José Loizaga junto a sus padres Daniel y Mercedes

Deportes

Informe Especial

José Loizaga: el ciclismo corrió por su sangre y un sueño por su corazón

28|09|20 23:18 hs.

Por Jorge López de Ipiña

“Si hubiese sido más pensante, quizás tendría otros títulos o medallas; pero yo siempre corrí más con el corazón que con la cabeza...” Esa frase no sólo resume al José Ignacio Loizaga ciclista, también descubre su perfil humano, el que siempre está latiendo y dispuesto para ser solidario; lleno de amor, el mismo que ofrendó el día que decidió su retiro.

Pero ese estilo combativo sobre su bici, de ir siempre al frente, luchar contra cualquier desventaja o de creer que todo era posible, le permitió ganar dos títulos argentinos juveniles en la persecución individual; también disputar un Campeonato Panamericano vistiendo la camiseta de la selección nacional; subir a 5 podios más en las citas patrias y de ser un protagonista firme en las tradicionales carreras nacionales. 

El ciclismo tuvo una gran incidencia para que la familia Loizaga-Florez fuera una hermosa realidad. “Mis padres se conocieron en Yamó; pero mi mamá ya lo había visto en alguna de las carreras que iba a ver con mi abuelo Juan. Es una linda historia de amor la de mis viejos; hay una carta que papá le escribió, donde le contó cómo le había ido en una carrera, describió otras cosas y por ahí le preguntó ‘cómo te verías vos formando una familia, siendo la señora Loizaga’… Le dijo que le gustaría tener una hija que se llame Florencia y un hijo Juanito…”, contó José con ternura y emoción. El destino estaba marcado y la vida le regalaría al matrimonio dos hijos más: José y Emilio. 



En el ADN de los Loizaga hay algo de ciclismo; de chico, José fue forjando lo que nació como un sueño. “Un día salí a pedalear en la bici de mountain-bike que me había comprado vendiendo diarios, y me puse la camiseta de campeón argentino de mi viejo; yo iba contento… recuerdo muy claramente que me crucé a Marcelo González, un apicultor, que me dijo ‘ah, es fácil ponerse esa remera, lo difícil es ganarla’. Llegué a casa y le pedí a papá que me contara algo más de ese título que ganó en Esperanza; me paré frente al espejo y me dije, ¿por qué no puedo ser yo también campeón argentino? Y ahí nació lo que fue el gran sueño de mi vida; hice todo para cumplirlo. Hoy, después de muchos años, te puedo asegurar una cosa: hay que soñar en grande”.  


En Esperanza, en el 2002, ganó su primer título Argentino de Juveniles en persecución. Lo escoltaron Pi y Celis


Crecer, moldear valores 
 Tras su paso por el Jardín de Infantes 903, el Colegio Holandés le abrió las puertas a la Primaria, hasta que se quebró un brazo y tras la recuperación reinició los estudios en la Escuela 8. “Conocer la escuela pública fue lo mejor que me pasó; empecé a ver la vida de otra manera, a entender que había otras cosas. Que algunos compañeritos iban a desayunar al comedor o a almorzar, pero no sabía que era porque quizás en la casa no podían hacerlo. Eso me abrió otro panorama, fue un indicativo grande en mi vida; ahí vi que existía eso de prestarnos los lápices, descubrir la amistad”.


Con 11 años, consiguió su primer triunfo en Mountain Bike


Dicho sea de paso y valorando esa formación, en esta pandemia, “Emanuel Rossi, que está viviendo en Europa, y al que conocí en la Escuela 8, me llamó para ver cómo estaba, si necesitaba algo; eso es lo lindo que me quedó”, dijo con orgullo. 

Después fue el momento del secundario en la Escuela Media, “pero como se me complicaba con los horarios para entrenar me pasaron al Nacional, y la verdad es que en esa época yo lo que menos pensaba era en estudiar, yo sólo quería correr en bicicleta”.

Su vida junto a los libros o el estudio se prolongó en un intento de estudiar abogacía, pero su sprint en la facultad no llegó hasta la meta… “Venía de una secundaria muy básica porque yo lo único que quería era el ciclismo, fue difícil recibirme; muchas profesoras me ayudaron demasiado (risas). A esto le debo agregar un serio problema asmático que sufrí de chico, lo cual casi no me permitió ir al jardín y los dos primeros años del primario fueron duros, me costó aprender a leer y escribir. Me acuerdo de la maestra Sara, cuánto trabajo le dí, pero que alegría cuando vio que podía empezar a leer…hasta que a los 9 años, por suerte, mi salud mejoró gracias al doctor Byrne. También fue un suceso la primera vez que pude andar en bici sin rueditas, me enseñó la familia Ebbens, los hermanos y padres de mi mejor amigo Enrique”, recordó con nostalgia y satisfacción. 

