Opinión

Por Roberto Barga

Mientras esperamos a Godot

16|08|20 17:58 hs.

Es tarde de viernes. Toca comentar la aparición del trio más mentado de este año interminable. Podríamos denominarla la tarde de la marmota, todo continúa en un sempiterno deambular de consejos archisabidos. El Presidente y sus filminas. Rodríguez Larreta y su agenda de empatía con los porteños, tratando que la posmodernidad de los runner no le generen una rebelión en la granja del metro cuadrado del placer individual. Kicillof en su línea, o sea largo y con dificultades para cerrar conceptos, recalcando que heredó 892 camas de terapia y que con el esfuerzo de su gestión, ahora hay 1900. 


La luz al final del túnel, el hilo que despeja el horizonte, la salida del laberinto, parecen representarse con una palabra mágica: vacuna. Es que el hecho diferencial de esta semana y que le da otro matiz a las cumbres del portón verde, es el anuncio de la fabricación en sociedad con los mexicanos del bendito remedio. 

La fundación de Carlos Slim, el megamillonario azteca (dueño de Claro entre otras tantas compañías) y el poderoso Hugo Sigman del Grupo Insud en sociedad con el laboratorio Astrazeneca, informaron que portan la vacuna y que si todo va bien, en enero de 2021 comenzara la vacunación masiva, garantizándose la Argentina el acceso a la misma en cantidad y a buen precio. 

Es tal el grado de necesidad de mostrar un camino de esperanza ante este infierno del Dante en que estamos metidos, que ya no importa relativizar los anuncios, ni poner pegas al tiempo lógico que cualquier ensayo científico de estas características debe llevar. 

A mayor gloria del ex político y actual lobbista, Felipe González, dos de sus protegidos (Slim y Sigman), dan barniz filantrópico a través de una fundación a un negocio como el de los medicamentos, donde por caridad no se regala ni el saludo. En fin, contradicciones de un ex comunista como Sigman, que gracias a su talento, al oro de Moscú, que su finado suegro administraba con puño de hierro y a su muñeca política, también nos regala cultura (produjo las películas Relatos Salvajes, El Clan, entre otras tantas) y ayudó a la progresista Manuela Carmena a llegar a la alcaldía de Madrid. Pero no pone condiciones ideológicas a sus ayudas, lo une una estrecha y fructífera amistad con el gobernador de Tucumán, Juan Manzur, que no tiene entre sus activos el pertenecer al colectivo de la progresía. 

Hablando de Moscú, es interesante observar cómo Rusia y su líder a perpetuidad, acaban de anotarse un golpe geoestratégico de esos que se las traen. Putin le ganó de mano a todos, pero sobre todo a Trump y anunció que tenía la vacuna y para despejar dudas dijo que inmunizó a su hija con el deseado producto. Demostró una vez más para qué sirven los buenos servicios de inteligencia (él es un ex KGB), que le anticiparon en qué andaba la competencia. Para que no queden dudas, su vacuna se llama Sputnik como el primer satélite subido por la URSS y en sociedad con los turcos se está repartiendo Libia, la mayor reserva de petróleo y gas frente al mediterráneo europeo. El regreso imperial ruso está por todo lo alto. 

Regresando a la bucólica residencia de Olivos y comparando la conferencia del 31/07 con la acontecida el 14/08, lo único que varió es el número de contagiados y de muertos. Los dos casos empeoraron; el 31/07 las autoridades sanitarias informaron 5929 contagios, los infectados ascendían a 191.302 totales y los fallecidos de ese día eran 102. Al 13/08 hay contabilizados 280.000 contagios y los fallecidos superan los 5400 desde el inicio de la pandemia. Emulando a la actual vicepresidenta cuando dijo que Macri no era muy “chispita” para la toma de decisiones, podríamos decir que no hay que ser muy “chispita” para darse cuenta de que lo que pide la jugada al ver la aceleración de contagios y muertes es restringir al máximo los movimientos individuales. Pero va de suyo que esa medida no es homologable al humor y el bolsillo del ciudadano de a pie, que en líneas generales está hasta el gorro. 

 Con el diario del lunes podríamos decir que la Argentina realizó una cuarentena estricta en los primeros días, cuando había poquísimos casos de Covid-19, y que se la hizo para preparar el sistema de salud. Un servidor habló con un infectólogo de un hospital de Valencia. El galeno le manifestó que las cuarentenas cobran valor cuando los casos están desmadrados y que por su complejidad son un arma de un solo tiro. Las sociedades quedan sicológicamente extenuadas y es muy difícil volver a encerrarlas. 

Quedará para la polémica contrafáctica la pregunta del millón: ¿Podía la Argentina haber entrado más tarde a una cuarentena rígida y preparar su raído sistema de salud sin estar encuarentenada? 

Juega la economía 
Mientras se apagan lentamente las estrellas del acuerdo alcanzado con los fondos que poseen títulos de deuda argentina, otros frentes anuncian tormentas en el horizonte. El frente cambiario parece estar sometido a un nuevo estrés. Empiezan a surgir voces dentro y fuera del oficialismo que alertan de una considerable fuga de dólares por distintas ventanillas. Ahora la disputa en cuestión es por el dólar ahorro, los benditos 200 dólares que le permiten a las clases medias soñar con un mundo que se les fue de las manos. La tensión dominante entre los que quieren eliminar el dólar ahorro y los que argumentan que sacarlo, alimentaría el precio del “blue”, se viene saldando a favor de los segundos, pero el problema de fondo es el de siempre: Argentina no fabrica dólares, los importa y sólo hay dos maneras de hacerlo, exportar o contraer deuda (opción descartada después del último experimento neoliberal) 

 Y allí está la madre del borrego. Exportar pone en cuestión nuestro modelo productivo al que lo aflige el problema de siempre. Vendemos materias primas con poco valor agregado e importamos tecnología y conocimiento con alto valor agregado. Es decir, que agregamos valor agregado, o los dólares para sostener nuestra cadena productiva seguirán sin alcanzar. 

 Como en el mito del eterno retorno, aparece con fuerza la idea de fabricar porcinos en cantidades siderales. Hace 100 años les vendíamos vacas a los ingleses, ahora le venderemos chanchos a los chinos. Cambiamos de potencia a abastecer, no de modelo productivo. 

 Mientras, en el entorno del Alberto Fernández, se contemplan con preocupación algunos “paper” que le alcanzan al presidente. Entre ellos uno que le hizo llegar el ex ministro de la Producción de Eduardo Duhalde y actual titular del Banco de Inversión y Comercio Exterior (Bice), José Ignacio de Mendiguren, de buena relación con La Cámpora. El trabajo pone especial énfasis en sostener un tipo de cambio recontra alto; es decir devaluar el peso para darle competitividad a las exportaciones, pero con el riesgo de desatar una carrera inflacionaria y empobrecer los salarios.