Opinión

Psicología: prejuicios de la terapia

Y vos… ¿te animás?

02|08|20 12:54 hs.

Por Claudia Torres


Otra semana más que comienzo mi atención en el consultorio. Ordeno y reviso mi agenda para estar preparada ante cada paciente que tendrá su sesión hoy. Al recorrer los turnos del día, observo uno para un nuevo paciente. 

Siempre ante esto, resuena en mí una cierta incertidumbre y las dudas sobre si podré ayudar en algo a esa persona, cuál será su problema, si le será de utilidad. 

Suena el timbre, atiendo y está ahí esperando. Le sonrío y lo invito a pasar. Toma asiento, se lo nota algo inquieto, como titubeando y le pregunto si alguna vez había hecho terapia. Me mira fijo y me dice: “Mira, la verdad que vengo porque ya no sé qué hacer…pero no creo en la psicología”. 

Ante esto mi respuesta lo sorprende: “Y está bien, mi profesión no es una creencia, no tenés por qué creer en esto”. Este y otros comentarios son los que me llevan a pensar que hay muchos prejuicios o mitos dando vueltas en torno a mi profesión. Algunos pueden producir un cierto distanciamiento, que se da habitualmente ante aquello que no conocemos y causa en nosotros algunas fantasías, como las siguientes: “No creo en los psicólogos o en la psicología”… “hablar con un buen amigo es la mejor terapia”…. “las pastillas son el único tratamiento eficaz”. 

También tenemos a quienes sostienen que “la vida para ustedes debe ser muy sencilla”… “si vas al psicólogo estás loco”…o “no puedo creer… que actúes así, siendo psicólogo”…estas son algunas de las reacciones o mitos con los que nos encontramos. 

Ahora bien, ante lo primero… debo decir que ¡es cierto!... la psicología no es una religión, no se trata de un acto de fe. Es una rama de la ciencia que estudia el comportamiento habitual o patológico, y su relación con los procesos de pensamiento, aprendizaje y/o los procesos emocionales; llevándose a cabo con la utilización de un método científico. 

La persona que decide iniciar un proceso terapéutico no tiene por qué estar enfrentando algo puntual en ese momento. Es real que gran parte de las primeras consultas son motivadas por algo preciso que pueda estar atravesando la persona, pero el iniciar terapia implica mucho más que resolver un problema, o una situación que se esté viviendo en ese momento. Hacer terapia es un proceso de autoconocimiento, de hacerse cargo de lo que a uno le pasa, y requiere de mucha fortaleza y responsabilidad. 

Sus fines, entre otros, son poder brindar a la persona herramientas, ayudando a reconocer sus fortalezas y aprender a desarrollar su potencial. Iniciar una terapia demuestra el interés que tiene la persona en una mayor comprensión de sí mismo, lo cual requiere de un gran valor. 

Por otro lado, y sin dudas, la relación con un amigo es muy importante en nuestras vidas: la contención que nos puede brindar ante un problema puede llegar a ser un factor protector, donde los consejos recibidos a veces nos pueden ser de utilidad…aunque en ocasiones no tanto. Es diferente a relación que se establece con un profesional de la psicología, donde no se aconseja a los pacientes, por el contrario, se los orienta o ayuda para que se orienten a si mismos. 

Los psicofármacos (ansiolíticos, antidepresivos, etc.), en muchas ocasiones son necesarios, siempre y cuando estén recetados por un profesional de la psiquiatría. 

Tengamos en cuenta que la medicación ataca el síntoma, “lo tapa”, por un tiempo determinado, pero no puede afrontar o solucionar nuestros problemas de fondo. El psicólogo, ayuda a tomar una determinada perspectiva sobre nuestros problemas y a poner en marcha estrategias poder afrontarlos de una manera eficaz. 

Para quienes toman la iniciativa de tratarse, debe quedar más que claro que buscar ayuda en una terapia psicológica, se constituye en un acto de responsabilidad más que en una debilidad. En la locura, no hay conflicto, solo aquellos que están conscientes de su situación son las que verdaderamente buscan orientación con un profesional. 

Los psicólogos están analizando a la gente todo el tiempo. Es otra de las frases que escucho casi a diario, cuando me preguntan a que me dedico. 

Esto es algo errado. Es imposible para los terapeutas poder analizar a alguien ya sea en una charla informal, en una comida, o en cualquier otra la situación, fuera del espacio terapéutico. El análisis es un proceso mucho más exhaustivo que requiere de un gran trabajo, de tiempo, y sobre todo de la predisposición de la persona de querer que suceda. 

La vida para nosotros, los profesionales de la psicología, tiene las mismas situaciones y complejidades que para cualquier otro ser humano. No somos psicólogos todo el tiempo, es solo nuestra profesión… somos personas de carne y hueso, nos emocionamos, reímos, lloramos, nos enojamos, nos equivocamos, tenemos defectos y algunas virtudes, como cualquiera. Imaginemos si un médico no es susceptible de enfermarse orgánicamente, o si a un mecánico no se le puede romper el auto o que a un dentista nunca le duela una muela…

Estos son algunos de los prejuicios de mi profesión, solo algunos. Tengamos en cuenta que no hacemos “magia”, que no todas las terapias son interminables, que “no leemos la mente”, que nuestra labor es guiar y el trabajo lo debe realizar cada uno de los pacientes. 

Cada vez es más frecuente que una persona que está pasando por un mal momento decida recibir terapia psicológica. Sin embargo, también es muy frecuente que esa persona no comunique a la gente de su entorno que la está recibiendo. Acudir al psicólogo sigue siendo un tabú, rodeado de estigmas que hacen que no se acabe de normalizar el bienestar emocional ni la salud mental 

Se cree en general que ir a terapia es ir a hablar y conversar, durante un tiempo determinado, con el terapeuta, y que, en el momento final, el paciente se irá con algún consejo que el psicólogo pueda darle después de esa charla que tuvieron. El proceso terapéutico no funciona así. Entre psicólogo y paciente se crea una relación en la cual el terapeuta va armando el camino para que la persona pueda descubrir aquello que ya sabe, pero que por algún motivo (puede ser su historia familiar, sus vínculos, un hecho puntual, etc.) no puede acceder a ello y no puede ponerlo en palabras. Entre psicólogo y paciente hay una relación recíproca de trabajo, de confianza, y de compromiso con el proceso; hay una colaboración mutua, y todo esto es lo que va a permitir que se vaya construyendo el camino a conocerse y a que vayan surgiendo determinados cambios. 

Si tenés dudas anímate y consulta. Podrás comprobar personalmente de qué manera se derriban todos los mitos y prejuicios que acabamos de enumerar. 


Lic. Claudia Eugenia Torres
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