A correr 
La vida ‘lo estaba esperando’. El destino le tenía escrito que su primera carrera sería a los 13 años en la avenida Ameghino, en una fecha de un regional que organizaba la asociación con una ‘pisterita’ que le prestó Sergio Stemphelet y que ganó Ferrari. No sólo siente orgullo de su hermano Juan, también lo ve como su referente. “Lo seguía a todos lados; me enseñó muchas cosas. Recuerdo el primer entrenamiento que me fue corrigiendo con algún golpecito (risas) para que me mantuviera sobre la línea blanca del borde de la ruta… Después íbamos a la bicicletería de Lante, le dábamos duro con la mountain-bike, a la pistera; y tras un tiempo fui a Bahía, tuve la suerte de conocer la pista, de enamorarme de la pista”, valoró.  


Los hermanos Juan y José Loizaga se escapan en una carrera nocturna en Ayacucho


En ese proceso de crecimiento, “era común que entrenara con Claudio Flores; imagínate, qué podía ser más duro o de mayor nivel que practicar con Claudio acá, y con todos los otros muchachos; eso me ayudó a progresar. Nada podía ser más difícil…” confesó. 

Con algunas carreras encima, valiosos consejos de papá Daniel y una firme determinación, en el año 2000 comenzó su despegue. “Fuimos a una carrera en Ayacucho, anduve bien en mi categoría y me anoté en primera; llovía, estaba todo el equipo Toledo. Me prendí en una escapada con Gáspari; después en otra, pero a una vuelta del final abandoné porque me salí de la pista. Cuando terminó, Gabriel Curuchet le comentó a mi papá que estaban trabajando para agarrar la Federación y tenían entre sus planes un proyecto para formar corredores para el futuro, y que les gustaba mucho mi forma de correr. Ese fue un gran impulso”, recordó entusiasmado. 

Se venía el argentino de San Juan y había que definir cosas importantes. Daniel eligió “por suerte, a Placánica, viajamos, me tomó una prueba y aceptó entrenarme. Eso me fue dando confianza, empecé a crecer; fui a Ayacucho y en esa carrera Claudio (Flores) hizo de entrenador, me dirigió por la radio; no sabes el ‘desparramo’ que armamos, entré sexto pero fue bárbaro. ‘Ahora si vas a andar bien’ me dijo Claudio cuando terminamos, y tenía razón”, reconoció. 



Los Argentinos 
En San Juan 2001, Loizaga disputó su primer gran torneo. “Viajamos con toda la familia, en el Peugeot 504 de mi viejo, una vida tardamos”, recordó con felicidad y una pizca de humor. “Clasifiqué en la persecución y quedé para luchar por la medalla de bronce que le gané a un entrerriano; a la noche se corrió el mediofondo y en la parte final me escapé con el sanjuanino Emanuel Saldaño y un cordobés; yo entendí mal una orden de Placánica, embalé a 3 vueltas del final y sobre la raya me pasó Saldaño; si bien no gané fue mi primera medalla en un argentino. Después de esa carrera formamos una gran amistad con Emanuel, él me recibió cuando fui a su ciudad, me cobijó junto a su familia y desde la humildad me mostró valores que yo trato de aplicar en mi vida. Su muerte (en un accidente ocurrido en el año 2014) me generó mucho dolor, era un gran ciclista, una excelente persona y tenía unos padres increíbles”, recordó José con tristeza.    


Con la camiseta de la Asociación Tresarroyense brillando en un Argentino


Ese Argentino reafirmó sus creencias, entendió que iba por el buen camino y potenció su sueño. “Le dije a mi papá que yo quería irme a vivir a Bahía para entrenar y ser campeón argentino; como siempre, mi viejo hizo los contactos y fui a vivir a la casa de Miguel, que era el amigo y representante de Simon. Cuando lo conocí no lo podía creer, él venía de ser campeón panamericano, una persona bárbara, me dio todo, me ayudó tanto…” dijo con emoción. 

