En Londres, Flor tuvo que reinventarse profesionalmente y fue durante ese proceso que recuperó su pa

Sociales

Florencia Vázquez

Un salto para ser Flor

30|08|20 12:00 hs.

Por Valentina Pereyra


Saltó y con el impulso aterrizó en Londres. Pensó que iba a ser un brinco al vacío hasta que se descubrió en vuelo.

“No quería ser recordada como la que dejó todo por amor”. 

Florencia Vázquez nació en Tres Arroyos, estudió psicología y Coaching en Buenos Aires y luego de su experiencia académica comenzó a trabajar, a meterse en el mundo corporativo. 

Como buena súper woman no se detuvo, sólo revoleó su lazo mágico, cambió su vestuario una y otra vez y partió hacia la jungla de asfalto para cumplir con el deber. Pero hasta las más valientes heroínas se cansan, se agotan de andar en vuelo, de no pisar nunca el suelo, de cumplir y seguir cumpliendo. “Sentí que necesitaba un cambio, me convertí en la fórmula de lo que se esperaba de mí”.

Durante los viajes en su nave transparente empezó a mirar hacia abajo, hacia adelante y sintió que necesitaba un cambio. “No sabía por dónde empezar, trabajaba 14 horas, la súper woman que podía con todo. Eso tuvo consecuencias”. 

Unas vacaciones con amigas la encontraron con la guardia baja, distraída de sus compromisos, había dejado el lazo de la verdad en su casa y nada la ataba a sus responsabilidades. En ese ámbito ideal de sol y playa recibió el mensaje de un amigo que le propuso conocer a un chico que podría gustarle.

“Justo en ese momento -2017- quería estar sola, pero ante la insistencia de mi amigo me animé y le dije que lo autorizaba a darle el número de mi celular”. 

El llamado no tardó en llegar y las interminables y afables charlas con Guido a través de mensajes y llamadas los pusieron de novio. 

Guido estaba en Nueva York terminando su MBA y Florencia en Argentina, con toda su vida armada. Empezaron la relación a distancia, por whatsapp, parecía una historia imposible a tantos kilómetros. 

“Hacía tiempo que estaba buscando un cambio en mi vida. Había tachado varios ítems: el deber ser, estudiar, recibirme, tener un trabajo, ser una mujer profesional independiente, pero al final del día no era feliz. Me daba cuenta que trabajaba 12 ó 14 horas, vivía corriendo y aun así sentía una frustración enorme por no poder ser quien quería”. 

El salto 
Florencia se acercó a su destino como quien enfrenta el trampolín de una pileta por primera vez. Se detuvo, alzó la cabeza y midió la distancia desde el suelo hasta la cima. Un peldaño, luego otro, sin girar y con una meta: saltar.

“Creo que muchas veces sin darnos cuenta vamos tratando de encajar en ciertos mandatos familiares, sociales y en un momento de nuestras vidas, eso nos hace ruido, sentimos que algo anda mal, eso es lo que estaba sintiendo yo cuando conocí a quien hoy es mi marido, Guido”. 


Florencia trabajó más de diez años en Consultoría y Gestión del cambio, hasta que conoció a Guido y decidió empezar una nueva vida con él en Londres


Las barandas del trampolín no iban a detenerla. Caminó por la tabla de sus decisiones y se detuvo justo en la punta, enrolló los dedos de sus pies en el borde y empujó todo el cuerpo siguiendo la gravedad, flexionando las rodillas al mismo tiempo. “Con mucho trabajo interno de por medio decido que ya era hora”. 

En una de las primeras charlas que tuvieron los novios virtuales, él le contó que tenía una oferta de trabajo en Londres, “nunca dio por sentado que yo iba a mudarme, lo primero que entendió es que yo tenía que pensarlo, quería dar ese paso sólo si podía verlo como un crecimiento para mí y no como un impulso del tipo “dejo todo por amor” porque sabía que quizás a la larga, ese argumento no iba a ser suficiente”.



Inclinó el cuerpo hacia adelante, una palma sobre la otra y solo quedaba el infinito entre ella y su determinación. “Llegaba a Londres con mi vida entera guardada en dos valijas. Hoy puedo decir sin miedo a equivocarme, que fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida”.

Antes de eso, se conocieron, dejando atrás el noviazgo virtual. Guido regresó a la Argentina desde Nueva York a conocer a Florencia que lo fue a recibir a Ezeiza. “Mientras iba en el taxi pensaba en todo, hasta le dije al taxista que me esperara porque no sabía con quién me iba a encontrar”. 

