Inge Andersen guarda sus recuerdos junto al Negro Villafañe en cientos de fotos y relatos

Sociales

Inge Andersen, y sus 26 años junto a Néstor Villafañe

“Las manos del Negro eran de oro”

25|10|20 10:38 hs.

El Negro Néstor Villafañe es uno de los artistas plásticos que ha permanecido en el recuerdo de la ciudad pero también en el de sus obras. 


El pasado 12 de octubre se cumplió un nuevo aniversario de su desaparición -el veinticuatro- a los 61 años de edad. 

Dibujante de excelente calidad, también supo ser muy buen muralista y gran pintor como lo recuerdan algunos de sus colegas de los denominados de la “vieja guardia”. Pero quien más lo conoció y en profundidad es Inge Andersen, la mujer con la que compartió muchos años de su vida. Ella recibió a La Voz del Pueblo en la casa de la calle Roca al 1100 -en pleno Barrio Villa del Parque- donde hoy transcurre su vida junto al hijo de ambos, Maximiliano. 

Y aquí es cuando Inge aclara que “antes de esto yo quiero hacer un gran agradecimiento al diario. Por haberse acordado de homenajear a un gran artista en Tres Arroyos como Néstor Villafañe”.


Inge Andersen guarda los mejores recuerdos de 26 años junto al Negro Villafañe en cientos de fotos y relatos. Al punto tal que en su living hay un retrato a lápiz que le realizó en 1974


Grandes recuerdos 
Delante nuestro pasan montones de fotos y varios de los recuerdos que tiñeron la vida de ambos, charla de por medio. Obras en oficinas, en Orión cuando era de Vago, en King Publicidad; los bajorrelieves hechos en el subsuelo del El Quijote; “estos son una belleza, color lacre. Son seis escenas del Quijote y el caballo que estaba en ese lugar fue idea original de él. Hasta fue padrino de la Banda Coreográfica, también tengo fotos de montones de exposiciones y de cuando se formó la APTA -la Asociación de Plásticos de Tres Arroyos-”. 

Surge la intriga de cómo se conocieron porque en todas estas cosas de eso no habíamos hablado. “Ah mirá, nos presentó Mirta Luján Rey; por eso es que yo le hice un escrito que lo pasaron cuando entregaron la última vez el Día de la Mujer. Ahí leí uno homenajeándola porque ella se lo merecía, por artista que era y amiga. En una exposición en la Biblioteca Cacuri, que yo había ido me dijo ‘te voy a presentar a un pintor’ y ahí estuvimos hablando un rato; él en ese momento tenía un negocio, el Atelier Fidias, en la calle Betolaza al 200. Cuando me contó esto le dije que me interesaba y que me gustaría trabajar en uno así. Con el tiempo andaba buscando trabajo y voy para allá, al atelier. Ahí me preguntó si sabía enmarcar cuadros y hacer reproducciones entonces me dice ‘bueno, probemos a ver qué pasa’. Empecé haciendo repujado en cobre, pirograbado, tenía mi tablero y hacía reproducciones de Battle Planas, Quinquela, de todos los pintores famosos. Porque la gente venía al atelier con la lámina y quería un cuadro, entonces yo hacía las reproducciones”. 


En una muestra en la Sarmiento, Hugo Costanzo, Reynaldo Onzari, Néstor Villafañe e Inge Andersen (septiembre de 1981)


En esa época Inge fumaba y siempre encontraba arriba de su tablero un atado de cigarrillos Derby; “él me cebaba mates mientras trabajaba”, recuerda riéndose Inge. Y agrega, “había entonces un entorno más o menos amoroso. Ahí empezó todo lo nuestro”. 

26 años felices 
Cuando le preguntamos cuantos años pasaron juntos señala, “veintiséis años. No fueron buenos sino muy buenos porque trabajamos muchísimo juntos, como teníamos la misma profesión. También teníamos en común las coincidencias políticas y la música clásica. Sobre esto tengo una anécdota muy linda y a la vez triste porque a él le gustaba mucho el piano. Entonces estudió con profesores de Bahía Blanca que venían a Dorrego” -su ciudad natal era Guisasola-. 

Recuerda que Villafañe iba mucho a las iglesias de Dorrego, de cualquier culto, evangélicas, católicas porque tenían un órgano. 


En su pieza Inge conserva un cuadro que le hizo Villafañe cuando quedó embarazada de Maximiliano. “No creo que en la foto se note pero la cara de la mariposa es la mía y hay unas hojas de uva porque en ese tiempo me atraían” cuenta


Él se hacía amigo del pastor o del cura o lo que sea para ir a tocar; su madre -que estaba muy enferma de cáncer- pensó en ese momento que tenía afición religiosa pero nunca que le gustara la música. “El Negro le prometió a ella que iba a ser cura, porque adoraba a la madre, pero después de muerta no pudo cumplir esto y se autocastigó… jamás tocó un piano. Así era el Negro” cuenta Inge, con un dejo de tristeza y hasta la voz entrecortada pero a la vez feliz de hacerlo mostrando cómo era la personalidad de Néstor Villafañe. 

Compañero maravilloso 
La vinculación entre Néstor e Inge no sólo se dio por el arte, la música y la política sino que además “era un compañero maravilloso. Nosotros no nos casamos nunca porque él ya lo era pero de común acuerdo fuimos haciendo la ruta para irnos de Tres Arroyos e instalarnos en Neuquén. Esa era la meta nuestra porque decían que había mucho trabajo y mucha cultura. Cuando viajamos, en la terminal de Bahía Blanca nos encontramos con José Antonio Martínez, el director del Grupo Tablas de teatro del que habíamos sido los maquilladores los dos. Nos invitó a irnos unos días a La Salada, un balneario ubicado en esa laguna a pocos kilómetros de Pedro Luro, que es de los Barragán los de la barca Atlantis. Allí nos hicimos cargo del camping, que belleza, tantos amigos, pintó todo multicolor; luego nos hicimos cargo de la hostería. Ahí cocinaba el Negro porque le gustaba mucho, tenía un menú semanal; fueron cinco años hermosísimos. Además teníamos alumnos de plástica en el Fortín Club de Pedro Luro, yo para chicos y mi marido para los adultos”. 



