Opinión

Editorial

Grieta mediática

12|07|20 11:53 hs.

Si nos detenemos un momento a analizar el periodismo que se ejerce desde las cadenas de noticias televisivas más vistas, seguramente descubriremos entre ellas un enfrentamiento de puntos de vista mecánicos, en modo River y Boca, y, hallaremos, más tapados, en los intersticios de las mismas, periodistas que intentan ejercer con honestidad su profesión. 


Como en la discusión política nacional, en el periodismo argentino, también existe una visión binaria de la realidad, en la que está ausente el matiz, la perspectiva más fina y elaborada de la realidad. Muchas veces, hay una apariencia de ring de box, en donde se pueden visitar los rincones de los contendientes con solo marcar un número distinto en el control remoto. También, aparecen con frecuencia editoriales y paneles autorreferenciales en donde los hechos y su comunicación clara pierden terreno frente a la subjetividad, lisa y llana. Y lo que es aún peor, periodistas hablando de periodistas.

Hay un símil en la tarea del periodismo con el trabajo de un juez, un detective privado o un historiador. Esas diversas profesiones tienen una metodología en común: todas buscan pruebas veraces para elaborar un relato que pueda aproximarse a la realidad de los hechos. Cuanto más evidencias y más variadas, mucho mejor, porque la narración será más cierta. Luego, claro, viene la interpretación, la ponderación, el sopesar qué hecho fue más determinante que otro en determinada circunstancia. Pero no es vano recordar que las interpretaciones son sólidas si se cimentan en la certeza de los sucesos. El 9 de Julio de 1816 existió, estuvieron tal y cual, ocurrió en Tucumán, en esa casa grabada en nuestros recuerdos por mil veces vista, habló primero uno y luego otro, se firmó un acta y primó una visión. Todo esto pasó innegablemente. Más tarde, como señalamos, viene la denominada hermenéutica, la interpretación, que buscará analizar los por qué, las razones, lo determinante, lo que pudo motivar a unos y otros a tomar determinada acción. Pero este aspecto solo será profesional, honesto intelectualmente, metodológicamente solvente, si se basa en sucesos probados. 

Es una metodología conceptual que mucho daño le hace a la formación de una opinión pública plural


El periodismo serio opera igual. Por esa razón su función es imprescindible para que exista una opinión pública que pueda nutrirse de interpretaciones diversas, pero fundadas en certidumbres de sucesos fehacientemente comprobados y no en falsedades, fundadas en la fuerza de un interés particular y por ello, sesgado. 

Estos comentarios son la consecuencia de observar cierta forma de ejercicio periodístico definible en la frase “medios a favor y en contra”, de este o de cualquier otro gobierno, que se lleva adelante en los medios más vistos. No solo los televisivos, también en sus correlatos de portales digitales. 

Como espectadores caemos a veces en la trampa de la división lisa y llana, potenciada por cadenas interminables de videos llenos de subjetividad, vía redes sociales y en donde se filtran las famosas fake news (noticias falsas). Así como también, nos rendimos fácilmente al consumo de una misma visión, abrevada por distintos medios, que potencian nuestras inclinaciones personales, la cancha dividida, las camisetas opuestas. 

La realidad es más compleja, más rica. La grieta, de la cual se habla en algunos medios, la mayoría de las veces, es una temática necesaria, construida a propósito, imprescindible para sostener a propios y enfrentar a ajenos. Pero no deja de ser una construcción peligrosa, alejada del pluralismo, de la defensa apasionada de ideas. Es una metodología conceptual que mucho daño le hace a la formación de una opinión pública plural. Es cierto que existen conflictos y puntos de vista ideológicamente contrapuestos. Pero no son dos, los que pelotean en el partido que se juega en la arena democrática. El torneo tiene muchos actores, con muchos estilos y técnicas de juego. Pero las reglas son las mismas: se participa lícitamente, porque el costo de no hacerlo es el descrédito social. 

Cuando el periodismo se suma, por las razones que fueren, a visiones dicotómicas, olvida su función, oculta su sentido natural, que es cuestionar al poder y descubrir la verdad detrás de la simulación. Entonces, cuando finalmente ocurre, contribuye a que la vida democrática pierda intensidad y caiga en la tentación de los discursos absolutistas.