Entre esos relatos, José recordó una noche especial. “Llegó, charlamos un rato como siempre y quería cenar; yo le fui sincero, ‘no tengo problema, pero solo tengo dulce de membrillo y unas Traviatas’. Era común que yo comiera sólo eso, Miguel me daba el lugar para vivir, yo a mis padres les había mentido diciéndole que me daban todo; pero yo tenía un sueño y nada me pararía. Lo concreto es que pidió una tarta y cenamos juntos. Y todo cambió, a él le gustaba como andaba yo, me ayudó con materiales, entrenábamos juntos, ponía gente de su confianza para que me ayudara; antes del título en Esperanza él anticipó ‘este los mata’ y eso me dio mucha confianza, una vez vino a Tres Arroyos a brindarme su apoyo, hicimos una conferencia, organizamos una gran cena en Huracán, me veía como la esperanza olímpica argentina; que se yo, Edgardo hizo mucho por mí, y esa es una de las cosas más lindas que me quedan de mi paso por el ciclismo”, destacó con orgullo. 


En El Moto Club, Loizaga aparece de civil antes de una largada, charlando con Stemphlet, junto al fallecido Oñatibia, su amigo Ebbens y Ferrari


Brilla el oro 
En Esperanza, Santa Fe, en el 2002, José hizo realidad su sueño de ser medalla dorada, de poder lucir su propia camiseta de campeón argentino. “Fue un gran campeonato para mí. Jorge Pí venía de ser el campeón del año pasado en la persecución, era subcampeón panamericano en la cuarteta y creí que era el candidato, pero yo iba bárbaro y en la final salí con todo para que no me alcanzara; ese era mi objetivo, no quería perder así, pero nunca pensé que podía ganar. Cuando terminamos lo fui a abrazar, a felicitarlo, y ví que lloraba, será de emoción pensé…; y en ese momento veo a mi hermano saltando, gritando, y escucho por los parlantes que decían ‘José Loizaga de Tres Arroyos, campeón argentino’. No entendía nada, no lo podía creer”, confesó.  

El Argentino de Córdoba de 2003 fue su mejor torneo, venía entrenando a pleno con Edgardo, “hasta corrí con las ruedas de él”, tras marcar el mejor tiempo en clasificación ganó la persecución reteniendo el título tras vencer en la final a Pagani. 


Momento feliz tras la consagración en Esperanza. Miguel, de gorra, y José forcejean con el cuadro campeón


En el mediofondo, con todo el pelotón en contra, se quedó con la medalla de bronce y “después de un cambio de horarios en el cronograma oficial, me hicieron correr a los 15’ de haber terminado la persecución; arranqué tranquilo, fui avanzando y en la parte final sacamos la vuelta con Crespo y en el sprint terminé segundo. Y para completar, en scratch fui subcampeón. Recuerdo que Maxi Richeze le comentó a Edgardo sobre mi nivel y la alegría que mi mamá pudo verme, porque ella hizo un gran esfuerzo para llegar, viajó en colectivo…”. Ese mismo año, en La Rioja, José completó una brillante temporada al clasificar tercero en el pelotón. 

Su historia en los argentinos comenzó a cerrarse en el 2004, en Mar del Plata. “Yo le había prometido al Club Huracán, a quien representaba, que iba a traer el título en elite; me ayudaron mucho, lo mismo que el Turco Serra desde la Dirección de Deportes. Tuvimos que hacer selectiva, yo clasifiqué en persecución ganándoles a Darío Piñero y a Claudio Flores. En mediofondo entró Claudio, el kilómetro fue para mi hermano Juan y en la americana pasaron Claudio y Schaab. Una lástima, es verdad que yo quería cumplir el sueño de correr con mi hermano la americana, pero si nos hubiésemos puesto de acuerdo para formar la pareja con Claudio, podríamos haberle dado lucha a Curuchet-Pérez. A mí no me fue bien, no era mi día en la persecución y quedé séptimo donde ganó Cancio, seguido por Brunetta y Antogna; pero ese Argentino me regaló la alegría de ver a mi hermano Juan subcampeón en el kilómetro, ese fue un gran premio para él, esa medalla es el reconocimiento para un tremendo corredor, con unas condiciones terribles que nunca las explotó al máximo. Juan estuvo en la selección argentina, viajó a Brasil, hizo mucho, pero podría haber hecho mucho más”, valoró emocionado.  

La Selección Argentina 
El Campeonato Panamericano de Santo Domingo, de 2001, fue su gran cita internacional. “Estuve a punto de sacar la vuelta en scratch, me agarraron a muy poco del final, sino hubiese sido medalla dorada”; esa selección se completó con Juan Dotti, Jorge Pí, Mauro Richeze, Sergio Celis y Pablo González. 