Luego de esa experiencia vuelven a Tres Arroyos, ubicándose primero en la casa familiar de Inge en la calle San Lorenzo para luego trasladarse a Alsina al 430. 

El regreso se marcó con una nueva experiencia laboral fundamentalmente en varios boliches bailables, “en Claromecó, Monte Hermoso y una obra en uno en Pedro Luro. El lugar se llamaba Kotarka, era una escena de ‘Atila el rey de los hunos’ hecha en bajorrelieve en cemento… si habré clavado clavos pequeños”. 

Fueron muchos los trabajos, hasta carrozas para desfiles, muñecos cabezones. Quedan para el final algunos pensamientos de Inge sobre lo que le dejó la vida junto a Néstor Villafañe. 


Los trabajos de gran formato y murales fueron característica del Negro cómo el que está en el hall de la Escuela Nº 1. Curiosamente el único trabajo que realizaron juntos Inge y Néstor fue el que se ubica en el Hogar para Ancianos (abajo)



Recuerda que “era muy romántico, yo también lo soy pero más materialista, los dos teníamos una idea política inalterable. Pero sobre todas las cosas el compañerismo; él no había cosa que no supiese hacer. Las manos del Negro eran de oro, la verdad que sí. Ahora mi vida es otra cosa, todo se termina. Yo estoy agradecida a la vida porque me dio muchas cosas buenas. El presente se vive recordando y extrañando. Su última noche en el Hospital Pirovano en un momento de lucidez me dijo ‘sabés Federenka -porque yo tenía varios nombres como ese, Pitonisa, Rusita-, me quiero acostar con vos’. Yo me acerqué, lo abracé fuerte y me dijo ‘ahora sí estoy bien’ y se me fue…”. 


La última foto del Negro


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El Parque Miedan, el arte y los murales
En un momento se refiere al Parque Miedan y su orgullo de ver lo recuperado que está; “tarea que encaramos con José Luis Martiquet. El me dijo en un momento ‘¿qué te parece Vieja, vamos a formar la comisión y a tomar el Parque que está abandonado’. Fuimos todos los vecinos con hachas, serruchos motosierras a limpiar los árboles que quedaban para tratar de rescatar las especies que había. Este chico, Martiquet, me había tomado como una madre adoptiva. Para mis ochenta años me armó una fiesta inolvidable en la que invitó a mi familia, a amigos y a gente conocida de la Biblioteca Meister”. 

Sostiene con orgullo que todavía sigue siendo presidenta de la Asociación Vecinos Don Amadeo Miedan; porque “estoy controlando un poco el barrio nada más. No hace mucho que estamos acá, unos diez, quince años. Pero en la esquina hay uno que sí es veterano en el barrio, Tito Forte”. 


El Negro Villafañe dando clases de dibujo en la escuela de Bellas Artes que armó en la Biblioteca José Ingenieros (mayo de 1988)


Su maestro
En la pintura y fundamentalmente el dibujo hay que aclarar que el maestro con el que había estudiado Inge Andersen era nada menos que Guillermo Duvelmeyer.

“Fue mi primer profesor -cuenta- pero al poco tiempo se fue de acá y entonces fui un año con Roberto Cassina pero no me llenaba, porque era muy monótono en cuanto a los modelos. Así que seguí sola haciendo trabajos, logotipos para los diarios La Hora y La Voz del Pueblo, la imprenta Caffaro -en la calle Chacabuco-. Después me armé de una carpeta grande e hice muchos modelos en acuarela y en cartulina de cosas, ya sea para niños, paisaje, motivos de navidad. Salía con la carpeta y recorría negocios ofreciendo mis trabajos”. 

Murales para el recuerdo 
Dentro de todos los recuerdos hay montones de fotos de visitas, exposiciones de arte y fundamentalmente muchos de los recuerdos del trabajo del Negro Villafañe. 


“500 años” pintura de Villafañe que Inge donó a la Sociedad Empleados de Comercio “porque ahí nos conocimos”


Murales o grandes obras que forman parte de su archivo afectivo de los años felices. “Mirá, esta (“500 años”), es de un mural que lo doné a la Cacuri cuando murió él, porque ahí nos conocimos. Este otro es de la Escuela Nº 1 y esta foto es de la Biblioteca José Ingenieros, cuando nosotros nos hicimos cargo, cuando la reflotamos. Esto fue porque Enzo Petrini, que era muy amigo del Negro, le dijo ‘Negrito hacete cargo porque eso está abandonado’. Entonces nos fuimos a vivir allá cuando Maxi tendría unos ocho años. El tenía la escuelita de arte ahí y daba clases a todas las edades. Recuerdo que hasta el pasto cortaba a tijera porque máquina no teníamos. Imaginate que cuando llegamos ahí ocupamos chicas para poder clasificar los libros; después se formó la comisión y ahí la Ingenieros empezó a marchar”.


fotos y textos Horacio Arbasetti


Son muchas las obras que realizó Néstor Villafañe, algunas de las cuales sabemos que están en manos de colegas del arte. Curiosamente una sola los vio trabajar en conjunto a Inge y él; se trata de un mural ubicado en el Hogar para Ancianos de nuestra ciudad.