Fotos: Caro Mulder

Claro, Reta y Orense

Por Fernando Catalano

Kuhlmann: “La plata que mueve la pesca queda en el pueblo”

20|09|20 10:50 hs.

Pato Kuhlmann lleva más de la mitad de su vida dedicándosela al mar. Porta un apellido con historia en la pesca de costa especialmente, por su abuelo Ernesto y su padre Mario, quienes además supieron ganarse la vida como pescadores de lancha. Después -el primero de ellos- se dedicaría al campo, y el otro, a la construcción y a las abejas. 


Una vez que supo que no quería estudiar más, Pato se puso a buscar trabajo. “No me interesaba mucho la construcción así que me volqué por salir al mar”, dijo para resumir cómo llegó de rápido a encontrar su oficio, y el que terminó por convertirse en una forma de vida. 

Comenzó de empleado –marinero- después se asoció con el propietario de una lancha, emprendimiento para que el que puso el trabajo y materiales de pesca. Sus primeras experiencias, mar adentro, pudo hacerlas junto a ‘Gallina’ Huici y a ‘Pebe’ Viñes, dos pescadores cuyos nombres son recurrentes entre las historias y anécdotas de sus colegas. 


Fotos: Caro Mulder


Antes de entrar al mar a pescar para ganarse el pan, el Pato sólo había pescado con amigos -en lancha- por recreación. “Como trabajo me encantó, la paz que te da el mar no la tenés en ningún lado. Es algo espectacular”. 

También dijo que en cuanto a oportunidades las cosas no han cambiado, respecto a la época en que decidió hacerse pescador. “Sigue siendo igual. Si no estudias, o te vas a algún lado, o conseguís un buen trabajo; si no te gustan los libros, tenés que ir a llevar baldes. O en el mejor de los casos a pegar ladrillos. Si te la rebuscas un poco agarrás la cuchara”, explicó con el tono necesario para entender que su búsqueda no iba por ese lado. 

 Aprender el oficio 
En una actividad que con el correr del tiempo ha sabido extenderse a lo largo del año para adaptarse a diferentes especies, elige a la pesca del gatuso como la más entretenida. Incluso por encima del mero. “Me gusta mucho porque tenés que ser medio bicho, si no te fundís al poco tiempo. Con el pescado es todo intuición; lo vas buscando, elegís los lugares, no siempre está frente a Clarmecó Orense o Marisol”, explicó.

 Aprendió -con el correr de los años- en qué épocas del año la especie asoma tanto en Orense como en Claromecó, Marisol o Reta. “Al gatuso no hay zonda ni nada que te lo marque, normalmente los sondeamos con trasmallo, tiramos postitas cortitas que tenemos, las dejamos 10 minutos en el agua. Levantamos y si nos da una determinada cantidad, ahí si le tiramos el trasmallo”, contó.


Fotos: Caro Mulder


 A las postas cortas las tira en el agua desde la orilla hacia mar adentro, en tramos de a mil metros. “Antes tirábamos los paños y al otro día los íbamos a levantar”, dijo. 

Así como aprendió a buscar y a encontrar las especies, también le aplicó nuevos recursos al oficio con el objetivo de “laburar cada vez menos en el sentido de hacer menos fuerza”. 

Desde que comenzó, conoció el trabajo de la pesca artesanal “a pulmón”, algo que con las lanchas nuevas que alcanzan los 10 metros de largo tuvo modificaciones. “Tenemos los equipos hidráulicos con motorcito a explosión y una bomba hidráulica, eso nos ayuda a levantar las redes. No es que no hacemos fuerza, pero se hace más llevadero”, apuntó. 

 Pescar todo el año 
A sus 43 años, Pato, afirma que ha logrado vivir solamente de la pesca. “No hago otra cosa, le busqué la vuelta para vivir todo el año de esto. En realidad pescamos todo el año, el único mes en que no pescamos es enero porque hace mucho calor y el pescado no aguanta. Pero a mediados de febrero ya arrancamos y pescamos todo el año hasta mediados de diciembre”, mencionó. El lapso de tiempo en el que no ingresan al mar para pescar, es utilizado para hacer el mantenimiento y reparación de los equipos. 

