Deportes

Entrevista a Carlos Azurmendi

“Me gustaba tratar bien a la pelota”

03|10|20 17:51 hs.

El domingo 17 de octubre de 1971, en su cancha, Boca goleó 4 a 1 a Huracán en la segunda final del Torneo Oficial y se consagró campeón. Carlos Azurmendi, marcador de punta izquierdo del local, rompió la paridad y puso el partido 2-1 en el segundo tiempo con un tiro libre. 


“El arquero era Pereyra. Entró justo al ángulo. El primer gol lo había hecho Acosta, empezamos perdiendo 1 a 0. Los otros dos fueron de Tito Gómez, y Felipe Pez”, recuerda Azurmendi. Se detiene en Tito Gómez y dice “el padre de Leo Gómez, era muy buena persona”. 

En ese campeonato hizo dos goles. El anterior fue ante Copetonas; “le pegaba con el empeine, nunca de punta. Pasé la mitad de la cancha y vi al arquero adelantado. Le pegué y entró la pelota arriba. Ganamos 2 a 0”. 

Fue el inicio de una década muy positiva para Boca, que también se consagró campeón en 1975 y 1976, años en los que Azurmendi no formó parte del plantel. 

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En la conversación con La Voz del Pueblo, habla de sus inicios en los torneos de fútbol. “Estaba por terminar la Primaria y en la calle, Juan Carlos Barral, quien había jugado en Buenos Aires y vino como técnico a Tres Arroyos, me preguntó si quería sumarme al baby fútbol de El Nacional –señala-. ‘¿De qué jugás?`’, me dijo. Y yo le respondí ‘de arquero’”. Salió campeón de baby fútbol, con equipos integrados por siete jugadores, con El Nacional y con Azul y Blanco. Puntualiza que “una de las canchas, que era muy linda, estaba ubicada donde ahora está el sector de tenis de Huracán”. 

Se crió “en el barrio que llamaban Corea, en calle Rodríguez Peña. Cuando era adolescente, nos cambiamos de casa porque mi padre se fue a trabajar el campo. Al volver tenía 16 años, fui a El Nacional, estaba Román Benítez, le expliqué que había jugado al baby fútbol. Me comentó que tenía un montón de pibes, que me busque otro club”. 


Fue arquero del equipo de baby fútbol de El Nacional. También de Azul y Blanco


En tales circunstancias, se incorporó a Villa del Parque, a través de Carlos González, “un amigo que jugó conmigo también en Villa y formó parte además de Huracán”. 

 Se incorporó en la Quinta División. Relata que “me pusieron uno o dos partidos, viene el técnico y dice que tenía que jugar en Primera. Así comencé”. 

Tenía 17 años cuando debutó en Primera y cuenta que “en ese equipo estaban, en otros otros, como arquero el Paisano Villa, Tamico Rodríguez, Miguel Milani, Hugo Marconi, Osvaldo Sánchez, Tobaja, Horacio Domínguez, Juan Carlos Rodríguez, Renaud y Ferreirós”. Poco después “empezó a jugar Carlitos Rivada, de seis, tenía 16 años y era muy metedor, en 1966 o 1967. Terminó siendo luego un gran delantero”. 

El director técnico de Villa era Bersagna. Tiene muy presente un partido con Huracán en la cancha de la V Azulada; “ellos tenían un equipazo con Luis Fernández, el arquero que venía de Mar del Plata, Goñi, Tiberio, Luna, Berrino, Losada, Urquijo y adelante –porque lo marqué- Colantonio, junto con Blandi, Mainardi, Mita. Venían para salir campeones y les ganamos 1 a 0. El gol lo hizo Miguel Milani tirando un pelotazo desde la mitad de la cancha, la pelota fue tomando altura y se le metió al arquero. Les amargamos la tarde”. 


Debutó en Primera a los 17 años, en Villa del Parque


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Azurmendi fue a Tandil para el estudio médico por el servicio militar, que hizo posteriormente en Neuquén. “Me enviaron de nuevo a Tres Arroyos. Me encontré en la calle con José María ‘Litre’ Duport, quien jugó en Quilmes, el zurdo, una patada impresionante. Yo todavía estaba en Villa. Duport me invito a jugar en Ferro de Tandil, porque había hecho el servicio militar en esa ciudad y formó parte del club. Es así que fuimos para participar en un cuadrangular”. 

Conserva el permiso que le otorgó Villa el 3 de noviembre de 1967, con la firma de Francisco Prado, por entonces presidente, y Mario Rey, secretario. Comenta que “Ferro tenía una cancha muy linda, una tribuna espectacular y abajo estaban los dormitorios, íbamos el viernes con Duport y nos quedábamos a dormir. El sábado a la noche jugábamos el cuadrangular. Los otros tres equipos que participaron eran Ramón Santamarina, Independiente y La Movediza”. 

