Victoria D’Llano, Cristina Echaves, Emiliano Krogh, Florencia Serra, Eduardo Ré y el director Jorge

Sociales

Una obra con personas sin experiencia actoral

“Toc, toc: ¿Acá es el casting?”

04|10|20 13:55 hs.

Por Valentina Pereyra


“Yo no me anoté, no sé qué hago acá”. 
“¡Yo sé por qué viniste! Me viste en el casting cuando salí de la biblioteca y te fascinaste, por eso entraste”. 

Un posnet, un sombrero, una peluca, lentes, un moño en el pelo, una remera, calzas, chalina, borceguíes. 

Un casting los convocó, llegaron por distintos caminos y confluyeron en la Biblioteca de la Fundación Campano unos días antes de la Navidad del año pasado. 

Cristina Echaves, Eduardo Ré, Emiliano Krogh, Diego Jiménez, Florencia Serra, Victoria D’Llano y Jorge Pereyra guardan los protocolos necesarios por la pandemia y en círculo, con tapabocas, no son ellos, son sus personajes. “Me mandaron una carta documento que tenía que estar acá a las ocho, ¡Con todo el trabajo que tengo, no puedo perder el tiempo! Lo mío es trabajo, y con eso no de juega”. 


Dos momentos de los ensayos de los “Indirigibles" (Marianela Hut)


(M. Hut)


Así trae Cristina a Yenny, una trabajadora sexual que necesita modernizarse y que fue citada a la misma hora y en el mismo lugar que el resto de los personajes que aguardan en esa sala de espera. 

Los actores fueron seleccionados en un casting bajo la consigna de no tener experiencia teatral. Del grupo, el único que la tiene es Eduardo que ante la propuesta de Jorge no dudó en ingresar a la ronda de torturados personajes que construyen en cada encuentro. 

La idea original fue representar una obra muy reconocida cuyos derechos no están aprobados todavía, por eso, mientras tanto, el grupo realiza una creación colectiva a partir de ensayos e improvisaciones de las que salen los textos. 

Los personajes 
Eduardo ahondó en el personaje original de la obra que es un médico psicólogo que en la oscuridad analiza a cada uno de los otros pacientes que están en la sala de espera, pero lo hace sin mostrarse, va sacando de cada uno lo mejor y lo peor. El actor se inspiró en un profesional con el que tiene contacto y desde ese conocimiento construye su papel. 

También, en relación con los demás actores, “me aportan mucho para crear, son diamante en puro a pesar de que nunca hicieron teatro, salen cosas increíbles”. 

El personaje de Emiliano mutó, al principio de los ensayos comenzó con una personalidad, pero luego cambió y lo construyó en relación al personaje de Florencia, “estoy muy enamorado de ella, estoy obsesionado, soy bipolar y trabajo un poco en ese sentido, las últimas tres clases me las pase mirándola”. 


(M. Hut)


La frase del joven arranca la carcajada de sus compañeros que no dejan de representar el papel que eligieron con la ayuda del director y de la interacción grupal. Arribaron al teatro por un casting que los ayudó a ingresar a ese mundo creativo y ahora lo disfrutan.

Florencia tiene un papel solitario, tímido, sensible, llega al mismo tiempo que el resto de los pacientes a esa sala de espera que los convoca y, en el encuentro con estos seres particulares intenta buscar qué sucede con ella. 

Cristina es Yenny, una trabajadora sexual y monotributista que incorporó Mercado Pago “porque de otra forma los clientes se me van”. También la actriz modificó su idea original, “no sé cómo salió este personaje, en un momento tenía que ser una santa, y ¡mirá cómo terminé, no sé qué pasó!”. 

Victoria es la asistente de dirección y a cargo de la escenografía, además la artífice de los encuentros ya que cedió el espacio donde se ensaya. “Al principio teníamos una idea, pero como fue mutando, la escenografía también se va armando, por eso no la tengo decidida hasta que la obra esté lista”. 