En una concentración de la Selección, En el Cenard conoció al Olímpico José Meolans


“En ese campeonato también disputé el pelotón; iba muy bien, pero me caí tras una escapada, se me rompió el descarrilador y quedé andando en el plato chico. Pero lo peor fue que en la caída me quebré la clavícula, y un par de vueltas más adelante con mucho dolor y ya con fiebre me tuve que bajar” recordó resignado, aunque su mayor lamento fue por no haber sido incluido en la cuarteta: “yo iba bárbaro, pero según me dijo el técnico Favero, mis compañeros no podían seguirme el ritmo, por esa razón dijo que no me incluyó. Ese equipo perdió la final, una lástima porque yo podría haber dado una buena mano. Yo quería dar todo por esa camiseta, era un gran orgullo; me hubiese gustado ganar esa medalla de la cuarteta porque eso me hubiese dado otro respaldo tanto en mi ciudad como a nivel nacional” entendió. 


En el Velódromo bahiense, José Loizaga marcha delante de su ídolo Edgardo Simón


Clasificado para los Panamericanos de Chile, en 2003, su convencimiento y ganas lo llevaron a trabajar duramente en Bahía. “Toda la gente que estaba con Edgardo me ayudaba; tenía una moto, que manejaba Nicolás Fernández, a mi disposición, algo que nunca me había pasado; iba rapidísimo. En otro gran gesto Simon me dijo que me prestaba su Pinarello; imagínate lo que era eso…”. 

Pero ese momento de felicidad plena se desmoronó una noche; mientras iba en su rutera a buscar ese Pinarello, José viajaba ‘a fondo’, se imaginaba corriendo ‘Las Rutas de América’ pero de golpe, su humanidad terminó en el piso con la clavícula destrozada. “Ahí me perdí el Panamericano, donde Argentina ganó todo y clasificó al Mundial de Rusia”, pero esa sería otra chance frustrada porque finalmente nuestro país decidió no viajar a Rusia. 

Su calidad, en todos lados 
La vida deportiva de José Loizaga también escribió una rica historia en las pruebas más importantes y tradicionales de nuestro país. La Vuelta de San Juan para juveniles también lo tuvo como gran protagonista en 2003. “Fui segundo corriendo para Palmar del Lago, el equipo más fuerte de San Juan que tenía como líder a Saldaño, y corrimos para él. Hicimos un gran trabajo”.      

Para Piqueteros Virgen de Fátima corrió la doble Bragado de 2005 con muy buenos parciales y un segundo puesto en la cuarta etapa, detrás de Bazzi. “Di lucha todos los días, fue una linda experiencia”, destacó. 


Jose junto a su madre Mercedes y sus hermanos Florencia y Emiliano


Ese año corrió los Juegos de la Araucarias representando a Río Negro y también le permitió a José disfrutar de la tradicional vuelta de Mendoza. "Fuimos con el equipo Don Santo, de Pringles, que integrábamos con mi hermano Juan (no estuvo en esa carrera), Leandro Belén, un gran compañero, y Marcos Sendra; ahí también dimos lucha con el Toledo y el equipo Líder de Chile que estaba con Simon como figura. Venía quinto en la general prendido con el Gallo Toledo, Antogna, Giacinti, Curuchet, Pérez, los más grandes del momento; pero en la crono cuando llegué al Cerro La Gloria tuve un problema y perdí todo. Fue una hermosa aventura con un equipo humilde pero combativo”. 


En 2003, Loizaga disputó los Juegos de la Araucanía representando a Río Negro


El adiós golpea las puertas 
Sin saberlo, el Argentino de Mar del Plata marcaría un final en ese tipo de competencias para él, porque con el correr del año la intensidad competitiva fue bajando. “Mi viejo abrió una parrilla y le di una mano, me costaba recuperarme de una preparación tan exigente y a fin del 2005 sucedió el accidente de mi hermano Emilio”.  

En lo personal, y también en el ambiente del ciclismo, muchas veces nos preguntamos por su retiro; siempre fue un tema sin cerrar, hasta llamativo. Pero en esta nota y por “respeto a todos los que me ayudaron en mi carrera”, José decidió hablar. “Yo hacía un gran esfuerzo, vivía para entrenar y buscar sponsors. Y resulta que en ese accidente se me podría haber ido la vida, entonces me di cuenta que estaba un poco loco; no me pareció lógico que yo siguiera corriendo, porque ser ciclista también era el sueño de Emilio; y en ese momento, mi hermano no podía andar en bici, no quería jugar con sus sentimientos o hacerlo sufrir y dejé de correr”. 


