La Ciudad

Una entrevista, una foto

Más que mil palabras

11|08|20 00:11 hs.


Por Valentina Pereyra
Foto de Marianela Hut

¡Mirá esta foto! Dice 1° año Escuela Industrial. Levanto un papel gris al que le resultaba pesado sostener las fotos que pendían de él y se la muestro. ¡Con el uniforme! , agrega y la disfruta. La sostiene y se lleva la mano a la cara, no lo veo, sin embargo Marianela está atenta y capta justo el momento. 

Me dijo que revuelva tranquila, que busque lo que quiera, va y viene en busca de un mate, abre la caja, revisa. Descubrimos los tesoros, para mí vírgenes, para él viejos conocidos. Ahí están guardados sus años de oro. 

 -¡Iba a seguir pegando más fotos en el álbum, pero nunca lo terminé!, dice al mismo tiempo que gira las hojas pesadas cargadas con su vida. Los primeros años como DJ, sus hijos, la foto con Patricia, Christian y Célica, la que está con su mamá. ¡Esta le va a gustar si la ponés, mirá que joven está! Sonríe y revisa su pasado como si no lo hubiera visto antes, lo descubre, se amiga. 

Las fotos, las tarjetas del boliche, las cartas, no están ordenadas, cayeron en la profundidad de la caja caóticamente, colores nítidos, borrosos, amarillentos, en blanco y negro. 

 ¡Esa foto me la sacó Alberto, trabajaba en el diario, está buenísima, es de mis primeros años! Explica mientras señala su mirada y las bandejas, esas que lo rodean en la imagen y lo enmarcaron en la vida. 

Frente a un ventanal posa de ojotas y medias blancas, can-can o buzo, una malla colorinche, collares, peluca, sombrero, bien caracterizado para la Fiesta del Ridículo, una de las que más disfrutó porque todos podían participar, nadie se quedaba afuera. 

No encontramos de la Fiesta de la Espuma, pero mereció un gran párrafo aparte. Buscar un proveedor de los elementos para producirla, invertir, ¡Traer a los Redondos costaba lo mismo que hacer la Fiesta de la Espuma! 

 Me acuerdo de mi papá montado a los techos del boliche que pusimos juntos en la esquina de 22 y 5, me acuerdo cuando me llamaron para decirme que lo habían prendido fuego. Me acuerdo que caminaba por un andamio a cinco metros para terminar de poner el alambre del techo después de pasar 56 horas sin dormir. 

Me acuerdo cuando le pedí a Barragán que me dibuje un Tucu canchero que se lo coma crudo al Chaplin del Oso. Me acuerdo del Monkey que elegí para los afiches, lo quería sobrador, conquistador, con onda. Me acuerdo de todos los afiches, los guardé, algunos colgué en mi salón de juegos, otros los tengo en mi mail. 

Me acuerdo de las filmaciones de todas las fiestas, fue la primera vez que alguien registraba todo lo que pasaba en un boliche. Me acuerdo de las cabezas bajando y subiendo en las fiestas de egresados en El Fanal y las últimas en la que nadie quería bailar y pegaba más el alcohol. 

Me acuerdo del primer boliche en Claromecó en el “kiosquito” y de cómo usé esa forma que tenía el Oso para referirse al lugar en muchos afiches. 

Me acuerdo que en el boliche de Tres Arroyos no le erré casi en nada, sólo el lugar donde puse los baños. Me acuerdo de que si proponía algo, era el primero en tomar la posta. 

Me acuerdo de Verano de Fiesta. Me acuerdo de un día que pasé por Casa García y compré todos los que tenían de Kiss. 

Me acuerdo que vendí uno y con eso comí por un tiempo. Me acuerdo de la profesora del Instituto de Educación Física de Necochea que me pidió buscar el significado de una larga lista de palabras relacionadas con la historia del deporte. Me acuerdo que busqué pero no encontré. 

Me acuerdo que la docente me dijo que estaba ahí para poner cola en la silla y aprender a buscar. Me fui y no volví jamás.

Me acuerdo los inventos que hice y lo que aprendí en la Técnica. 

Me acuerdo lo que disfruté de los campamentos del equipo de natación de Costa Sud. 

Siguen saltando fotos, sonrisas. Me emociona ver al niño que disfruta del hombre.     

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