizo mención a que ante esta emergencia sanitaria que hoy nos toca atravesar, es fundamental considerar como herramienta a la psicoterapia online, mediante el uso de las tecnologías de telecomunicación, con el objetivo de poner en contacto a los pacientes con los profesionales de la salud mental con fines diagnósticos y de tratamiento. 

Por último, siempre es importante remarcar que las personas se animen a solicitar un consejo, una sugerencia o algún tipo de ayuda, ya sea de manera presencial u online. Hay muchos profesionales a los que se puede derivar cualquier tipo de consulta. Al servicio de las demandas que pueden llegar a surgir. Es en este momento donde más presentes deben estar los profesionales de la salud para poder plasmar nuevas estrategias para continuar hacia adelante. Lo que realmente importa es, no sentirse solo.            



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