En ese torneo, Duport convirtió un gol que no olvida. “Fue contra Independiente. El arquero me dio la pelota, la hice correr dentro del área nuestra y lo vi a Duport en la mitad de la cancha, me hizo señas; se la pasé, la bajó con la derecha, le pegó un zurdazo más o menos desde 30 metros, la metió en el ángulo, cuando el arquero giró para buscar la pelota adentro del arco, ya había rebotado en el parante y salido con fuerza. Le dio con muchísima potencia”, destaca. 

En este contexto, subraya que “el otro golazo que vi hacer fue de Vicente Luis ‘Laucha’ Pedone. Yo había ido de refuerzo a Huracán en 1972, con otros dos integrantes de Boca, y jugábamos contra San Lorenzo de Mar del Plata. Le di la pelota a Perrone, me la devolvió, lo vi cruzado a Pedone dentro del campo nuestro y se la tiré, a lo Maradona dejó cuatro tipos en el camino y definió por arriba del arquero. La cancha estaba llena, en horario nocturno”. 

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Boca campeón de 1971. Guerrero, Galucci, Sasso, Destéfano, Gómez, Azurmendi y Martínez: Luis María Fernández, Sola, Perrone, Acosta; Pez, Cedrón, Piernes y Chico


Su llegada a Boca fue responsabilidad del dirigente Reynaldo Elgart, quien lo fue a ver debido a que Villa había quedado desafiliado de la Liga de Fútbol. “Un dirigente muy bueno. ‘Yo te arreglo’, me dijo. Tenía que volver a Neuquén, estaba haciendo el servicio militar. Le conté que un compañero, que era de Balcarce, me había propuesto irnos a visitar Bariloche al recibir la baja; su padre se había comprado un Chevrolet 400, una máquina bárbara. El puso el auto y yo la nafta, porque ya había acordado con Elgart, vinimos y todavía me quedó plata”, valora. 

El técnico del Boca campeón de 1971 fue Oscar Galeano. Azurmendi afirma que “desde 1969 el equipo era muy bueno. Pero se potenció con la llegada del arquero Luis María Fernández, quien años más tarde fue rector de la Universidad Nacional del Sur. Desde 1972 a 1974 salió campeón Huracán; me enteré que Boca no iba a traer a Sasso y Acosta esos años, entonces Sasso se incorporó a Huracán. Si ellos dos hubieran estado en el plantel, estoy seguro que esos tres años el torneo lo ganábamos nosotros”. 

Ubica a Huracán en un lugar preponderante del fútbol local, en esa etapa con “Olivieri, Tiberio, Pérez, Tarula Vázquez, José Ramón Palacio, Luna que para mí debe haber sido el mejor jugador que vi pisar canchas en Tres Arroyos. Ese zurdo era extraordinario. A la pelota la trataba bien, como con cariño, te daba un pase al pie, salía jugando”. 


Con Alberto Cedrón, un referente del fútbol local


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Un desprendimiento del tendón de Aquiles lo marginó de la actividad deportiva en 1975. “Cuando volví en 1976, Boca ya tenía el equipo formado. Vinieron de Cascallares a buscarme, jugué un año, el equipo no rindió, no anduvimos bien pero nos salvamos del descenso”, explica. 

El campeonato siguiente lo contrató Independencia, cuyo técnico era Américo Belén. Opina que “tenía otra visión, creo que generó un cambio”. Rememora que “Belén me decía ‘tenés condiciones para ubicar a los defensores. Estaban Lynch, Elichiry proveniente de Copetonas y Lopazzo”. 

Sobre este período de su carrera, comparte una anécdota. “En la selección teníamos que jugar un campeonato argentino, en Azul o Tandil, estoy en duda con el lugar. Nos trasladábamos en auto, Roberto Lorenzo Bottino ponía los vehículos. También habían citado a José María De la Lama, el arquero que era de De la Garma, quien dijo ‘no me pasen a buscar que voy a ir con un amigo en auto’”. 

Sin embargo, De la Lama tuvo un accidente porque chocaron un caballo que se cruzó en la ruta y “se llevó la peor parte. Quedó muy mal. Después nos enteramos que se estaba recuperando. Perdió un ojo”. 

Cuando llegó el día del debut en Independencia, Azurmendi viajó en micro desde Tres Arroyos a Gonzales Chaves. “Estábamos en la tribuna mirando el partido de Tercera División, vino Américo Belén y nos llamó ‘muchachos vamos al vestuario’. Estaban Lynch, Elichiry, Walter Fernández, Jorge Fernández; cuando entramos había dos o tres personas, una de ellas era José María De la Lama, Loco le decían. Lo conocía del fútbol de mucho antes, le dije ‘¿Que hacés José, viniste a ver el partido?’. Me miró y contestó ‘¿Cómo a ver el partido?¡ si soy el arquero de Independencia! Yo atajo con un ojo solo’. No lo podía creer. Fue extraordinario, salimos subcampeones; le ganamos a Huracán 1 a 0 en Chaves con el Loco al arco y lo obligamos a un desempate, en Tres Arroyos nos ganaron bien, hicieron dos goles de entrada”. 