(M. Hut)


Diego es un mafioso que está buscando su personaje, va a ser un tipo siniestro pero encubierto, de pocas palabras, con una manera muy especial de expresarse cuando se enoja, muy distinta al rol que cumple. “Vamos a tirarnos por el absurdo”, amplía el director y agrega además que se incorporará el Covid-19 -que seguramente atravesará los problemas psicológicos de base de los personajes- la higiene, el barbijo en todo a la obra, incluso con el público al que se lo hará partícipe de ese encuentro en la sala de espera de un consultorio.

“La idea es poder hacer algo al aire libre o con la gente que se permita, por ahora estamos ensayando en el espacio”. 

Hacer los deberes 
Los actores anotan los diálogos que salen de las producciones de cada clase, registran la reseña de cada encuentro, “hacemos los deberes”.

Repiten varias veces los argumentos, conversan sobre los personajes, filman el trabajo diario con el fin de volver a ver cómo sale cada escena, “la idea es hacer una revisión detallada cuando estén todas listas”. 

Los personajes están caracterizados como los actores pensaron que debían representarse en escena, en relación con la construcción que cada uno hizo de su papel. “Al principio estábamos muy tímidos, pero el proceso de entrar al personaje fue en cuarentena, sólo habíamos tenido un encuentro presencial, luego varios encuentros virtuales hasta que con protocolo pudimos volver a ensayar, limita un poco el tapabocas, pero preferimos avanzar en los personajes”. 

Cristina no larga por nada a Yenny, pero en un momento de descuido dice, “estoy acá de caradura, nunca hice nada, sólo en casa o para mis compañeros. Vi un aviso, fui a la biblioteca y cuando me anoté, me presenté. En el casting representé a una mujer que había sacado un crédito para arreglar su casa y además, imité a algún personaje que conozco de mi trabajo”. 

Florencia tenía por esos días navideños una preocupación: Comprar el pan dulce. Pero llovía y eso la retuvo un rato más en la cama leyendo. “Me enteré el último día del llamado al casting, Me acuerdo que faltaban dos días para Navidad cuando leí que hasta el 23 de diciembre había tiempo, y, ¡era 23 de diciembre!”. 

De un salto se vistió, buscó la cartera para pasar por la panadería al regreso de la biblioteca y salió hacia la Campano. “Improvisé una situación en la que le había encontrado un anillo de mujer en el cajón de la mesa de luz de Roberto, mi esposo”. 

Para Eduardo fue un reencuentro, “me moría por hacer teatro y Jorge me lo propuso, hacía mucho tiempo que no estaba en una obra y quise estar”. 

“Gracias abuela Mabel”, dirá la frase en la remera de Emiliano el día que se estrene la obra. “Me dedicaba a cantar y un día le comenté a mi abuela que me gustaría actuar. Sin avisarme, ella llegó una mañana y me notificó que me había anotado en un casting. ¡Estás loca!, le dije. ¡Con los actores que hay! La única vez que había estado en un escenario fue cuando representé a San Martín en la escuela”. 

El casting 
Llegaron sin saber por qué estaban ahí, pero de inmediato descubrieron que ese era su lugar. La improvisación no los puso nerviosos porque en la sala de espera de la biblioteca se generó una comunión muy grande y eso los animó mucho. 

“Fuimos tensionados y luego fue algo divertido y muy relajado”. Todos están dispuestos a aprender y a aportar ideas para construir, “nos nutrimos de lo que trae cada actor todos los días y nos divertimos mucho. Es una master class intensiva, no es risa, es un trabajo serio en el que aprendemos mucho y al mismo tiempo lo pasamos muy bien. Cada clase tomamos una hora para discutir y hablar sobre los personajes y construirlos hasta que ensayamos”. 

Tres escenas listas, terminadas y tal vez… Sujetas a modificación. 

Todo por descubrir, todo por construir. La cita fue a las ocho, todos en la misma sala de espera, allí están, falta que suba el telón.