A pesar de ser el gatuso la especie que más lo motiva, es finalmente el mero en el que concentra sus expectativas. Como en aguas de Monte Hermoso se pesca mucha cantidad, tiende a saturarse el mercado para el pescador local, entonces la diferencia la pueden hacer con la especie que en este momento concentra la atención de todos los pescadores del distrito.

 Además de vender –junto a un grupo de siete pescadores locales- este producto a una empresa marplatense, abastece el mercado interno y también –sin procesar- a la salida de la lancha, si es que alguien se acerca a comprarle.

 Don Ernesto 
Su lancha lleva el nombre de su abuelo, quien hace muchos años salía a pescar mar adentro con Enrique Mulder, el padre del Lobo. Su padre, Mario, hizo experiencia en La Adelina, con Armando Subiatebehere. 

Compró a Don Ernesto en 2016, y al haberla bautizado de ese modo, le dejó impreso por asociación el apellido Kulhmann. “Tanto mi abuelo como mi viejo son muy conocidos en la pesca de costa, anduvieron toda la vida en los concursos. Mi viejo ha sido campeón del gran prix de pesca por muchos años, mi abuelo también, y ha ganado concursos también importantes como la Corvina Negra, y mi viejo en Monte Hermoso”, dijo al valorar la historia de su apellido, mientras que él continua con el legado, pero en la pesca de lancha. 

Junto a sus marineros Alex Mir, Carlitos Baigorria y Ezequiel Gausoro, comparten largas horas de trabajo. “En la época del mero las jornadas se hacen largas porque tenemos mucho tiempo de navegación y bastantes canastos que nos llevan mucho tiempo. Arrancamos a la seis de la mañana y terminamos de bajar y pesar el pescado, en la planta, a las 5 o 6 de la tarde”, dijo al repasar la rutina de estos días que luego se extiende -en su caso- mientras prepara la carnada para el día siguiente y carga el combustible para la nueva salida. 

 Toda la noche 
Los comienzos con la nueva embarcación fueron especialmente duros por el contexto económico de dos años atrás, en nuestro país. “Cuando recién armé la Don Ernesto, y nos íbamos para el lado de Marisol, nos quedábamos toda la noche. Como era medio dura la época, salíamos con las redes y en vez de tirarlas y volvernos a tierra -e ir al otro día a levantarla- le hice una cabina grande, nos llevábamos el mechero para cocinar unos bifes o nos hacíamos un guiso a la noche. Comíamos y después nos acostábamos”, describió. 

Al día siguiente la jornada comenzaba temprano, desde las 7. “Nos tomábamos unos martes cuando empezaba a amanecer y empezábamos a laburar”. 

Explicó que debía hacerse de ese modo porque además en esa época “no había tanta cantidad de pescado, sino te quedabas se te iba más del 50 por ciento de la pesca, en combustible”. 


Fotos: Caro Mulder


 “Das trabajo” 
Pato no duda al momento de identificar a la pesca artesanal con la comunidad. “Gran parte del pueblo nota cuando la pesca esta quieta, la plata que mueve la pesca queda en el pueblo, la gente de los comercios lo siente”, afirmó. 

Luego explicó -en el mismo sentido- que “no es que uno hace plata con la pesca y se la gasta en otro lado. Acá los marineros la gastan en el pueblo y los dueños de las lanchas también; das trabajo, cuando pescas das mucho laburo a la gente”. 

Por fuera de la pesca, se dedica como hobbie a la mecánica y también a andar en cuatriciclo. Entre risas -pero al mismo tiempo en serio- dijo que con el arenero está pasando “a retiro”. 

“De las últimas veces que anduve me caí y me jodí una rodilla. Eso ahora me pasa factura en la lancha. Ir a andar implica riesgos de caerte y lastimarme, y no me puedo perder la campaña del mero, no me puedo quedar viendo cómo entran al mar, me muero. No me gusta no entrara al mar”, dijo al terminar.