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En más de una oportunidad, durante la entrevista, expresa que “me encantaba tratar bien a la pelota. No soy zurdo, pero la ventaja mía siempre fue pegarle con las dos piernas. Que tenga memoria, nunca reventé una pelota tirándola afuera, siempre me gustaba salir jugando. Por eso a los arqueros Olivieri, Bartolo Flores, Luis María Fernández y otros con los que jugué, les pedía la pelota, me desmarcaba para quedar libre. De ahí se la pasaba a Perrone, Piernes, a quienes les gustaba el buen juego”. 

Su retiro se produjo en Huracán, que lo incorporó en 1979 porque Tenaglia había sido suspendido por diez partidos. “El técnico era Américo Belén, se presentó un día en mi casa y me dijo ‘tenés que ir a jugar’. Después acordé con Bottino, en la concesionaria, las condiciones. Tuve la desgracia que en la segunda fecha en cancha de Boca, a los tres minutos fui a cabecear y se me abrió el tendón de Aquiles. Un problema similar al que tuve en 1975”. 

Fue un campeonato que se declaró desierto porque “se había atrasado mucho el calendario, ya venía el Torneo Regional. Tenía 35 o 36 años; le agradecí a Belén todo lo que hizo por mí, le pedí que no me tenga en cuenta porque estaba muy limitado por la lesión. Traté de recuperarme, me di cuenta que la pierna me había dado una señal ‘hasta acá llegaste’”. 

Consciente de que ya no volvería a la práctica del fútbol, tuvo un gesto con compañeros del equipo: “Un día fui al vestuario de Huracán y estaba un jugador que era muy bueno, Ricardo Guerrero, y le regalé los botines que tenía. Las vendas no sé a quién se las di, las canilleras a otro jugador”. 

 Le quedaron amigos, conocidos, experiencias que le permitieron crecer como persona. Enumera, antes de despedirse, a referentes del buen juego que conoció en Boca como “Piernes, Sola, Sasso, Acosta, Perrone” y de Huracán ubica un escalón más arriba a “Luna, un maestro”. 

Sonríe con la pelota en la mano izquierda y la camiseta de Boca en la derecha. “Tuve muchas alegrías”, dice agradecido y reitera que “a la pelota hay que tratarla bien”.                


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Piovoso y Rivada 

El platense Alberto Piovoso, conocido como El Tano, quien se desempeñó en el arco de Huracán; y Carlos Rivada, son dos de los futbolistas desaparecidos en la dictadura militar. La Voz del Pueblo publicó una amplia nota sobre ambos el 24 de marzo de 2019. 

Azurmendi compartió plantel con ellos en El Globo. “Piovoso era un muchacho de pocas palabras. Tenía una elegancia bárbara, la misma vestimenta que Hugo Orlando Gatti, era su ídolo. Las bermudas, la vincha, las medias caídas, los guantes característicos de Gatti”, describe. 

Con Rivada lo unía “una amistad muy grande. Jugamos dos años en Villa del Parque hasta que él pasa a Huracán y comienza una campaña bárbara”. 

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 Bottino 
Con detalle, recuerda un partido de Huracán ante Racing de Olavarría como visitante. Había perdido 3-2 en su cancha y al finalizar el primer tiempo, caía 1-0 en la revancha. “Entra Roberto Lorenzo Bottino y nos dice ‘hay que levantar el ánimo, ustedes son superiores. Les voy a hacer una propuesta, si ganan este partido el lunes van a cobrar 100.000 pesos moneda nacional cada uno. Era un dineral. Ganamos 3 a 2 y nos impusimos por penales”. 

En aquellos años, Azurmendi tenía un colectivo: “le compré cubiertas nuevas, hice de todo y me sobró plata”. 

Considera que “Bottino fue un dirigente extraordinario, se brindada. Su palabra valía. Prometía una cosa y cumplía”. 

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La selección local y otros recuerdos

Carlos Azurmendi fue convocado para integrar la selección de Tres Arroyos en diversas ocasiones. Menciona que “en 1973 no pude integrar el equipo que ganó el regional por problemas de trabajo, no podía cumplir. Se mandaron una campaña bárbara, salieron campeones”. 


Representó a Tres Arroyos en muchas oportunidades



 Un desafío 
Al referirse a los delanteros, sostiene que “los que más problemas me generaron a la hora de marcarlos fueron José Ramón Palacio y el Mosca Ferreirós, que te hacía una gambeta en una baldosa”. 

Indica que “el Gallego Palacio era un señor, no tenía ninguna mala intención. Te ganaba jugando al fútbol, en velocidad o en una gambeta larga, cuando te pasaba no lo agarrabas más. Por eso había que tratar de anticiparlo”. 

Un privilegio 
Le otorga relevancia a la posibilidad de haber enfrentado en cancha de Huracán a Colón de Santa Fe, que tenía como delantero a Edgardo Di Meola; y a Gimnasia y Esgrima de La Plata, cuyo arquero era Hugo Orlando Gatti. “Con Gimnasia salimos 2 a 2, Gatti sacó al córner un zurdazo mío, y le hizo vista a otro remate mío salió desviado”, cuenta.