En la Parrilla Caballito, su actual trabajo en CABA


El accidente de Emilio fue en la avenida Belgrano “con una bici que yo había ganado en la carrera Santa Elena. La pasó muy mal él, todos sufrimos mucho. Corrió verdadero peligro su vida, en distintos pasajes su destino estuvo en manos de Dios; y ahí la gente de Tres Arroyos se portó fantásticamente. Recuerdo a gente rezando en la puerta del negocio de mi papá, nos traían dinero, los dirigentes de Huracán, Mariano Pérez, Alberto Rossi y José Viejo nos ayudaron mucho. Recibimos mucho amor de la ciudad, el Chamaco Rodríguez nos prestó un departamento para que estuviéramos en Bahía donde estaba internado. La pasamos muy mal, mi hermano es como que tuvo que arrancar de cero pero por suerte fue mejorando”, confesó José sobre otro hermoso gesto de amor que nació de su ser. 

Desde hace 5 años, Loizaga vive en Capital Federal, trabaja en la Parrilla Caballito. Pero su perfil humanitario lo lleva directamente a involucrarse con los problemas sociales de la gente, su solidaridad se pone de manifiesto día tras día y por ello es muy común verlo ayudar a quien lo necesita. “Es como devolverle a la gente todo lo que hicieron por mí y por mi hermano, me encontré con una desigualdad social muy grande y mi intención además de ayudar, es la de generar conciencia”, confesó con humildad y plena satisfacción este verdadero luchador, quien se sigue dejando guiar por los sentimientos de su corazón. 

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Un duro golpe
Su visión humanitaria lo lleva al claro recuerdo de Pepe Oñatibia, quien lamentablemente falleció al ser atropellado con su bici en la Ruta 85 el 28 de enero del 2001. “Fue tremendo, un dolor increíble; el velorio fue desgarrador, se lo quería mucho a Pepe, fue una gran persona, nosotros éramos muy amigos; su historia es brillante. Yo tengo admiración plena por él, por todo lo que hizo por sus hermanos, por todo lo que consiguió viniendo de una familia tan humilde. En Tres Arroyos deberían ponerle su nombre a una calle” reflexionó.  

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Sincero, agradecido
La sinceridad de José no solo conmueve, sino que también refleja una personalidad transparente. “Yo digo con orgullo que tuve la suerte de nacer en Tres Arroyos, una ciudad que nos dio todo”. 


Mamá Mercedes Flores felicita a José tras convertirse en Campeón Argentino en Córdoba, año 2003


En él, agradecer nace con naturalidad, y se siente tranquilo de haberlo hecho con Carlos Pidal, quien sufrió un accidente en una carrera en Balcarce, luchó un año y finalmente falleció por causa de las lesiones. “Después de su lamentable accidente lo pude visitar en Tres Arroyos y le agradecí en vida porque él ayudó a formarme como ser humano y como ciclista, lo mismo que toda la gente que me rodeó en ese momento; yo era un pichón y todos me mostraron el lado bueno y sano de la vida. Pero lo de Pidal fue increíble, hasta una licencia me pagó; y él era un laburante, no le sobraba la plata. Carlos Prieto desde la Asociación también me dio una mano. En Bahía tuve a gente hermosa que me brindó todo, como el Pelado Miguel, Rodiccio, Senger, Velázquez y Cardoso”. 


Carlos Pidal, persona a quien Loizaga admiró y agradeció por toda la ayuda que le brindo, le entrega un premio tras un triunfo en menores


Claro que el primer esfuerzo nació desde su familia. “En casa no faltó nada, pero tampoco nunca sobró nada. Mi mamá era docente y mi viejo laburante; ellos muchas veces se privaron de cosas para que nosotros pudiéramos tener todo para la bici; papá prefería no comprarse un par de zapatillas y con esa plata traernos algún elemento de ciclismo. Sé que muchas veces prefirió no cenar para que nosotros nos alimentáramos bien porque al otro día teníamos una carrera; una vez vendió una lancha para comprarnos las bicis. Siempre todo fue así en mi familia, y mi mamá apoyaba en todo porque sabía que de esa manera le estaba permitiendo a sus hijos llevar adelante junto al deporte una vida sana y llena de felicidad”, valoró.