“Guido nunca dio por sentado que yo iba a mudarme con él a Londres, lo primero que entendió es que yo quería dar ese paso sólo si podía verlo como un crecimiento para mí”


Ya en vuelo no hubo tiempo para arrepentimientos, después de todo, de eso se trata saltar, “en la búsqueda del cambio estuve abierta a la posibilidad aunque no sabía de dónde vendría, pero empecé a soltar el control”. 

En el impacto contra el agua la trayectoria del cuerpo siguió hacia el fondo, pero la fuerza interior la reflotó. “Fue un salto de todo lo que te define como persona, saltar al vacío y dejar mis creencias”. 

Una brazada y otra más, el borde ya estaba cerca, un nuevo envión y salió. “Vine a Londres y fue una experiencia de las más transformadoras de mi vida, me desidentifiqué con lo que creía que era y aprendí a conectarme con otras facetas y encontrar otros puntos de referencia como la Flor que cocina, la que escribe, la que dibuja, hace su blog, brinda charlas on line”. 

En tierra firme
Florencia trabajó más de diez años en Consultoría y Gestión del cambio, además de dar clases en Universidades y diseñar cursos de desarrollo personal y Coaching. “Tuve la oportunidad de venir dos veces a Tres Arroyos, una para dar un curso de “Imagen y Autoestima” y otra uno de “Introducción al Coaching”. 

Es muy lindo volver a la ciudad y aportar desde lo que uno sabe. Son propuestas que me encantan porque es una ida y vuelta, una pausa para pensar en uno y mucha gente siente esa necesidad”. 



Cuando llegó a Londres tuvo que reinventarse profesionalmente y fue durante ese proceso que recuperó su pasión por escribir, dibujar, tener contacto con la naturaleza. De esa fusión surgió “A Daily Pause” (Una Pausa Diaria) un proyecto enmarcado en el ámbito del bienestar y desarrollo personal. Nace por su necesidad de dejar de correr, de dar un espacio personal. “Cuando empecé a escribir la gente se empezó a sumar y ahora doy charlas on line y estoy por lanzar un taller, la idea es apuntar al público latino o hispanohablante”. 

El proyecto es una invitación para acercarse a algunos temas, para estar bien, aprender sobre los ritmos propios, las necesidades personales, “soñé con la propuesta con el formato que está tomando. Cuento desde mi propia experiencia y la gente resuena mucho con cada artículo que subo. Otras veces comparto historias de otras mujeres que se animaron a cambiar, es un espacio para tomar consciencia”. 

Florencia tiene más que claro el propósito de su proyecto que desarrolla en la página www.adailypause.com a cuya subscripción se puede acceder para recibir novedades y sumarse a Instagram o Facebook. “Con este espacio quiero crear experiencias que faciliten el contacto con nosotros mismos, espacios donde podamos repensar las exigencias y mandatos sociales, en pos de conectarnos con las propias necesidades”. 

Vivir en Londres 
Londres es una ciudad multicultural, por lo que Florencia siempre encuentra en sus rincones nuevos aprendizajes. “Hay gente de todas partes del mundo por lo que me sentí de alguna manera contenida. El inglés es una persona paciente y me encontré con gente que me ayudó”. 

En la lista de las dificultades Florencia apuntó: el clima; y en la de las oportunidades: los museos gratuitos, los paisajes, cada rincón que descubre algo nuevo para conocer. “Lo difícil de dejar el país es extrañar, a mi familia, amigos, y compartir lo que me va pasando con ellos, el asado y lo que rodea a eso. También las costumbres que tienen que ver con la cercanía, con lo improvisado que tenemos los argentinos. En un curso de inglés abracé para saludar a una chica japonesa que me miró muy mal, no entendía nada”. 



Una vez en el aire aprendió a convivir con la incertidumbre y confiar en sí misma, con la certeza de que habría muchas cosas que no iba a poder controlar. “Hay que aprender a manejarse con lo que no se puede controlar y a acompañarse. Por ahí queremos que los cambios se den rápido, pero hay que ser pacientes, es lo que me ayudó y es lo que cuento para ayudar a otros”. 

Todos los capítulos de esta vida anidan en un libro por venir. 

El trampolín no parece tan alto, la distancia entre el suelo y la tabla es la que separa el deseo de la realización, y el vuelo, eso tiene recompensa.